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¿Un nuevo foco nuclear? El acuerdo que Trump negocia con Arabia Saudita genera alarma

El plan contempla desarrollar una planta para enriquecer uranio en territorio saudita y ya despertó preocupación en Israel y en sectores del Congreso de Estados Unidos por el riesgo de una futura proliferación nuclear.

El presidente estadounidense Donald Trump y el príncipe saudí Mohammed bin Salman en Riad

La administración de Donald Trump se prepara para anunciar un acuerdo de cooperación nuclear civil con Arabia Saudita que contempla la posibilidad de desarrollar una planta de enriquecimiento de uranio en territorio saudita. La iniciativa, que busca fortalecer la alianza estratégica entre ambos países y potenciar la industria nuclear estadounidense, despertó preocupación en Israel y entre legisladores de Estados Unidos por el riesgo de una eventual proliferación nuclear.

Según reveló The New York Times, el entendimiento sería presentado oficialmente este miércoles y tendría una vigencia de 30 años. Funcionarios estadounidenses sostienen que el pacto abriría oportunidades de inversión por miles de millones de dólares para empresas del sector energético de Estados Unidos.

El punto que genera mayor controversia

El aspecto más sensible del acuerdo es la posibilidad de construir una instalación destinada al enriquecimiento de uranio en Arabia Saudita. De acuerdo con The Wall Street Journal, esa cláusula solo se activaría si un estudio conjunto entre ambos países concluye que existe una justificación técnica y económica para su desarrollo.

Sin embargo, la posibilidad de que Riad pueda enriquecer uranio generó fuertes reparos tanto en Israel como en sectores del Congreso estadounidense, donde existe el temor de que un programa con fines civiles pueda convertirse, en el futuro, en la base para el desarrollo de armamento nuclear.

Washington intenta despejar las dudas

Consultado sobre la negociación durante una cumbre de cancilleres del sudeste asiático en Manila, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, evitó confirmar oficialmente el acuerdo, aunque buscó llevar tranquilidad sobre los cuestionamientos.

“Estados Unidos no va a llegar a ningún acuerdo con ningún país del mundo que implique un riesgo de proliferación”, aseguró el funcionario ante la prensa.

El texto del entendimiento sería remitido al Congreso estadounidense en los próximos días. No obstante, su aprobación parlamentaria no sería necesaria para que entre en vigencia.

Un contexto regional cada vez más tenso

La negociación se conoce en un momento de creciente inestabilidad en Medio Oriente. Durante la última semana, Arabia Saudita y los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, retomaron los enfrentamientos militares luego de varios años de relativa calma, poniendo en riesgo la tregua alcanzada en 2022.

El escenario también está atravesado por la escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán y por el conflicto que mantiene Israel con distintos grupos apoyados por Teherán.

Un viejo objetivo de Arabia Saudita

Riad sostiene desde hace años que tiene derecho a desarrollar un programa nuclear con fines exclusivamente civiles, principalmente para diversificar su matriz energética y reducir la dependencia del petróleo.

En administraciones anteriores, Washington había intentado integrar ese proyecto dentro de un acuerdo regional más amplio que incluyera la normalización de las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita e Israel, además de un pacto de defensa con Estados Unidos.

Hasta el momento, esa estrategia no prosperó y Arabia Saudita continúa sin reconocer oficialmente al Estado israelí.

Diferencias con otros acuerdos de la región

Estados Unidos ya había firmado en 2009 un convenio de cooperación nuclear con Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, ese acuerdo estableció que el país del Golfo no desarrollaría capacidades propias de enriquecimiento de uranio, una diferencia clave respecto de la negociación que ahora impulsa Washington con Arabia Saudita.

Precisamente ese punto es el que concentra las mayores críticas, ya que el enriquecimiento de uranio es una tecnología de uso dual: puede destinarse a la producción de combustible para reactores civiles, pero también constituye un paso esencial para la fabricación de armas nucleares si el material alcanza altos niveles de enriquecimiento.

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