
A 209 años del inicio del Cruce de los Andes, la Argentina recuerda una de las mayores hazanas militares y políticas de su historia. La operación se puso en marcha en enero de 1817, cuando el Ejército de los Andes cruzó la Cordillera desde el actual territorio argentino hacia Chile con el objetivo de sorprender a las fuerzas realistas y abrir el camino para la liberación de ese país.
El plan fue ideado y ejecutado por el General José de San Martín, en un contexto de guerras de independencia y con recursos limitados. La travesía se desarrolló a lo largo de más de 20 días, en pleno verano, por pasos de alta montaña que superaban los 4.300 metros de altura.
Más de 5.000 hombres, , de las cuales alrededor de 3.700 eran soldados y 1.300 milicianos, avanzaron por seis rutas diferentes, principalmente por los pasos de Los Patos, en San Juan, y Uspallata, en Mendoza. El cruce implicó recorrer más de 100 kilómetros a lomo de mula, soportando frío extremo y un terreno casi inaccesible.
Para atravesar la Cordillera se utilizaron más de 10.000 mulas, fundamentales para transportar armas, comida y municiones, y unos 1.200 caballos, que se usaron sobre todo una vez del otro lado de la montaña. El armamento incluía fusiles, sables, lanzas y cañones. Además, el ejército llevaba provisiones para varias semanas, como charqui, galleta dura, etc.

La preparación demandó más de dos años y contó con el respaldo del pueblo cuyano, que aportó alimentos, animales, ropa, dinero y trabajo. Mujeres cosieron uniformes y organizaron redes de mensajería.
La estrategia diseñada por San Martín apuntó a dividir y confundir al enemigo. Al avanzar por múltiples pasos y difundir información falsa, el general logró dispersar a las tropas realistas y alcanzar el factor sorpresa.
Con el paso del tiempo, el Cruce de los Andes se consolidó como un símbolo de la historia argentina. Fue una demostración de organización comparable a las grandes campañas de Napoleón, pero ejecutada en un tiempo récord y en condiciones extremas.
Curiosidades del Cruce de los Andes
Fue un plan ultra secreto: el plan se mantuvo bajo absoluto hermetismo. San Martín sabía que si el enemigo se enteraba por dónde iba a cruzar, la misión fracasaba. Por eso, casi nadie conocía el recorrido completo. Incluso muchos soldados se enteraron del camino real recién cuando ya estaban en marcha.
Alimentación de altura: La comida estaba pensada para la montaña. El plato principal era el charqui, carne salada y secada al sol, que duraba muchos días. Con eso se hacían guisos llamados charquicán, además de pasas, membrillo y pan duro.
El pueblo de Cuyo fue fundamental: La gente común aportó casi todo: animales, ropa, comida y dinero. Incluso Remedios de Escalada, esposa de San Martín, donó sus joyas para financiar el ejército. Buenos Aires aportó muy poco.
Hubo espías, y muchas fueron mujeres: Las mujeres de Cuyo cumplieron un rol clave, ya que pasaban información falsa, escuchaban conversaciones y confundían a los realistas sobre los movimientos del ejército.
Inventos especiales para la montaña: Fray Luis Beltrán diseñó puentes plegables para cruzar quebradas y adaptó cañones para que pudieran transportarse por senderos angostos.
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