Dólar

Dólar Oficial:$1495 / $1545
Dólar Blue:$1535 / $1555
Dólar Bolsa:$1548.1 / $1550.7
Dólar Contado con liquidación:$1618.8 / $1619.6
Dólar Mayorista:$1515 / $1524
Lo que tenés que ver

Tom Cruise con “Digger” y 7 estrenos más llegan este primer jueves de octubre

“Digger”, “Escondida en mi cabeza”, “Relajadas y muy peligrosas”, “Guardianes del Museo 2”, “Madoka: la película parte 4”, “Vértigo 2” y “Cuentos del jardín mágico” son los nuevos filmes que aterrizan en la ciudad este jueves 1 de octubre. Aquí una selección de reseñas para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

 

Se nos ha pedido a los críticos, casi implorado, que no revelemos mucho de la trama de Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu, que tiene en el personaje del título a Tom Cruise, no irreconocible, pero con prótesis, peluca y barriga prominente.

En especial, cierto giro en la narrativa, que cambia no solo la percepción del filme y de lo que se viene contando, sino que es tan sorpresivo como necesario para comprender todo lo que se verá en la pantalla. Eso que se descubre da marco a lo que seguirá.

Y en eso que sí se revela al espectador pasada apenas la media hora de proyección de las dos horas 10 minutos que dura la película, fue partícipe principal Nicolás Giacobone, el guionista argentino ganador del Oscar por el libreto de Birdman, también de González Iñárritu. El director mexicano de Amores perros y El renacido lo llamó para darle una vuelta al guion que tenía casi listo desde hacía diez años.

Y crean que lo que sucede es tan sorprendente como descubrir a qué gente muerta veía Cole, el niño protagonista de Sexto sentido.

Muchos habrán sido los motivos por los que Tom Cruise aceptó involucrarse en el proyecto, giro inesperado de la trama incluido.

Pero vayamos por partes.

Hay que ver el contexto en el que sucede lo que sucede.

Veamos cómo arranca.

 

Lo primero que dice Tom Cruise en “Digger”

La primera toma de Digger Rockwell lo toma recostado en una enorme cama en su mansión en Washington DC. Bosteza y “Buen día, hermosa” es lo primero que pronuncia. Se lo dice a una gatita, pero no en doble sentido, sino a Maggie, su gata blanca de 38 años (!) que está en franca descomposición durmiendo con él. Digger la alimenta metiendo su larga uña del dedo meñique en un tarro de pasta de salmón.

La vida del multimillonario no pasa por más preocupaciones que la de saber si a su mascota -bastante repugnante- le quedan “dos semanas o cinco minutos de vida”. Eso hasta que decide aceptar una comunicación desde Groenlandia. Desde allí le informan que se produjo una grieta en su plataforma petrolera, algo que debería saber si hubiera leído alguno de los 42 mails que le enviaron.

Pero no.

Cine catástrofe

La cosa se desmadrará cuando a los 5 minutos “Jenny”, como llaman a esa enorme masa de hielo del tamaño de cinco veces Washington DC, comience a desplazarse por el Atlántico Norte. Los cálculos más optimistas aseguran que, en tres días, llegará primero a la costa de Noruega, pero si las corrientes cambian, puede producir un tsunami en toda Europa, causando la muerte de millones de personas.

Una catástrofe de la que nadie quiere hacerse cargo, ni Digger ni el presidente de los Estados Unidos (un demacrado John Goodman, tal vez porque su personaje sufre de un cáncer en el ano), que firmó un acuerdo con el magnate permitiéndole extraer petróleo, lo que causó una fuga de metano de las profundidades y ocasionó el desprendimiento de la masa helada.

Hasta allí, los hechos. Pero faltan las palabras.

Y las palabras llegan en tono de discurso de Digger cuando deba enfrentar a la asamblea de la Unión Europea, esto mucho después de que se produzca “el giro” que no se nos permite contar.

Sin Tom Cruise sería otra cosa

¿Era lo mismo Digger sin Tom Cruise? Decididamente, no. El actor se la juega con esta apuesta discursiva, extravagante, excesiva, fuera de lo común y anticonvencional.

Es una sátira política, un alegato en contra de quienes están terminando con nuestro planeta, y no solo los petroleros como Digger, también políticos, congresistas y, se dice en el filme, “the social media”.

Cruise hasta habla en castellano (una de sus sirvientas es mexicana) y está en el 95% de las tomas y escenas. Lo rodean desde el mencionado Goodman a Riz Ahmed (El sonido del metal), como el responsable de seguridad y protección de la compañía de Digger, Sandra Hüller (Anatomía de una caída) como su media hermana y Jesse Plemons como un personaje del que no podemos revelar nada.

Por momentos grotesca, pero no ridícula, Digger para bien o para mal tiene algo de Bardo, la película anterior de González Iñárritu, que era igualmente riesgosa.

Al director mexicano le gusta crear un clima circense, también desde la composición de la música y todo el rollo del cambio climático, que es central en la película, allí parece tamizado por el grotesco.

Algo es seguro. Digger no dejará indiferente a ningún espectador, sea que entre, se involucre en lo que plantea la película o precisamente sienta que le hicieron una jugada que al fin de cuentas lo desconcierta más de lo que lo satisface.

PABLO SCHOLZ. Clarín.

En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

“Verity: La sombra de un engaño”

 

Hasta ahora, las adaptaciones de las exitosas novelas de Colleen Hoover fueron proyectos de un calibre menor, con actores conocidos pero lejos de la lista A de Hollywood y presupuestos más modestos. Verity: La sombra del engaño juega en otra liga, en más de un sentido.

Para empezar, tiene como protagonistas a Dakota Johnson, una de las chicas cool del Hollywood actual, y a Anne Hathaway, una actriz de prestigio, quien seguramente recibirá una nueva nominación al Oscar en los próximos meses. No será por esta película, sino por La odisea, pero es notable que una intérprete de su calibre haya elegido este papel, en este momento de su carrera.

 

Sin embargo, al ver su trabajo en el film, es fácil comprender el porqué de esta elección. Hathaway se deleita con todas y cada una de las delirantes líneas de diálogo que le tocan, mientras no deja de seducir a la cámara con su expresividad y la complicidad en sus ojos. La actriz, en pocas palabras, se está divirtiendo como nunca y eso se contagia al espectador.

Pero no es la única que entendió la consigna. También lo hizo el director, Michael Showalter, quien ha demostrado ser un realizador consistente, con algún gran acierto como Un amor inseparable. Aquí su visión es crucial para darle vuelo a una historia previsible y propensa a los tintes telenovelescos.

Es mejor no revelar demasiado de la trama de Verity: La sombra de un engaño. Lowen Asleigh (Johnson), una escritora no muy exitosa, es contratada por Jeremy Crawford (Josh Hartnett) para ayudar a su esposa Verity (Hathaway), autora de una serie de bestsellers, a escribir su próximo libro. La famosa escritora necesita ayuda porque sufrió un accidente y Lowen descubrirá la gravedad del asunto cuando llegue a la espectacular casa de la pareja, ubicada en los bosques de Vermont.

Al investigar los papeles en la oficina de Verity, Lowen descubre un pendrive con un documento que revela secretos perturbadores sobre la autora. Este descubrimiento desatará una serie de hechos dramáticos para ella y la familia Crawford.

El trío de protagonistas resulta apropiado cada uno para su rol. El estilo desapegado de Dakota Johnson es ideal para darle el suficiente misterio a Lowen; la poca expresividad de Hartnett contribuye a la construcción de las incógnitas que rodean a su personaje; y Hathaway juega a ser una estrella del noir clásico, aportándole la dualidad que requiere el personaje de Verity.

Showalter no será Hitchcock, ni siquiera De Palma, pero logra construir climas de suspenso. El director se nutre de referencias del cine del pasado, diseñando una estética que evoca a los thrillers de los 70, presentes desde la tipografía en rojo sangre del título inicial, la particular arquitectura de la mansión sobre el lago en la que sucede la mayor parte del film, la música de piano que puntúa la acción y hasta los fundidos encadenados, un efecto considerado demodé.

El melodrama clásico también aparece, en especial con una escena en el lago que recuerda a uno de los momentos más escalofriantes de Que el cielo la juzgue, de John M. Stahl. Mientras que un coqueteo con el thriller erótico de los 90 queda solo en eso, ya que no se juega del todo en ese aspecto.

Todas estas referencias no solo le dan una estética más sofisticada a Verity: La sombra de un engaño, sino que funcionan como una expresión de la conciencia que tiene el director sobre el tipo de historia que está contando, disimulando un poco sus falencias, y con la convicción de que la exageración hasta el punto del ridículo puede ser una forma válida de diversión en el cine.

MARIA FERNANDA MUGICA. La Nación

Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

 

“Escondida en mi cabeza”

Escondida en mi cabeza, la nueva comedia cinematográfica con Nicolás Furtado, que firma el director uruguayo Lucas Vivo García Lagos (Franklin, historia de un billete), tiene un protagonista que, en un mismo día, y tras una noche de excesos, pierde el trabajo, la chica que le gusta y la conciencia. Cuando despierta, luego de estar en coma durante mucho tiempo, descubre que el mundo cambió y es dueño de una fortuna en dólares, aunque para disfrutarla deba aguzar la memoria.

La historia sigue a Erni (Nicolás Furtado, el popular Diosito de El marginal), un joven atractivo y encantador, pero bastante inmaduro que sobrevive gracias a su trabajo en un parque de atracciones de mala muerte llamado Tony Park. Su rutina cambia drásticamente cuando su jefe Tony (Maxi de la Cruz) lo echa por un error terrible. Esa misma tarde, pierde el amor de Coni (Agustina “Papryka” Suásquita, de las series Envidiosa y Coppola, el representante), quien lo abandona por su manifiesta irresponsabilidad.

A la noche el muchacho termina en un bar para ahogar las penas. Allí conoce al excéntrico “Young Geezer” (el cantante y actor Jaime “Louta” James), un inglés que lo convence de invertir toda su magra indemnización por despido en Bitcoins. Tras una noche desenfrenada, Erni sufre un tonto, pero grave accidente automovilístico que lo deja inconsciente.

Catorce años después, despierta y, como es previsible, la realidad es completamente otra. Su madre (Alejandra Flechner) está sumergida en deudas, se vio obligada a hipotecar la casa familiar y subalquilar un cuarto para poder afrontar los gastos de internación. En tanto, su hermano Manuel (Mike Chouhy) encauzó su vida y trabaja en un importante laboratorio. Por su parte, su antigua enamorada Coni atiende un geriátrico y, su amigo Yiyo (Iair Said, de Los domingos mueren más personas) aún fuma marihuana como principal ocupación.

A pesar del presente y futuro oscuro, encuentra un mensaje del británico en su viejo modelo de celular y toma conciencia que la moneda digital en que invirtió ya acumuló tres millones dólares. Nada menos. Sin embargo, hay un inconveniente, olvidó la clave para acceder al sitio web y sólo tiene cinco posibilidades para intentarlo.

El punto más débil de la propuesta está en un guion que acumula situaciones y personajes sin encontrarles siempre una resolución convincente. La trama ofrece posibilidades para el humor y también para cierta reflexión sobre el paso del tiempo, no obstante, la película rara vez consigue aprovecharlas.

Furtado sostiene con simpatía a un personaje deliberadamente ingenuo, mientras que Flechner aporta oficio y naturalidad en sus intervenciones. Said no resulta convincente y otros intérpretes, tal vez por provenir del stand-up y la música, quedan atrapados en rasgos estereotipados y demasiado predecibles.

JORGE LUIS MONTIEL. Clarín.

Las Tipas, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

“Relajadas y muy peligrosas”

Relajadas y muy peligrosas, la nueva comedia cinematográfica de Jon Lucas y Scott Moore, responsables de ¿Qué pasó ayer?, es un cúmulo de situaciones pretendidamente disparatadas que apenas arranca alguna sonrisa a pesar del esfuerzo de las actrices Leslie Mann, Isla Fisher, Michelle Buteau y Anna Faris. Cuatro amigas de la infancia celebran el cumpleaños número 50 de una de ellas con un fin de semana en el Solaris Eden Beach, un spa de lujo.

Jane (Leslie Mann, de La burbuja, donde fue dirigida por su marido, el cineasta Judd Apatow), abogada, madre y divorciada, Sophie (Anna Faris, de Scary Movie), una asistente personal sometida durante años a un jefe insoportable y caprichoso, y Coco (Michelle Buteau, protagonista de la serie La supervivencia de una chica con curvas), atravesada por la ira después de haberse separado de Roger (Dominic Ona-Ariki) planean la escapada sin que se entere Mel (Isla Fisher, de Confesiones de una compradora compulsiva), la insoportable del grupo que parece vivir una adolescencia eterna a juzgar por las macanas que vive haciendo.

El hotel es el escenario ideal para una sátira de la cultura del bienestar. Hay desde yoga con cabras, masajes, hasta tratamientos faciales y corporales enmarcados en una estética de lujo que convierte el cuidado personal en una forma de exhibición. También allí está Kai (el australiano Adam Demos, de la serie Sexo/Vida), un atractivo instructor de yoga que despierta el interés de Jane.

Con todo ese material había grandes posibilidades para construir una ficción sobre mujeres que trabajan, crían hijos y atienden necesidades ajenas y que necesitan relajarse.

Sin embargo, los guionistas y directores prefirieron una persecución en carrito de golf, lucha en la bañera con barro, fiesta con strippers y hasta la aparición de drogas.

Varias situaciones que se van acumulando hasta desembocar en un caos previsible que no genera humor. Todo parece calculado para resultar descontrolado, pero casi nunca lo es.

Tampoco los personajes consiguen escapar de los estereotipos porque Jane es la mujer controladora que necesita recuperar un espacio para sí misma; Sophie, la tímida sometida a un jefe tiránico que busca revelarse, pero no sabe cómo hacerlo; Coco, la divorciada furiosa que vuelve a caer en las redes de su ex; Mel, la desbordada, vulgar e incapaz de reconocer límites. El problema no es que sean arquetipos, sino que la película nunca les da profundidad ni matices.

La celebración de la amistad y de la necesidad de romper con las obligaciones cotidianas queda reducida a consignas sobre cuidarse a una misma. Para colmo de males, la imagen que el filme proyecta del género femenino resulta bastante fuera de época.

Sin entrar en demasiados spoilers, dos de las protagonistas tienen sexo con sendos personajes masculinos y las demás lo descubren casi de inmediato por un cambio en su estado de ánimo. Como si la experiencia sexual viniera acompañada de un cartel luminoso que anunciara lo sucedido. El recurso no sólo resulta poco sutil, sino que también revela una mirada bastante esquemática sobre el deseo femenino.

La ironía final es que las cuatro muchachas quizá necesiten volver a la vida cotidiana para descansar. El espectador, en cambio, probablemente requiera algo bastante más efectivo que es ir a ver otra película.

JORGE LUIS MONTIEL. Clarín.

En Las Tipas y Del Centro.

“Madoka: la película parte 4”

¡La Noche de Walpurgis está aquí! La secuela de Madoka Magica Rebellion. El inicio de un nuevo capitulo. Por Akiyuki Shimbou x Gen Urobuchi (Nitroplus) x aokiume x SHAFT. Entre las chicas de Mitakihara, últimamente circula cierto rumor: el misterioso “teléfono del señor Lagarto” puede cumplir cualquier deseo a cambio de pelear contra las maldiciones del mundo. En ese momento, “chicas sin Gema del Alma” comienzan a cazar a los Espectros y una serie de eventos extraños ocurre. Homura contempla con calma este mundo, teniendo el control de las cosas en su papel de “Demonio”… o así debía de ser. De pronto, algo apareció para poner fin a esa vida distorsionada: el lugar en el que todas las Brujas nacen, Nazukasokotsune; Walpurgisnacht, un conglomerado de Brujas que alguna vez atormentó a Homura y dos Chicas Mágicas desconocidas que están en busca de la Ley de los Ciclos y que dijeron “jamás perdonaremos a Homura Akemi”. En un mundo que ha perdido la Ley de los Ciclos, el destino de las Chicas Mágicas vuelve a girar.

En Cinépolis.

“Vértigo 2”

Dado que Psicosis (1960), la película más célebre de Alfred Hitchcock, tuvo tres secuelas y una precuela bajo la forma de una serie de tv de cinco temporadas, corresponde aclarar que Vértigo 2 de ningún modo es una secuela de Vértigo (1958), el segundo film más famoso de Hitchcock que por muchos años fue considerada la mejor película de la historia, sino de otra Vértigo -esta estrenada en 2022-, que nadie consideraría la mejor en nada aunque era un ameno thriller sobre dos amigas atrapadas en una torre de telecomunicaciones a 700 metros de altura. El título original de esa película es Fall o “caída” de modo que no será un gran spoiler decir que la protagonista no regresa al suelo tal como deseaba. La clausura total de una historia por la muerte del personaje principal nunca fue un impedimento para que aparezca una segunda parte, si el potencial rédito económico lo habilita. Es el caso de esta secuela, que empezó a gestarse cuando la película original se volvió un fenómeno viral luego de su llegada a Netflix.

Vértigo 2 paga de más de un modo su deuda con la viralización. La película comienza con un montaje sobre la propagación por las redes del video de la muerte de Shiloh (Virginia Gardner) -la protagonista de la primera parte- que incluye insólitos cameos de algunos de los influencers que los algoritmos suelen traer sin invitación hasta nuestros feeds. La aparición de estos personajes señala que el público al que apelan estos films es aquel capaz de reconocerlos inmediatamente y que, a la vez, probablemente no tenga la menor idea de quiénes fueron James Stewart o Kim Novak. Por eso, ni siquiera el título Vértigo es disparatado. Es cuestión de tiempo hasta que aparezca un thriller sobre una buceadora perseguida por tiburones que se llame Sin aliento.

La protagonista de esta segunda parte es la hermana menor de Shiloh, llamada Jax (Harriet Slater), quien transita el duelo por su muerte. La explosión online de las hazañas temerarias de su hermana y su trágico final provoca la entrada en escena de Luce (Arsema Thomas), quien se presenta como una antigua amiga de Shiloh y le propone a Jax un particular tributo. En la peor motivación para un personaje desde el villano de Bond que intenta dar inicio a la tercera guerra mundial para subir la cotización de un resort submarino de su propiedad, aquí Jax se convence de que la mejor forma en que puede honrar la memoria de su hermana es continuar con los desafíos extremos que provocaron su muerte violenta en la plenitud de la vida. Así, junto a su nueva amiga Luce, se dispone a trepar por las peligrosas y precarias escalinatas del (ficticio) monte Kwan en Tailandia. Previsiblemente, la milenaria construcción no puede sino colapsar justo en medio de la escalada y, nuevamente, dos mujeres quedan atrapadas a miles de metros del suelo, solo con su habilidad e ingenio para regresar sanas y salvas.

El guion no hace el mínimo esfuerzo en encontrar razones plausibles para las acciones de sus personajes porque el foco está puesto en crear un conjunto de “set pieces” que hagan transpirar las manos de los espectadores, sin que importe mucho cómo se llega a esas situaciones. Aquí aparece la otra deuda de la película con la cultura online, porque todas esas escenas -en efecto, vertiginosas- remiten -temática y estéticamente con sus insistentes planos subjetivos- a esos clips virales que registran actos extremos como colgarse de una cornisa.

Los hermanos Peter y Michael Spierig (Predestinación) son competentes realizadores de acción, sin embargo en este film su techo estético está disminuido a parecerse a un video de Tik Tok. Aunque hay momentos de genuina tensión, la película tiene tanto para ofrecer como el doomscrolling por cuentas de adictos a la adrenalina que arriesgan la vida por un seguidor más, una razón tan sólida para semejante apuesta como la que esgrimen los personajes de este film.

HERNÁN FERREIRÓS. La Nación.

En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis y Monumental.

“Cuentos del jardín mágico”

Tanto la República Checa como Eslovaquia pueden enorgullecerse de tener una extensa tradición en el terreno del cine animado, desde los años en que ambos territorios formaban parte de una única nación, Checoslovaquia. Dentro de ese universo vasto y rico, la animación stop motion –esto es, la realizada con objetos materiales y no mediante dibujos– fue el reino de uno de los grandes autores checos, Jiří Trnka, cuyo amor por las marionetas lo llevó a realizar con su ayuda varias obras maestras.

Casi un milagro de la cartelera, el estreno local de Cuentos del jardín mágico recupera ese enorme legado artístico y lo enfrenta a los monstruos de la animación mainstream contemporánea, sin las armas de la publicidad masiva pero con su poder de encantamiento intacto.

Presentada en los festivales de Berlín y Annecy, este último el más famoso de los festivales especializados en animación, la película dirigida a ocho manos por David Súkup, Patrik Pass, Leon Vidmar y Jean-Claude Rozec cuenta tres historias de tono fantástico enmarcadas por un relato general más realista, cuyos protagonistas son tres hermanos que pasan unos días en la casa del abuelo, recientemente enviudado. La muerte y su inevitabilidad es, precisamente, uno de los temas que recorren todas las historias. El prólogo, feliz, encuentra a una abuela divirtiendo a los nietos con lo que mejor sabe hacer: inventar y contar cuentos a partir de tres palabas clave elegidas por los chicos. Luego de los títulos de apertura, otra visita a esa sencilla casa con patio y casita del árbol a tono, solo que la abuela ya no está presente. El anciano cuida a los niños con un poco de desatención, construyendo algo misterioso que lo mantiene ocupado en el galpón y un poco triste por su nueva condición solitaria.

Es la hermanita del medio quien toma la posta, utilizando el sombrero de paja de su abuela y disparando historias a partir del trío de vocablos a elección. Así, “paraguas”, “gatito” y “torta de frutilla” conjura el relato de dos hermanos pequeños que recogen un gato callejero durante la misma noche de lluvia en que sus padres sufren un grave accidente. Lo fantástico hace eclosión luego de que los protagonistas, sin familiares que los cuiden, parecen a punto de ingresar en un laberinto burocrático de protección estatal. El ida y vuelta entre la realidad y las ficciones permite disfrutar de diferentes estilos en los rasgos físicos de los personajes y las escenografías que los rodean, aunque el estilo de animación –realizado con muñecos y fondos corpóreos, aunque con un poquito de ayuda digital en la posproducción– permanece inalterado.

Así, el cuento de un chico tímido que descubre que una casa abandonada esconde un tesoro y un monstruo se entrelaza con el relato de un hombre mayor, también viudo, que de pronto es capaz de volar, e incluso es recibido por un grupo de peculiares aves como si se tratara de uno de los suyos. Basada en el libro de cuentos del autor checo Arnošt Goldflam, Cuentos del jardín mágico, de compactos 71 minutos y homogénea belleza visual, evita en gran medida la tentación del didactismo del tipo “cómo hablarles a los niños acerca de la muerte”, pero tampoco endulza la temática con promesas de sobrevida o contactos directos entre el mundo de los vivos y el de los muertos, aunque sí echa mano a la posibilidad de la fantasía como canalizador del dolor y el duelo.

DIEGO BRODERSEN. Página 12.

En el Showcase.

Comentarios