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El legado de Gilda

A 30 años de su muerte, Gilda sigue siendo un mito de la música popular

La cantante murió el 7 de septiembre de 1996 en un accidente en Entre Ríos. Había dejado la docencia para dedicarse a la música y su consagración llegó después de aquella tragedia.

 

Este 7 de septiembre se cumplen 30 años de la muerte de Gilda, una de las figuras más recordadas de la música popular argentina. La cantante falleció en 1996, a los 34 años, en un accidente ocurrido sobre la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos. Tres décadas después, sus canciones continúan formando parte del imaginario colectivo y su figura adquirió una dimensión que excedió ampliamente a la escena tropical.

Su nombre era Miriam Alejandra Bianchi. Había nacido en Villa Devoto y se había formado como maestra jardinera. Sin embargo, cuando tenía dos hijos y atravesaba una crisis matrimonial, decidió abandonar la docencia para intentar cumplir su sueño de cantar.

La oportunidad apareció casi por casualidad. Un aviso clasificado publicado en un diario buscaba una cantante para un grupo de cumbia. Miriam se presentó a la prueba y logró quedarse con el puesto. A partir de entonces comenzó un recorrido que la llevaría a convertirse en Gilda.

Durante sus primeros años en la música tuvo que abrirse camino en un ambiente dominado por hombres y caracterizado por una fuerte exposición de las mujeres. Su propuesta fue diferente: canciones románticas y melódicas, una imagen alejada de la sexualización y letras que, en muchos casos, hablaban de amor propio, respeto y situaciones de violencia.

De maestra jardinera a cantante

Gilda comenzó a cantar profesionalmente todavía con su nombre real y luego adoptó el nombre artístico con el que se convertiría en un ícono. Toti Giménez fue una figura central en su carrera y ambos trabajaron juntos durante años en la producción y desarrollo de su música.

En 1993 llegó su primer disco solista y, poco después, apareció uno de los grandes éxitos de su carrera: “No me arrepiento de este amor”.

Sin embargo, el reconocimiento no fue inmediato. Gilda tuvo que atravesar años de esfuerzo, presentaciones, viajes y dificultades económicas antes de conseguir la popularidad que buscaba.

Su carrera avanzó con discos como De corazón a corazón, La única, Pasito a pasito… con Gilda y Corazón valiente. Este último incluyó canciones que con el paso del tiempo se convertirían en clásicos de la música popular.

A pesar de los éxitos, Gilda todavía sentía que no había alcanzado el lugar que esperaba. Según se reconstruyó posteriormente, incluso llegó a plantearse abandonar la música si su carrera no lograba dar un salto definitivo.

Una mujer diferente en la movida tropical

La propuesta de Gilda rompió con algunos de los estereotipos que predominaban en la música tropical de los años 90.

Su figura era sensual, pero no estaba construida alrededor de la exhibición del cuerpo. Sus canciones hablaban de relaciones, sentimientos y experiencias cotidianas, pero también transmitían mensajes de independencia y autoestima.

Esa característica hizo que su figura adquiriera una importancia particular entre muchas mujeres que escuchaban sus canciones.

Gilda también tuvo que combinar su carrera con la maternidad. Sus hijos la acompañaban frecuentemente durante sus viajes y presentaciones, y en distintas ocasiones también viajaba junto a su madre.

El accidente que cambió todo

El 7 de septiembre de 1996, Gilda viajaba junto a sus hijos, su madre, Toti Giménez y músicos de su banda rumbo a una presentación en Entre Ríos.

El micro circulaba por la Ruta Nacional 12 cuando, en medio de la lluvia, se produjo un accidente fatal. Un camión que intentaba sobrepasar a otro vehículo se encontró de frente con el colectivo y provocó una maniobra que terminó con el micro volcado y posteriormente embestido.

La tragedia dejó siete personas muertas, entre ellas Gilda y varios integrantes de su entorno.

Su hijo Fabricio sobrevivió al accidente, al igual que Toti Giménez.

En ese momento, Gilda todavía no era una estrella masiva. Su popularidad estaba creciendo, pero su nombre no había alcanzado la dimensión que tendría posteriormente.

La fama llegó después de su muerte

La muerte transformó completamente la relación del público con Gilda.

En los meses y años posteriores comenzaron a multiplicarse las ventas de sus discos, las reediciones y los homenajes. Canciones que durante su vida habían tenido un alcance limitado empezaron a sonar en todo el país.

Su música también trascendió las fronteras de la cumbia. Sus canciones comenzaron a ser interpretadas por artistas de otros géneros y sus melodías llegaron a estadios de fútbol, fiestas, reuniones familiares y celebraciones populares.

Uno de los ejemplos más contundentes es “No me arrepiento de este amor”, que con el paso de los años se convirtió en una canción reconocida incluso por quienes no eran seguidores de la música tropical.

El santuario de Gilda

La dimensión que adquirió su figura después de la tragedia también tuvo una expresión religiosa y popular.

El lugar del accidente, ubicado en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, comenzó a recibir a personas que llegaban para homenajearla. Con el tiempo, los restos del micro se transformaron en un santuario.

Allí los seguidores dejan cartas, velas, estampitas, flores y distintos objetos personales. Muchos llegan para agradecer favores o pedir ayuda y atribuyen a Gilda la capacidad de interceder ante situaciones difíciles.

Algo similar ocurre en su sepultura en el cementerio de Chacarita.

Así nació una de las dimensiones más particulares de su legado: la transformación de una cantante popular en una figura de devoción, una especie de santa pagana para miles de argentinos.

Tres décadas después, Gilda sigue presente

A 30 años de aquella tragedia, la vigencia de Gilda demuestra que su legado no depende únicamente de la nostalgia.

Sus canciones continúan circulando en plataformas digitales y forman parte de la memoria musical de varias generaciones. “No me arrepiento de este amor”, “Se me ha perdido un corazón”, “Fuiste”, “Paisaje” y “Corazón valiente”, entre otras, mantienen una presencia permanente.

La paradoja es que la pregunta que Gilda alguna vez habría hecho sobre cuándo llegaría su verdadera popularidad terminó teniendo una respuesta después de su muerte.

Su éxito definitivo llegó cuando ya no estaba para verlo.

Tres décadas después, Gilda dejó de ser solamente Miriam Bianchi, aquella maestra jardinera que decidió abandonar las aulas para cantar. Se convirtió en una de las voces más reconocibles de la música popular argentina y en un mito que, lejos de apagarse con el paso del tiempo, continúa cantando en las voces de quienes mantienen vivas sus canciones.

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