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Memoria política

Néstor Kirchner: del sur a la Presidencia, una década que marcó al país

A 16 años de su muerte, el recuerdo de aquellos años está atravesado por la crisis de 2001, el regreso del empleo y la esperanza de miles de familias argentinas.

Néstor Kirchner presidente de la Nación 2003-2007.

En 2003 yo tenía 16 años. No entendía demasiado de economía, de deuda externa ni de las disputas del poder. Pero recuerdo el país que veníamos de atravesar. Y, sobre todo, recuerdo lo que significaba para una familia argentina intentar salir adelante después de la crisis.

La Argentina de finales de los 90 y de diciembre de 2001 era un país golpeado por el desempleo, la incertidumbre y la desesperanza. La renuncia de Fernando de la Rúa, las protestas en las calles y la sucesión de cinco presidentes en pocos días quedaron grabadas en la memoria colectiva. La política parecía incapaz de ofrecer una salida y, para miles de hogares, llegar a fin de mes se había convertido en una batalla cotidiana.

La Argentina de finales de los 90 y de diciembre de 2001 era un país golpeado por el desempleo, la incertidumbre y la desesperanza.

En ese escenario, el 25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner asumió la Presidencia de la Nación. Llegaba desde Santa Cruz, con apenas el 22,24% de los votos de la primera vuelta y en un país que todavía intentaba reconstruirse después de una de las crisis más profundas de su historia reciente.

Yo tenía 16 años. Hoy, al mirar hacia atrás, hay algo de aquella etapa que no puedo separar de la historia de mi propia familia.

Mi madre y los 150 pesos que marcaron una época

Cuando pienso en aquellos años, pienso en mi mamá. Pienso en un plan Jefes y Jefas de Hogar de 150 pesos mensuales y en lo que esa cifra representaba para una familia que necesitaba sostenerse mientras el trabajo no aparecía.

No era una cifra capaz de resolverlo todo. Era una ayuda para atravesar una situación difícil, en un país donde millones de personas habían quedado afuera del empleo formal. Detrás de aquel ingreso había incertidumbre, esfuerzo y una pregunta que muchas familias se hacían todos los días: ¿cuándo vamos a poder volver a vivir de nuestro trabajo?

Cuando pienso en aquellos años, pienso en mi mamá. Pienso en un plan Jefes y Jefas de Hogar de 150 pesos mensuales y en lo que esa cifra representaba para una familia que necesitaba sostenerse mientras el trabajo no aparecía.

Por eso, cuando recuerdo la recuperación económica que comenzó a consolidarse durante aquellos años, no pienso solamente en los números de la actividad o en las estadísticas del empleo. Pienso en la posibilidad de dejar atrás la asistencia y volver a imaginar un trabajo registrado, un sueldo a fin de mes, una obra social y aportes jubilatorios.

Pienso en la tranquilidad que significa saber que el mes siguiente puede ser un poco mejor que el anterior.

Para quienes crecimos viendo de cerca las dificultades de nuestras familias, esa transformación no era una discusión abstracta. Era algo que podía sentirse en casa. Era la diferencia entre sobrevivir a una crisis y empezar, de a poco, a proyectar un futuro.

Cuando el trabajo volvió a ser una posibilidad

La recuperación de aquellos años no ocurrió por una sola decisión ni puede explicarse únicamente por la voluntad de un presidente. El contexto económico regional, el crecimiento de las exportaciones, la capacidad productiva que conservaba el país y las políticas del Gobierno formaron parte de un proceso complejo.

Pero el resultado social de esa recuperación también merece ser contado.

El empleo volvió a ocupar un lugar central en la vida de muchas familias. La producción recuperó dinamismo, el consumo comenzó a moverse y numerosas pequeñas y medianas empresas encontraron mejores condiciones para sostener sus actividades.

La producción recuperó dinamismo, el consumo comenzó a moverse y numerosas pequeñas y medianas empresas encontraron mejores condiciones para sostener sus actividades.

También estaban quienes venían de años de endeudamiento. Productores que temían perder sus campos, comerciantes que luchaban por mantener abiertos sus negocios y pequeños empresarios que necesitaban que la economía volviera a funcionar para conservar sus puestos de trabajo.

No todos tuvieron la misma suerte. Tampoco desaparecieron las desigualdades ni los problemas estructurales de la Argentina. Pero para una parte importante de la sociedad, aquellos años representaron una oportunidad de recuperación que contrastaba con la angustia del período anterior.

Tener aportes jubilatorios, obra social y cierta previsibilidad era mucho más que figurar en un registro. Era volver a sentirse parte de un sistema del que muchos habían quedado excluidos.

Y había algo más: volver al empleo formal significaba recuperar derechos. Tener aportes jubilatorios, obra social y cierta previsibilidad era mucho más que figurar en un registro. Era volver a sentirse parte de un sistema del que muchos habían quedado excluidos.

Un presidente, un país y una memoria que sigue en disputa

La presidencia de Néstor Kirchner también estuvo atravesada por conflictos, decisiones controvertidas y una forma de ejercer el poder que generó adhesiones y rechazos. Su legado en materia económica, institucional y de derechos humanos sigue siendo objeto de discusión, como ocurre con los dirigentes que dejan una marca profunda en la historia.

Su gobierno impulsó la renegociación de la deuda externa, promovió cambios en la Corte Suprema y respaldó medidas que permitieron avanzar en la reapertura de los juicios por los crímenes de lesa humanidad de la última dictadura. Al mismo tiempo, su estilo de conducción concentró poder y abrió disputas que continuaron durante los años siguientes.

Recordarlo no exige desconocer esas contradicciones. Tampoco obliga a convertir una fecha conmemorativa en un homenaje sin matices.

El 27 de octubre de 2010, Kirchner murió en El Calafate a los 60 años. Su fallecimiento provocó una conmoción política y social que atravesó al país. Hoy, a 16 años de aquel día, su figura continúa ocupando un lugar central en la identidad del kirchnerismo y en las discusiones sobre el rumbo de la Argentina.

El 27 de octubre de 2010, Kirchner murió en El Calafate a los 60 años. Su fallecimiento provocó una conmoción política y social que atravesó al país.

Néstor Kirchner junto a su esposa Cristina Fernández quien fue su sucesora como presidenta.

Pero la historia también se escribe lejos de la Casa Rosada. Se escribe en las casas, en los barrios y en los recuerdos que cada generación conserva de una época.

El recuerdo del Partido Justicialista

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