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A 38 años de la muerte de Olmedo: la madrugada en que la risa más grande del país terminó en tragedia

El 5 de marzo de 1988 el humor argentino cambió para siempre. El capocómico rosarino Alberto Olmedo murió tras caer del balcón del piso 11 de un edificio en Mar del Plata. Tenía 54 años y estaba en el pico de su popularidad.

El 5 de marzo de 1988, una noticia inesperada sacudió a todo el país. Alberto Olmedo, el humorista más popular de la televisión argentina, murió tras caer desde el balcón del piso 11 del edificio Maral 39 en la ciudad de Mar del Plata.

Eran aproximadamente las 7:45 de la mañana cuando su cuerpo se desplomó frente al edificio ubicado sobre el Boulevard Marítimo Patricio Peralta Ramos al 3600. El actor tenía 54 años y estaba pasando la temporada teatral en la ciudad balnearia, donde protagonizaba uno de los espectáculos más exitosos del verano.

Media hora después, cerca de las 8:30, las primeras patrullas policiales ya habían acordonado el lugar y la noticia comenzaba a confirmarse: el capocómico que dominaba la televisión y llenaba teatros había muerto.

Una madrugada que terminó en tragedia

La noche previa había sido completamente normal. Olmedo había protagonizado otra función exitosa de la revista “Éramos tan pobres”, una de las obras más convocantes del Teatro Tronador.

El elenco reunía figuras muy conocidas del espectáculo, entre ellas Javier Portales, Beatriz Salomón, Silvia Pérez, Susana Romero, Divina Gloria, Romina Gay y César Bertrand. Después de la función, el elenco solía cerrar la jornada en el restaurante Hamburgo, un clásico de las madrugadas teatrales marplatenses. Aquella noche, sin embargo, Olmedo decidió retirarse antes.

El actor volvió a su departamento del edificio Maral 39, donde lo esperaba su pareja, la actriz y vedette Nancy Herrera. La relación atravesaba un momento de reconciliación y el humorista estaba especialmente feliz.

Incluso, según se supo después, Herrera había dejado escrito en un espejo un mensaje que decía “Te amo”. Además, le había contado que estaba embarazada: meses después nacería su hijo Albertito, el 26 de octubre de 1988.

El momento fatal en el balcón

La madrugada transcurría sin sobresaltos hasta que, cerca de las 7:45, ocurrió el episodio que cambiaría todo.

Olmedo salió al balcón del piso 11, desde donde se veía el mar y la avenida costera. Según la reconstrucción posterior basada en testimonios, comenzó a jugar con la baranda, un gesto que algunos allegados asociaban a su personalidad arriesgada y a su estilo de humor físico.

En un momento perdió el equilibrio. Nancy Herrera intentó sujetarlo desde el interior del departamento, pero no logró sostenerlo.

En esos segundos desesperados, el actor habría gritado: “¡Me caigo, mamita, me caigo! ¡Agarráme la pierna!” El intento por sostenerlo no alcanzó. Olmedo cayó desde el undécimo piso, impactó contra el jardín del edificio y terminó sobre el asfalto.

El golpe alertó a las primeras personas que caminaban por la zona costera. En minutos llegaron policías, ambulancias y personal de seguridad, que confirmaron que la caída había sido mortal.

La investigación y las dudas

La causa quedó en manos del juez Pedro Federico Hooft, quien ordenó una investigación inmediata.

Se tomaron declaraciones, se reconstruyó la secuencia y se analizaron las circunstancias del hecho. La conclusión oficial determinó que no hubo intervención de terceros y que la muerte fue consecuencia de un accidente provocado por la pérdida de equilibrio en el balcón.

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Con el tiempo aparecieron versiones alternativas y especulaciones —desde teorías de suicidio hasta relatos sobre excesos durante la noche previa—, pero ninguna modificó la conclusión del expediente judicial.

La noticia se propagó rápidamente por todo el país. Radios, diarios y canales de televisión interrumpieron su programación para informar la muerte del humorista. La conmoción fue inmediata. Horas antes, Olmedo había estado sobre el escenario haciendo reír a miles de personas.

Muchos integrantes del elenco de la obra se enteraron de la tragedia cuando comenzaban a circular los primeros rumores entre periodistas y productores. La incredulidad fue total: la noche anterior habían compartido camarines y risas con él.

De Rosario al estrellato nacional

Alberto Orlando Olmedo había nacido el 24 de agosto de 1933 en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Creció en un ambiente humilde, criado por su madre Matilde Olmedo, y desde chico trabajó en distintos oficios: verdulería, carnicería, reparto de pan y ventas callejeras.

Su vínculo con el espectáculo comenzó casi por casualidad cuando trabajó como aplaudidor en el Teatro La Comedia. Fascinado con el mundo artístico, empezó a participar en grupos teatrales y luego formó el dúo Toño-Olmedo junto a Antonio Ruiz Viñas. En 1954 decidió viajar a Buenos Aires para probar suerte.

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Su primer trabajo fue como técnico en Canal 7, pero una improvisación durante una cena del canal cambió su destino: los directivos lo contrataron como actor.

El verdadero salto a la popularidad llegó en 1960 con el personaje de El Capitán Piluso, acompañado por Humberto Ortiz en el rol de Coquito. Con los años se transformó en una figura central de la televisión con programas como “El botón”, “El Chupete” y especialmente “No toca botón”, que se convirtió en uno de los ciclos más exitosos de la pantalla.

Su estilo rompía con lo establecido: improvisaba, rompía el libreto y hacía evidente el detrás de escena, generando una complicidad inédita con el público.

El cine y la dupla histórica con Porcel

En el cine también dejó una huella enorme, especialmente con su sociedad artística con Jorge Porcel. Juntos protagonizaron una larga serie de comedias que dominaron la taquilla argentina durante las décadas de 1970 y 1980, dentro del género de la comedia picaresca.

Más adelante, la dupla también incursionó en películas familiares como “Los fierecillos se divierten”, “Rambito y Rambón, primera misión”, “Los colimbas se divierten” y “Los colimbas al ataque”.

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Además de la televisión y el cine, el teatro de revista fue otro de los territorios donde Olmedo brilló con libertad absoluta. Cada verano encabezaba la cartelera teatral de Mar del Plata, con salas llenas y funciones agotadas.

En 1988, al momento de su muerte, era el protagonista de “Éramos tan pobres”, una de las revistas más exitosas de la temporada. La función del 4 de marzo de 1988 terminaría siendo, sin que nadie lo supiera, la última vez que el público lo vería sobre un escenario.

El impacto de su muerte fue enorme. Miles de personas asistieron al velorio en Mar del Plata, mientras que su despedida final se realizó en el cementerio de Chacarita, en Buenos Aires. Con el paso de los años, Olmedo se convirtió en un humorista de culto, recordado por generaciones que crecieron con sus personajes y su estilo irreverente.

Hoy, 38 años después de aquella madrugada, su figura sigue viva en la memoria popular. Porque aquel 5 de marzo de 1988 no murió solamente un actor: se apagó la risa más grande de la televisión argentina, y el espectáculo nacional cambió para siempre.

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