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Argentina
En Río 96.9

A 71 años del mayor atentado terrorista ocurrido en suelo argentino

Aldo Fantín repasó en el aire de Río el bombardeo a Plaza de Mayo: "Es la única vez que una fuerza armada atacó a su propia población civil". Una historia de divisiones, violencia y un saldo estremecedor de víctimas.

El 16 de junio de 1955, aviones de la Marina y la Fuerza Aérea Argentina bombardearon Plaza de Mayo para asesinar a Perón y derrocarlo. Más de 9 toneladas de explosivos fueron arrojados sobre la población civil indefensa causando más de 308 muertos y 800 heridos. La cifra real es incierta ya que el bombardeo orquestado previamente por los sectores golpistas, borró los restos de victimas que no pudieron ser identificadas. Este golpe autodenominado como “La Revolución Libertadora” fue la precursora de la última dictadura militar.

A 71 años del bombardeo a Plaza de Mayo: “Es la única vez que una fuerza armada atacó a su propia población civil”

El día de hoy se cumple un nuevo aniversario del que es considerado el mayor atentado terrorista en suelo argentino: el bombardeo a la Plaza de Mayo. Hace 71 años, el país fue escenario de un ataque sin precedentes protagonizado, fundamentalmente, por la Marina de Guerra. En su habitual columna “Río de Historias”, durante la primera mañana de Río Extra 96.9, el profesor de historia Aldo Fantín analizó los sucesos que marcaron a fuego el devenir político y social de la Argentina.

Un país fracturado y un clima de época

El ataque no ocurrió en el vacío. Según detalló Fantín, el país se encontraba “partido en dos”. Durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón, y a casi tres años del fallecimiento de Eva Perón, el gobierno, si bien contaba con el apoyo de una amplia mayoría del país, enfrentaba una crisis económica y un creciente enfrentamiento con la Iglesia Católica, un actor de poder clave en ese entonces que comenzó siendo un aliado estratégico pero su relación se tornaba cada vez más conflictiva.

Días previos al bombardeo, la marcha del Corpus Christi, una multitudinaria procesión religiosa que en junio de 1955 que se transformó en una masiva manifestación política opositora contra el gobierno peronista y la posterior expulsión del país de los obispos Tato y Novoa por parte de Perón, terminaron de encender la mecha de la sublevación. “El Ejército mayoritariamente era fiel al gobierno, no la Armada, que por formación profesional (…) era casi profundamente antiperonista”, explicó el historiador.

El golpe, liderado por el vicealmirante Toranzo Calderón y el capitán Olivieri desde el Ministerio de Marina, se ejecutó aprovechando un desfile aéreo que el propio Perón había organizado como acto de desagravio. La gente se acercó a la plaza creyendo que presenciaría una exhibición, pero los sublevados utilizaron los aviones para bombardear.

El objetivo inicial era asesinar al presidente, por lo que la primera oleada de ataques se dirigió a la Casa de Gobierno. Sin embargo, Perón ya se había trasladado al Ministerio de Guerra. A partir de allí, el blanco de los ataques pasó a ser la población que transitaba por el lugar.

La metralla contra el pueblo

Las crónicas y los relatos de ese día describen escenas propias de un conflicto internacional. “Si uno ve las imágenes, realmente parece la Segunda Guerra Mundial. Un ataque abierto a población civil indefensa”, sentenció Fantín.

El historiador relató la brutalidad de las decisiones tomadas por los sublevados:

  • Se arrojaron más de 9.600 kilos de bombas sobre la Plaza de Mayo y sus alrededores.

  • El ataque destruyó un colectivo que transportaba escolares del interior del país, que visitaban Buenos Aires por primera vez, y partió al medio a un tranvía de pasajeros.

  • Cuando la CGT llamó a los obreros a defender el gobierno, los sublevados ordenaron bombardear las entradas del subte por donde llegaban los trabajadores.

Uno de los momentos más crueles narrados en la entrevista involucró a quienes luego serían figuras tristemente célebres. Tras izar una bandera blanca en el Ministerio de Marina, el capitán Olivieri le preguntó a su asistente, Emilio Eduardo Massera, qué gritaba la gente en la plaza. Al escuchar que vitoreaban “la vida por Perón”, Olivieri ordenó: “vamos a darle el gusto”, y sacaron las ametralladoras por la ventana para disparar contra la multitud.

El trágico saldo y una lección para el presente

La resistencia en tierra estuvo a cargo del Ejército y del regimiento de Granaderos a Caballo, quienes perdieron a nueve hombres defendiendo la Casa Rosada. Al final del día, luego de que los últimos aviones descargaran incluso sus tanques de combustible sobre la plaza para generar explosiones incendiarias antes de huir a Montevideo, los líderes del alzamiento se rindieron.

La jornada se cerró con un saldo oficial de de 308 muertos identificados y mil heridos. “Las bombas no discriminaban peronistas, antiperonistas. Las dos primeras que mueren son dos maestras que iban a trabajar”, recordó Fantín.

A modo de cierre, el profesor dejó una reflexión profunda sobre las consecuencias de la polarización extrema: “Cuando yo al otro lo convierto en enemigo, automáticamente lo tengo que eliminar. Y eso fue lo que pasó el 16 de junio de 1955 en la Plaza de Mayo. El desatino de la política argentina hizo esto”.

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