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Pantalla grande

Seis estrenos este segundo jueves de septiembre

Mientras algunos tanques siguen en cartel, llegan el documental sobre Oasis y el personaje infantil "Tadeo el explorador", entre otras.

“Código: Venganza”, “Hechizo de amor: La magia continúa”, “Romeo y Ofelia”, “Oasis: Don’t Look Back in Anger”, “El heladero” y “Tadeo Jones y la lámpara maravillosa” son las nuevas películas que llegan a la ciudad. Aquí una selección de reseñas para elegir que ir a ver al cine. Porque el cine se ve en el cine.

“Código: Venganza”

El francés Jean-François Richet es uno de esos eficaces artesanos de la industria que trabaja en función del astro de turno al que le toca dirigir a ambos márgenes del Atlántico. Lo hizo con Mel Gibson en Sangre de mi sangre, con Gerard Butler en Alerta extrema y varias veces con Vincent Cassel en L’instinct de mort, L’ennemi public n°1 y El emperador de París. Ahora es el turno de Jason Statham y de a ratos logra que las sangrientas, brutales, despiadadas escenas de lucha cuerpo a cuerpo salven el film, pero eso no maquilla que el guion de JP Davis y Lindsay Michel es de una elementalidad pasmosa. Casi que todo lo que ocurre en los 90 minutos netos de relato es una mera excusa para que Statham, a sus 59 años, ofrezca su ya habitual festival de trompadas y patadas voladoras en medio de algunas espectaculares coreografías y otras bastante más convencionales.

Statham es Cole Reed, un ex agente londinense (hijo y nieto de policías) que ha dado algunos malos pasos en su carrera y ahora se desempeña como jefe de seguridad de un magnate tailandés que está a punto de vender su holding. De inmediato, su patrón es asesinado y él se convierte en uno de los principales sospechosos. Lo concreto es que Cole terminará a bordo de un inmenso buque en el que deberá sobrevivir como sea, mientras intenta limpiar su nombre. Como para darle algo de “pimienta” a una trama bastante desabrida, se incluyen ciertos elementos laterales ligados a conspiraciones corporativas, corrupción policial y tráfico de personas (el carguero está lleno de inmigrantes ilegales), y un personaje femenino muy atractivo (en su look, ya que está totalmente subdesarrollado) como la Angie Ellis de Annabelle Wallis, tercera oficial del barco.

Hay algo de piloto automático, de fórmula que nadie pretende ya no subvertir sino ni siquiera actualizar demasiado en Código: Venganza, algo parecido a lo que ocurre con muchas de las películas recientes del mencionado Butler o Liam Neeson (Keanu Reeves y Bob Odenkirk sí pudieron superar la media con las sagas de John Wick y Nadie, respectivamente). Jason Statham, quien además es productor de sus proyectos, va a lo simple, a lo seguro, con su papel de guerrero duro e implacable, aunque ya empiezan a sonar algunas alarmas: la película de Richet costó 40 millones de dólares (sin contar gastos de lanzamiento) y lleva recaudados menos de 27 millones. Es cierto que los films de Statham luego funcionan muy bien en el segmento del streaming hogareño, pero también que el público percibe evidentes señales de agotamiento de estos ejercicios de reciclaje. Ya es hora de darle un refresh y un upgrade a estos thrillers de supervivencia y venganza.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Las Tipas, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

“Hechizo de amor: La magia continúa”

Hace casi 30 años tanto Hollywood y la sociedad a la que que intenta reflejar y agradar para obtener sus beneficios, eran otros. Por eso Hechizo de amor (1998), con Sandra Bullock y Nicole Kidman, y su núcleo troncal centrado en la hermandad entre mujeres, y en los vínculos femeninos antes que en las relaciones románticas con hombres, fue lo que la hizo, quizá, diferente.

Y nadie hablaba por entonces de empoderamiento femenino.

Ahora en Hechizo de amor: La magia continúa Sandra Bullock y Nicole Kidman repiten sus personajes, las hermanas Sally y Gillian Owens, que padecían la maldición generacional que corría en la familia, por la que se condenaba a la muerte a cualquier hombre que se enamorara de ellas o de cualquiera de su parentela. Gillian era la hermana menor, y rebelde.

Ahora nos enteramos que, tras dos matrimonios que terminaron obviamente mal, con los maridos muertos, Sally tuvo dos hijas y les lanzó un hechizo para que Kylie (Joey King) y Antonia (Maisie Williams) olviden que forman parte de una familia de brujas.

Los problemas comienzan a surgir cuando Gideon (Xolo Maridueña), el novio de Kylie, queda en coma luego de que la joven confiese su amor, así que Gillian obliga a su hermana a que les cuente la verdad sobre las mujeres Owens. Se desata el primer conflicto entre una hija naturalmente enamorada y una madre que solo quería protegerla.

La película tiene una larga serie de conflictos que nos vamos a ahorrar de contar, pero que a la larga son los que ralentizan el ritmo, por más que lleve a las protagonistas desde su casa de madera en Massachusetts a Inglaterra.

Antes, comedia romántica y negra; ahora, magia

Si algo era destacable en la producción original, dirigida por Griffin Dune, era precisamente la conjunción de comedia romántica y magia, todo convenientemente bastante liviano y narrado con bríos. Ahora la historia que sigue la dirige la danesa Susanne Bier, a la que llamaron Bullock y Kidman, que son coproductoras de la secuela y a quienes Bier dirigió por separado en Bird Box: A ciegas y las series The Undoing y The Perfect Couple, respectivamente.

Pero el realismo mágico entremezclado con la comedia negra -otra de las características del filme original, que recordemos se convirtió de culto con el correr de los años- pasó a ser amablemente corrido del eje para que el centro lo ocupe la brujería en sí misma.

Mientras Nicole Kidman parece más cómoda con su papel y menos acomplejada que Sandra Bullock, que por el peso específico de la historia es la que lleva más sobre sus espaldas la película, otras que vuelven son la tía Jet (Dianne Wiest) y hasta la más excéntrica tía Fan (Stockard Channing).

Y en tanto metraje no hay mucho tiempo que Joey King (Tren bala) y Maisie Williams (Game of Thrones) pasen juntas. Lo que es una lástima: allí está el potencial de las jóvenes Owens.

PABLO SCHOLZ. Clarín.

En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

“Romeo y Ofelia”

“Hay un poco de Romeo y Julieta, otro de Hamlet y mucho de la tragedia de la obra de Shakespeare”, avisa a cámara uno de personajes durante los compases iniciales de Romeo y Ofelia, la nueva película del realizador rosarino Gustavo Postiglione. Es justamente en esa ciudad santafecina donde transcurre esta historia centrada en dos familias enfrentadas por la disputa del terreno para la venta de drogas, cuyos hijos, claro, quedarán prendados en un amor tan poderoso como destinado a terminar mal.

Postiglione toma personajes, conflictos y situaciones reconocibles de distintas tragedias shakesperianas para llevarlos a un universo donde las disputas territoriales, las barrabravas, el narcotráfico y la política reemplazan a los palacios y sus intrigas.

Pero la Rosario que aparece en pantalla es, antes que nada, una construcción. El director de El asadito, El cumple y Días de mayo la levanta dentro de un estudio utilizando escenografías que reproducen calles, bares y otros espacios de la ciudad, como si se tratara de una versión deliberadamente falsa y atemporal de la geografía rosarina.

El artificio, lejos de pasar inadvertido, forma parte del juego y termina acercando la película tanto al teatro como al cine, una idea reforzada por el hecho de que todo parece transcurrir en un único plano secuencia de alrededor de dos horas, sin cortes visibles, siguiendo a los personajes mientras entran y salen de los distintos espacios del relato. La cámara se desplaza entre interiores y exteriores, cruza de una situación a otra y acompaña las idas y vueltas de una historia que, como las tragedias en las que se inspira, avanzará inexorablemente hacia el desastre.

Desastre, justamente, es la muerte de El Rey, asesinado durante un partido de fútbol entre los clásicos rivales de la ciudad y conocido por mantener lazos muy cercanos con todo lo que huela a ilegal. Una actividad que le ha valido unos cuantos enemigos, incluida La Polaca. Mientras el hermano de El Rey intenta meter la cuchara lanzándose a una aventura política y abrazando el discurso de mano dura, Romeo (Manuel Melgar), hijo de El Rey y deseoso de vivir como actor, y Ofelia (Camila Viale), la hermana bailarina de La Polaca, se conocen casi de casualidad y se enamorarán perdidamente el uno del otro. Un problemón, dado que la débil tregua establecida entre las bandas podría quebrarse en cualquier momento.

Basta con haber leído media página de Shakespeare para suponer que así ocurrirá. La película trabaja con varios de los grandes temas del dramaturgo (la familia, la lealtad, el amor, la traición) aunque sin convertirlos en discursos ni subrayarlos mediante diálogos explicativos. Quizás por eso el traslado de la tragedia a la Argentina hace que los conflictos de poder adquieran una dimensión reconocible y cercana, ya que la violencia de las bandas, la política de mano dura y los negocios clandestinos forman parte del ecosistema. Es un mundo donde las donde las tragedias clásicas pueden volver a ocurrir con camisetas de fútbol, punteros políticos y negocios turbios.

EZEQUIEL BOETTI. Página 12.

“Oasis: Don’t Look Back in Anger”

“Cuando Oasis se separó todo se fue a la mierda. La gente, ahora más que nunca, quiere un escape”, dice Liam Gallagher hacia el comienzo del documental Oasis: Don’t Look Back in Anger, un repaso por la gira mundial que marcó el retorno de la banda de Manchester. Mientras con su elocuencia habitual el más joven de los “hermanos Macana” hace esa afirmación, se suceden imágenes en pantalla de Vladimir Putin, Donald Trump, el exprimer ministro británico Keir Starmer y Elon Musk blandiendo una motosierra junto al presidente Milei. El público necesita a Oasis, afirma la película creada por Steven Knight, la mente maestra detrás de Peaky Blinders, otro hito cultural de origen mancuriano. Y durante sus casi dos horas de duración el film apoya esa premisa, con algunos aciertos y unos cuantos pasos en falso.

Primero conviene aclarar: los fanáticos de la banda quedarán encantados por cada una de las escenas de la película que se pone en marcha con un montaje de los momentos que llevaron a la separación del grupo, incluido el material de archivo de la famosa presentación de 2009 en París que selló el final del grupo. Lo que sigue amplía el espectro y seguramente fascinará tanto a los seguidores de Oasis como a los espectadores en general: se trata de un retrato intimista de los primeros ensayos en 2025, la presencia de Noel al frente y las apariciones silenciosas y “profesionales” de Liam.

Gracias al trabajo de los editores George Cragg y Martina Zamolo esas secuencias crean un suspenso y anticipación que el resto del film no logra y ni siquiera busca conseguir. Si esa apertura ilusiona con un retrato por fuera de la biografía autorizada, el resto de la película se inclina demasiado por ese mecanismo con tal de transmitir un mensaje de unidad, de celebración y de nostalgia de la buena. Porque los Gallagher que retrata Don’t Look Back in Anger son una versión pasteurizada de los rockeros de clase baja que el guion insiste que son. O que fueron. Como si al desprenderse de los impulsos autodestructivos de antaño el dúo hubiese devenido en figuras más sentimentales que viscerales, viejos leones que no perdieron el pelo pero sí las mañas. Sí, su naturaleza combativa, sus ocurrencias antisistema y cierta incorrección política se cuelan entre pasajes de emoción genuina pero en la acumulación de las historias lacrimógenas de sus fans en todo el mundo, algo se pierde en el camino.

Las esporádicas apariciones de sus comentarios en off, ácidos como si fuera 1998, no compensan la falta de autenticidad del resto del tiempo. Los testimonios de los fans de Gales, Manchester, Brasil, Corea del Sur y Argentina, entre otros, refieren a su vínculo con Oasis pero no se diferencian demasiado de los que podrían aportar los seguidores de cualquier otra banda de popularidad global si se reemplazaran los sombreros Piluso, las remeras de Fred Perry o las parkas de Adidas por cualquier otro “uniforme de batalla”.

De todos modos, la marca de su origen aparece en escenas bien logradas como esa en la que se muestra la reunión de los responsables de seguridad del estadio antes del primer show en Cardiff, con el jefe de la policía advirtiendo a sus subordinados que estén preparados para un público con una “mentalidad de rebaño, similar a la del fútbol”. O aquellas secuencias en las que Noel primero confiesa ser incapaz de perdonar y luego, hacia el final de la película, sentado junto a Liam admite -sin detalles-, sus propios errores y celebra que la banda haya tenido la rara oportunidad de cambiar su narrativa del caos del pasado a un presente que suena bastante parecido a la redención.

Natalia Trzenko. La Nación.

En Cinemark y Cinépolis.

“El heladero”

La nueva película de Eli Roth podría describirse, muy a grandes rasgos, como una cruza del clásico de Narciso Ibáñez Serrador ¿Quién puede matar a un niño? y una película de zombis del montón. Viniendo de quien viene, además, cualquier atisbo de sutileza es reemplazado de inmediato por el gore más sanguinario, en la línea seminal del pionero en esas lides Herschell Gordon Lewis.

La trama es sencilla y su trasfondo es uno de esos barrios suburbanos de cercas blancas, prolijos jardincitos y tranquilidad social, marco ideal para que estallen los problemas, que en este caso tienen su origen en el dueño de una heladería móvil. Es más que evidente, ya desde el primer paseo por las coquetas calles, que la camioneta musical no es otra cosa que un remedo moderno de El flautista de Hamelin, y que los chicos serán las principales víctimas de ese monstruo de aspecto inofensivo.

O no tanto, porque lo que se revela muy rápidamente, luego de que los niños y niñas del barrio consumen los deliciosos gustos helados y se conectan mentalmente con una tira de animación online, es que en realidad serán los instrumentos menos imaginables de los horrores por venir. En otras palabas: bajo una suerte de trance irreversible los más pequeños comienzan a despanzurrar a los papis y mamis, primero, y a sus docentes después, de las formas más horripilantes que puedan imaginarse.

En este film de terror que es también una comedia negra, Roth –quien se reserva un papel secundario como el padre de uno de los pequeños héroes– se pone al hombro los viejos y queridos “efectos prácticos”, sin ayuda digital alguna, para poner en pantalla desmembramientos varios, penetraciones craneanas y oculares y toda clase de violentas e imaginativas muertes a manos de los verdugos de escasa estatura. La gran excepción son algunos chicos que, ya sea por ser intolerantes a la lactosa o por padecer de bulimia, no cayeron bajo el embrujo del maldito heladero y sus cremas heladas.

Hay algo simpático y, forzando un poco la máquina, incluso subversivo en el hecho de tener un patio de juegos escolar transformado en una verdadera carnicería, con las tripas de un profesor haciendo las veces de cuerda para saltar o la cabeza de otro como tope de un subibaja. Pero a medida que El heladero avanza hacia el tercer acto y abandona en parte el grand guignol para narrar la prehistoria de los hechos, el origen del mal, la historia mete las patas en las arenas movedizas de la ridiculez, que ni la ironía autoimpuesta logra rescatar a tiempo.

Mientras la imaginación sigue puesta al servicio de la chanchada gore la última película del director de Hostel y The Green Inferno logra divertir, aunque en un grado un tanto básico e infantil.

DIEGO BRODERSEN. Página 12.

En Las Tipas, Cinépolis y Monumental.

“Tadeo Jones y la lámpara maravillosa”

Tadeo y Sara disfrutan ahora de la vida como padres de Olimpia (Oli), una niña de dos años llena de curiosidad y energía. Mientras tanto, Momia no acepta bien dejar de ser el centro de atención. Durante unas vacaciones en Londres, Sara sigue la pista de un tesoro único: la lámpara mágica de Las mil y una noches. Por su parte, Momia, movido por los celos, formula un deseo que lo transporta al pasado, cuando era joven y todos lo adoraban.Tadeo y Sara deberán unir esfuerzos para impedir que Momia altere la historia y lograr que todo el grupo -incluyendo a Jeff, Belzoni y Ramona- regrese sano y salvo a su época. Esta nueva misión los llevará a atravesar el Atlántico, desde la legendaria ciudad perdida de Paititi hasta Grecia, y de ahí hasta el corazón de Oriente Medio, explorando la famosa cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones.

En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

“Tadeo Jones y la lámpara maravillosa”

Tadeo y Sara disfrutan ahora de la vida como padres de Olimpia (Oli), una niña de dos años llena de curiosidad y energía. Mientras tanto, Momia no acepta bien dejar de ser el centro de atención. Durante unas vacaciones en Londres, Sara sigue la pista de un tesoro único: la lámpara mágica de Las mil y una noches. Por su parte, Momia, movido por los celos, formula un deseo que lo transporta al pasado, cuando era joven y todos lo adoraban.Tadeo y Sara deberán unir esfuerzos para impedir que Momia altere la historia y lograr que todo el grupo -incluyendo a Jeff, Belzoni y Ramona- regrese sano y salvo a su época. Esta nueva misión los llevará a atravesar el Atlántico, desde la legendaria ciudad perdida de Paititi hasta Grecia, y de ahí hasta el corazón de Oriente Medio, explorando la famosa cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones.

En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

Fuente: Otros Cines, Clarín, Página 12, La Nación.

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