
El presidente Javier Milei criticó duramente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en la Asamblea General del organismo multilateral en Nueva York, por su falta de acción en el conflicto por la soberanía de las Islas Malvinas y le reclamó a Gran Bretaña reanudar negociaciones. El mandatario acusó al organismo internacional de “mirar para otro lado” y ratificó que su gobierno eligió ejercer “una defensa pacífica, práctica y efectiva” de la soberanía argentina de las islas.
El Presidente planteó: “Malvinas es para nosotros una causa nacional. Y es también una prueba de la distancia que puede existir entre las palabras de las instituciones internacionales y la realidad sobre la que pretenden actuar. La ONU se comprometió a hacer respetar el derecho internacional, a defender la soberanía de las naciones y ofrecer un foro donde los conflictos se resolvieran por la cooperación en vez de resolverse instantáneamente por las armas. Se propuso defender la soberanía territorial de sus miembros, pero decidió mirar para otro lado respecto a la situación de las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y espacios marítimos circundantes”.
El presidente Javier Milei recordó en la ONU que “hace 50 años esta misma Asamblea aprobó la resolución 3149, que insta a las partes a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras la disputa (por las islas Malvinas) permaneciera abierta. 50 años después, la situación no ha cambiado, pero las modificaciones unilaterales continúan. Hoy, el proyecto Sea Lion avanza en la extracción de petróleo en la plataforma continental argentina correspondiente a la cuenca Malvinas Norte mediante licencias británicas que Argentina rechaza por ilegales e ilegítimas”, denunció el mandatario.
Tras el reclamo por las Islas Malvinas, Javier Milei centró su intervención en una crítica al funcionamiento político y burocrático de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El presidente sostuvo que el organismo muestra incapacidad para actuar frente a dictaduras y grupos terroristas, mientras extiende sus regulaciones sobre los Estados que, según planteó, respetan las normas internacionales.
El mandatario describió ese funcionamiento como una combinación de “anarquía y tiranía”. Con esa definición, cuestionó la falta de respuestas ante gobiernos autoritarios y organizaciones violentas, a la vez que objetó las políticas y exigencias que la ONU promueve entre las democracias liberales.
Milei señaló como ejemplos la Agenda del Milenio, la Agenda 2030, las regulaciones económicas, las políticas de género, el ambientalismo y la inmigración. Consideró que esas iniciativas restringen la capacidad de decisión de los países y anticipó que la Agenda 2045 tendrá el mismo resultado que los programas que criticó.
“El problema es que, cada vez que fracasaron, en lugar de revisar el modelo o pedir disculpas, redoblaron la apuesta”, afirmó. Para el jefe de Estado, la organización desarrolló una estructura orientada a definir cómo deben vivir las sociedades, más allá de las atribuciones que le asignaron sus miembros.
Defensa de la IA
En una pasaje de su discurso el presidente se pronunció a favor del avance de la inteligencia artificial. “Donde muchos ven una amenaza, nosotros vemos una frontera. La IA será la fábrica de alfileres del siglo XXI. Exige prudencia, pero no miedo ni obediencia. La respuesta está en Adam Smith. Tiene que ser un atajo a la productividad. Producir más tiene por objeto más nivel de consumo”, señaló, y tomó distancia de que los estados controlen la IA. “La Argentina será vanguardista y habrá libertad”, dijo.
El presidente Javier Milei planteó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que la Argentina buscará posicionarse como un polo para el desarrollo de la inteligencia artificial, con beneficios fiscales, un marco jurídico específico y la decisión de evitar regulaciones preventivas sobre la actividad.
El mandatario incluyó a la IA entre los ejes de su exposición sobre el lugar que pretende ocupar el país en un escenario internacional de transformaciones tecnológicas y geopolíticas. También vinculó esa estrategia con la disponibilidad de energía, minerales críticos, alimentos y talento humano.
“El desarrollo de la inteligencia artificial puede multiplicar nuestra productividad en órdenes de magnitud que todavía no comprendemos”, afirmó el Presidente. Según planteó, sus efectos pueden alcanzar a la economía, la medicina, la educación y la administración pública.
El jefe de Estado rechazó las advertencias sobre un futuro dominado por escenarios distópicos y sostuvo que el crecimiento de la productividad encontrará límites en la demanda, el financiamiento disponible y la valoración que las personas asignan al tiempo libre. En ese sentido, consideró que no sería necesario recurrir a déficits fiscales o a emisión monetaria para sostener esa expansión.
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