
Un día como hoy, 1° de marzo, pero de 1914, fallecía en Mendoza Jorge Alejandro Newbery, el aviador, ingeniero, científico, funcionario y deportista que se transformó en símbolo de una Argentina que soñaba en grande.
Nacido el 27 de mayo de 1875 en Buenos Aires, fue el artífice y fundador de la Aeronáutica Militar Argentina y es considerado precursor y benemérito de la aviación nacional. En 1970, la Ley 18.559 lo declaró oficialmente Precursor de la Aeronáutica Argentina, junto a otras figuras pioneras.
Una vida atravesada por el progreso
La vida pública de Newbery se desarrolló en una Argentina marcada por la gran inmigración europea, la expansión del modelo agroexportador y el auge del optimismo nacional que tuvo su punto máximo en el Centenario de 1910. Eran los años en que Buenos Aires dejaba de ser la “Gran Aldea” para convertirse en la “París de Sudamérica”, cuando se inauguraba el subte y el país exhibía uno de los PBI per cápita más altos del mundo.
Hijo del odontólogo estadounidense Ralph Newbery y de la argentina Dolores Malargie, Jorge fue el segundo de doce hermanos. Estudió en el colegio escocés San Andrés y se graduó de bachiller en 1890.
Viajó a Estados Unidos para formarse como ingeniero en la Universidad de Cornell y luego en el Drexel Institute de Filadelfia, donde fue alumno del célebre Thomas Alva Edison. En 1895 obtuvo el título de ingeniero electricista y regresó al país para trabajar en la Compañía Luz y Tracción del Río de la Plata.
Ingresó a la Armada Argentina como ingeniero, fue profesor de natación en la Escuela Naval y enviado a Londres para adquirir material eléctrico. En 1900 fue designado director general de Instalaciones Eléctricas, Mecánicas y Alumbrado de la Municipalidad de Buenos Aires, cargo que ocupó hasta su muerte.

Defensor de la municipalización del servicio de alumbrado, escribió extensos informes técnicos en los Anales de la Sociedad Científica Argentina y participó en congresos internacionales en Saint Louis, Londres y Berlín. En 1913 cofundó el Comité Electrotécnico Argentino y la Asociación Electrotécnica Argentina.
El dominio del aire: del globo al avión
Su pasión por el vuelo nació tras conocer a Alberto Santos Dumont. El 25 de diciembre de 1907 cruzó el Río de la Plata en el globo El Pampero, junto a Aarón Anchorena, en una hazaña que lo convirtió en fenómeno popular. Poco después se creó el Aero Club Argentino, del que fue presidente.
Pese a la tragedia de su hermano Eduardo, desaparecido en 1908 en un vuelo en globo, Newbery continuó. Con el Huracán, el 28 de diciembre de 1909, recorrió 550 kilómetros en 13 horas, batiendo el récord sudamericano de distancia y duración.
Ese globo inspiró el nombre y emblema del Club Atlético Huracán, cuyo distintivo —el globo— fue autorizado por el propio Newbery. En una carta, expresó: “Doy mi más completa conformidad esperando que el team que lo lleve sobre el pecho sabrá hacerle el honor correspondiente al esférico que de un solo vuelo cruzó tres repúblicas”.

En 1910 obtuvo su brevet de piloto y en 1912, tras su ofrecimiento y el del Aero Club al Ministerio de Guerra, el presidente Roque Sáenz Peña creó la Escuela Militar de Aviación, la primera fuerza aérea militar de América Latina.
Newbery fue uno de sus primeros directores. Cruzó el Río de la Plata en avión en el monoplano Centenario y el 10 de febrero de 1914 alcanzó 6.225 metros de altura en un Morane-Saulnier, superando el récord mundial —aunque no fue homologado por escaso margen reglamentario—.
La tragedia en Los Tamarindos
El 1° de marzo de 1914, en el campo de aviación Los Tamarindos, en Mendoza (actual zona de El Plumerillo), realizaba maniobras preparatorias para cruzar la Cordillera de los Andes. A pedido de una dama, accedió a hacer una demostración en un avión prestado por Teodoro Fels, quien le advirtió: “Cuidado. Una de las alas tironea…”. A las 18.40, tras ejecutar cabriolas, el monoplano se precipitó violentamente. Tenía 38 años.
Su muerte conmocionó al país en pleno carnaval. La revista Caras y Caretas describió la escena del arribo de sus restos a Buenos Aires como un mar de cabezas y conmoción colectiva. Fue el primer gran funeral masivo de un ídolo no político en la Argentina, antecedente del impacto que décadas después generaría Carlos Gardel.

Deportista, científico y primer ídolo popular
Newbery también fue campeón de boxeo (1899, 1902 y 1903), esgrimista destacado —venció al campeón francés Berger—, remero, nadador y automovilista. En el tango “Corrientes y Esmeralda”, Celedonio Flores lo recordó como el “cajetilla” que “calzó de cross” a los guapos.
Es considerado el primer ídolo popular argentino no político. Multitudes celebraban sus hazañas lanzando sombreros al aire. Su figura simbolizaba valentía, modernidad y autodominio. Tras su muerte, su nombre quedó inmortalizado en el Aeroparque Jorge Newbery, en monumentos, barrios, escuelas, clubes, calles y avenidas de todo el país, además de los Premios Jorge Newbery que entrega la Ciudad de Buenos Aires.
A 112 años de su partida, la figura de Jorge Newbery resume una época de fe en el progreso y de audacia sin límites. Ingeniero brillante, aviador temerario y deportista ejemplar, su legado aún sobrevuela la historia argentina.
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