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El legado

Invencible: Santa Fe ganó algo más que los Juegos Suramericanos

Durante dos semanas, más de 4.000 atletas, miles de espectadores, escuelas, artistas y una provincia entera supo construir una fiesta que puede dejar algo mucho más importante que un medallero.

Postales de lo que fue la ceremonia de apertura de los Juegos.

Hay una palabra que, con el paso de los días, empezó a adquirir otro significado: Invencible.

Invencible Rosario. Invencible Santa Fe. Invencible Rafaela.

El nombre elegido para identificar los escenarios de los Juegos Suramericanos terminó siendo, casi sin querer, una buena manera de definir lo que ocurrió durante estas dos semanas.

Porque la primera impresión después de recorrer escenarios, observar tribunas llenas, caminar por los Fan Fest, escuchar a los deportistas y ver a miles de chicos acercarse a disciplinas que probablemente nunca habían visto en vivo es sencilla: Santa Fe venció.

No se trata de quién ganó más medallas. Tampoco de cuál de las 15 delegaciones terminó arriba en el medallero. La pregunta es otra: ¿qué consiguió Santa Fe al organizar durante dos semanas uno de los acontecimientos deportivos más importantes de su historia?

La respuesta empieza a aparecer en las calles.

Más de 4.000 atletas de 15 países llegaron a Rosario, Santa Fe y Rafaela para competir en 43 deportes y 60 disciplinas. Pero detrás de cada competencia hubo algo más difícil de medir: una provincia que se encontró alrededor de un acontecimiento común.

Y eso, en la Argentina de 2026, no es un dato menor.

El Monumento testigo de la ceremonia de apertura. Fotos: Farid Dumat Kelzi

La fiesta empezó mucho antes del 12 de septiembre

La ceremonia inaugural en el Monumento Nacional a la Bandera fue, quizás, la postal más potente. Una multitud frente al Paraná, delegaciones de todo el continente sudamericano, música, tecnología, artistas y una ciudad convertida durante algunas horas en escenario internacional.

La apertura fue el momento épico. La imagen que quedó.

Pero sería injusto pensar que los Juegos comenzaron aquella noche.

La verdadera ceremonia inaugural ocurrió tres años antes.

El 25 de marzo de 2023, durante la XXXV Asamblea General Ordinaria de ODESUR realizada en Buenos Aires, Santa Fe fue elegida por unanimidad como sede de los XIII Juegos Suramericanos. Allí comenzó un proceso que atravesó una gestión provincial, un cambio de signo político y una pandemia que todavía formaba parte del pasado reciente.

Lo que vimos estas semanas fue el resultado de aquella decisión.

La provincia ya tenía experiencia: había organizado los Juegos Suramericanos de 1982, los Juegos Suramericanos de Playa de 2019 y los Juegos Suramericanos de la Juventud de 2022. Esa acumulación de conocimiento fue, justamente, una de las bases sobre las que se construyó la candidatura.

Y ahí aparece una primera conclusión: las políticas deportivas de largo plazo pueden sobrevivir a los calendarios electorales cuando existe una decisión de sostenerlas.

JJSS 2026
Jornada a jornada el número de QR emitidos se superaraba, lo que demostró el interes del público. Foto: Farid Dumat Kelzi

Una provincia que se encontró

Los Juegos no quedaron encerrados dentro de los estadios.

Las imágenes más fuertes también estuvieron afuera.

Cientos de miles de personas pasaron por los distintos Fan Fest de Rosario, Santa Fe y Rafaela. Familias, estudiantes, turistas, vecinos y visitantes compartieron espacios públicos alrededor de la competencia.

El deporte consiguió algo que pocas veces logra una política pública: sacar a la gente de su rutina y llevarla a un lugar común.

Más de 200.000 alumnos de escuelas de toda la provincia participaron de las actividades vinculadas a los Juegos. Muchos tuvieron la posibilidad de conocer disciplinas que probablemente nunca habían visto en vivo.

Ese dato puede ser mucho más importante que cualquier estadística de espectadores.

Porque quizás el verdadero legado de una competencia multideportiva no sea solamente el atleta que gana una medalla, sino el chico que descubre un deporte y decide practicarlo.

Los Juegos también fueron cultura

Más del 80% de la programación artística estuvo protagonizada por artistas locales, lo que convirtió al acontecimiento deportivo en una vidriera para mostrar otra parte de la identidad santafesina.

Deporte, música, turismo, gastronomía y espacio público terminaron formando parte de una misma escena.

Maximiliano Pullaro junto a sus pares de Córdoba, Chubut y Corrientes.

Una foto política diferente

Quizás una de las imágenes más interesantes no estuvo dentro de un estadio.

Estuvo en las tribunas, en las inauguraciones y en los espacios institucionales.

Omar Perotti, gobernador cuando Santa Fe presentó y consiguió la sede, acompañó actividades junto al actual mandatario Maximiliano Pullaro. Son dirigentes de espacios políticos diferentes, con historias y miradas distintas, pero durante estas semanas aparecieron vinculados por una misma bandera.

No es un dato menor.

En una Argentina acostumbrada a discutir casi todo en clave de grieta, los Juegos mostraron que también puede existir una agenda capaz de atravesar administraciones.

El deporte hizo de puente.

Pullaro, además, recibió durante los Juegos a otros gobernadores, como Juan Pablo Valdés, Ignacio Torres y Martín Llaryora.

La presencia de mandatarios de distintas provincias deja una pregunta abierta: ¿pueden estos Juegos convertirse en el punto de partida de una conversación federal que vaya más allá del deporte?

Es una de las cuestiones que quedarán cuando se apague la antorcha.

Nación, provincia y una deuda pendiente

También hubo una discusión política inevitable alrededor de la participación del Gobierno nacional.

Durante buena parte del proceso, su presencia no tuvo el mismo nivel de protagonismo que el de la provincia. Sin embargo, sobre el final hubo gestos de articulación y reconocimiento mutuo entre Nación y Santa Fe alrededor de la organización.

El propio Perotti, durante estos días, volvió sobre las dificultades que había encontrado durante su gestión para conseguir acompañamiento nacional para algunas de las gestiones vinculadas al proyecto.

Pero eso también forma parte del pasado.

La pregunta importante es otra: qué capacidad tendrá la Argentina para transformar este tipo de acontecimientos en políticas que sobrevivan a los gobiernos de turno.

Porque los Juegos demostraron que cuando existe coordinación entre distintos niveles del Estado, una provincia puede asumir desafíos que parecen enormes.

Infraestructura y construcción de deportistas van de la mano. Foto: Farid Dumat Kelzi

Cuando el deporte dejó de ser solamente deporte

Hay otro dato que explica por qué estos Juegos excedieron la competencia.

Los atletas.

Los Juegos fueron también una enorme vidriera para conocer sus vidas, sus sacrificios y las dificultades que atraviesan para entrenar y competir al máximo nivel.

Falta de recursos, becas que muchas veces resultan insuficientes, dificultades para viajar, conseguir equipamiento o sostener una preparación profesional: todo eso forma parte de la realidad del deporte argentino.

Y durante estos Juegos hubo espacio para que los propios protagonistas lo expresaran.

Porque detrás de las luces, las medallas y las tribunas llenas hay deportistas que muchas veces necesitan mucho más que talento para llegar.

Quizás ese sea otro de los legados que deberían quedar: que después de haber construido escenarios de primer nivel también haya recursos para llenarlos de deportistas santafesinos.

Construir una pileta olímpica es una decisión de infraestructura.

Construir un nadador olímpico requiere años.

La ex leona Lucha Aymar presente en los Juegos.

El respaldo de quienes ya hicieron historia

Y hubo otro acompañamiento que atravesó estos Juegos, quizás menos visible en las tribunas pero enorme desde lo simbólico: el de los grandes atletas que nacieron en Santa Fe y que ya llevaron el nombre de la provincia al máximo nivel internacional.

La presencia y el acompañamiento de figuras como Luciana Aymar, Lionel Messi y Ángel Di María conectaron a esta nueva generación de deportistas con una historia que empezó mucho antes de Santa Fe 2026.

Tres nombres que representan recorridos diferentes, pero que comparten algo: haber convertido su origen santafesino en una marca reconocida en el mundo del deporte.

Aymar, una de las grandes referentes de la historia del hockey internacional; Messi, una figura central de la historia del fútbol mundial; y Di María, campeón del mundo y protagonista de algunas de las páginas más importantes de la Selección argentina, funcionan como referencias para quienes hoy empiezan a construir su propio camino.

Ese vínculo entre los que llegaron y los que todavía están llegando también forma parte del legado.

Porque detrás de cada atleta que compitió en Rosario, Santa Fe o Rafaela hay una historia que recién comienza.

Y si algo consiguieron estos Juegos fue poner a esos deportistas frente a una multitud, en escenarios de primer nivel y bajo la mirada de quienes alguna vez estuvieron en ese mismo lugar: soñando con representar a su provincia, a su país y llegar lo más lejos posible.

Santa Fe no solamente recibió a los mejores jóvenes deportistas de Sudamérica.

También les mostró que desde estas tierras se puede llegar al mundo.

Invencible Arena
El Invencible Arena es uno de los escenarios que queda como legado de estos Juegos. Foto: Farid Dumat Kelzi

La infraestructura: el desafío de que no quede en una foto

Hay una tentación natural de medir los Juegos por lo que ocurrió entre el 12 y el 26 de septiembre.

Pero el verdadero examen empieza el 27.

¿Qué pasará con los escenarios? ¿Cuántos chicos podrán utilizarlos? ¿Qué competencias internacionales podrán llegar? ¿Cuántos deportistas podrán entrenar allí? ¿Cómo se sostendrá el mantenimiento?

La infraestructura construida y renovada para Santa Fe 2026 es uno de los grandes activos que deja el evento.

La provincia incorporó tecnología, renovó espacios y puso en condiciones escenarios que ahora tienen la posibilidad de convertirse en infraestructura permanente para el deporte santafesino.

Ese es uno de los puntos que pueden transformar a estos Juegos en algo más que una fiesta.

Porque un estadio lleno durante dos semanas es una postal.

Un estadio lleno durante los próximos diez años es una política deportiva.

Capi un protagonista que se consagró en estos Juegos. Foto: Farid Dumat Kelzi

Y apareció Capi

En medio de todo esto hubo un protagonista que no necesitó discursos, cargos ni medallas.

Capi.

La mascota de Santa Fe 2026 consiguió algo que muchas campañas institucionales persiguen durante años: convertirse en un personaje reconocible.

Apareció en los escenarios, en los Fan Fest, en las fotos, en los videos y entre los chicos.

Y después apareció otro fenómeno: conseguir un Capi para llevarse de recuerdo se convirtió casi en una competencia paralela.

También eso es un Juego.

La capacidad de generar una identidad que quede asociada al acontecimiento.

Rosario 2029: el futuro ya tiene fecha

Y acá aparece una señal concreta de continuidad.

Rosario será sede de los Juegos Panamericanos Junior 2029, una competencia destinada a atletas menores de 23 años y organizada por Panam Sports.

La elección de Rosario no parte de cero. La ciudad ya tiene experiencia en grandes eventos deportivos y ahora podrá aprovechar parte de la infraestructura, el equipamiento y el conocimiento adquirido durante Santa Fe 2026.

La propuesta contempla además un Parque Único Panamericano, con la intención de concentrar allí gran parte de las competencias, y una Villa Panamericana que proyecta más de 4.000 camas.

Eso significa que los Juegos que todavía no terminaron ya dejaron abierta una puerta hacia otros Juegos.

Santa Fe 2026 puede ser, entonces, el primer capítulo de un ciclo deportivo mucho más largo.

JJSS 2026
Rosario llega perfilada para ser sede de los Juegos Panamericanos Junior 2029. Foto: Farid Dumat Kelzi

Invencible es lo que queda

Quizás ahí esté la verdadera dimensión de estos Juegos.

Invencible no es solamente lo que Santa Fe mostró durante estas dos semanas. Invencible es lo que puede quedar después de ellas.

Porque un evento deportivo tiene un comienzo y un final. Los Juegos empezaron el 12 de septiembre y terminarán este sábado 26. Pero el legado no tiene por qué respetar ese calendario.

Puede quedar en un escenario deportivo que seguirá funcionando. En un chico que descubrió una disciplina. En un club que tendrá nuevas herramientas. En un entrenador que encontró un talento. En un atleta que, después de competir ante miles de personas, entendió que también puede soñar con llegar más lejos.

Y puede quedar, sobre todo, en una idea: que Santa Fe puede ser tierra de grandes deportistas y también puede construir las condiciones para que los próximos aparezcan.

Ahí vuelve a cobrar sentido el acompañamiento de quienes ya hicieron historia.

Luciana Aymar, Lionel Messi y Ángel Di María no llegaron a lo más alto por haber nacido en Santa Fe, pero sí representan algo que estos Juegos pusieron nuevamente frente a los ojos de una nueva generación: desde esta provincia se puede llegar al mundo.

Los que hoy compitieron en Rosario, Santa Fe y Rafaela son los que están escribiendo el próximo capítulo. Los que ya llegaron son parte de la historia que los inspira.

Y entre unos y otros aparece el verdadero legado.

Porque quizás dentro de diez, quince o veinte años, alguno de los chicos que hoy vio una competencia con su escuela, que se sacó una foto con Capi, que descubrió un deporte que desconocía o que simplemente quedó maravillado con un estadio lleno, esté ocupando el lugar de los atletas que hoy admira.

Ese es el desafío que queda cuando se apagan las luces.

Que Invencible no sea solamente el nombre de los escenarios que dejó Santa Fe 2026, sino una condición que la provincia consiga construir alrededor del deporte.

Una provincia invencible no es la que gana todas las competencias.

Es la que no deja de generar oportunidades para competir, crecer, entrenar, soñar y llegar.

Por eso, el verdadero resultado de estos Juegos no estará en el medallero que se cierre este sábado.

Estará en lo que suceda después.

En las canchas que sigan llenas. En las piletas que sigan formando nadadores. En las pistas que sigan preparando atletas. En los clubes que puedan aprovechar la infraestructura. En las escuelas que sigan acercando chicos al deporte. En los eventos que vuelvan a elegir a Santa Fe.

Y también en Rosario 2029, cuando los Juegos Panamericanos Junior permitan poner a prueba cuánto de esta experiencia pudo convertirse en capacidad permanente.

Los Juegos Suramericanos pueden terminar el 26 de septiembre. Invencible no debería terminar ese día.

Porque si todo lo construido durante estas dos semanas logra transformarse en una política sostenida, en oportunidades para nuevas generaciones y en una plataforma para que otros santafesinos lleguen tan lejos como Aymar, Messi o Di María, entonces el mayor triunfo de Santa Fe no habrá sido organizar los Juegos.

Habrá sido convertirlos en futuro.

Y quizás esa sea la definición más precisa de Invencible:

no el que nunca pierde, sino el que siempre encuentra una razón para seguir avanzando.

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