
El periodismo y la cultura argentina están de luto tras la muerte de Rómulo Berruti, quien falleció este domingo a los 88 años en la Buenos Aires. Reconocido como uno de los grandes difusores del cine y el teatro, su figura quedó inmortalizada por su trabajo en el emblemático ciclo televisivo Función Privada.
La noticia fue confirmada por la Asociación Argentina de Actores, que lo despidió con un mensaje: “Despedimos con profundo pesar a Rómulo Berruti, destacado periodista especializado en cultura y espectáculos, cuya trayectoria dejó una huella imborrable”.
Una vida dedicada al arte y al periodismo
Nacido el 23 de octubre de 1937, Berruti descubrió su pasión por el arte desde muy chico, influenciado por su tío, el dramaturgo Alejandro Berruti, quien lo llevaba a los teatros porteños. Esa experiencia marcaría el rumbo de una vida dedicada a la cultura.
Él mismo recordaba su infancia con una definición particular: “Mi infancia fue bipolar… era un tipo de la noche a los 12 años, y de día iba a un colegio de curas”.
Su carrera periodística comenzó en 1960 en medios como El Mundo y Crítica, pero fue en Clarín donde consolidó su legado, desempeñándose durante más de dos décadas como jefe de Espectáculos.
El fenómeno de “Función Privada”
Para el gran público, su nombre estará siempre ligado a Función Privada, el ciclo que condujo junto a Carlos Morelli y que se convirtió en un verdadero ícono de la televisión argentina.
El programa nació casi por casualidad en el viejo Canal 7 y creció con el tiempo hasta transformarse en un espacio clave para la difusión del cine.
Berruti recordaba aquellos inicios: “Nos dijeron: ‘¿No quieren hacer un programa de cine los dos?’… el canal no tenía películas, pero charla nos sobraba”.

Una de las características más recordadas del ciclo era su espontaneidad, ya que nada estaba guionado. Con el tiempo, sumaron momentos icónicos como compartir un whisky o incluso comidas al aire, algo inusual para la época.
A lo largo de su carrera, Berruti se ganó el cariño del público, que lo reconocía en la calle por su labor como divulgador del cine. Él mismo lo contaba con orgullo: “La gente me dice: ‘Gracias por el cine que nos dieron. Empecé a gustar del cine por usted’”.
Su tarea no solo se limitó a los medios: también participó como jurado en premios fundamentales de la cultura argentina y acompañó de cerca la producción nacional durante décadas.
Además de su paso por la televisión, desarrolló una extensa carrera en radio, con ciclos como Detrás del espejo y Plumas, bikinis y tangos, y fue distinguido con premios como el Konex en 1987.
Su mirada, caracterizada por la sensibilidad, el rigor y el amor por el arte, lo convirtió en una referencia para generaciones de periodistas y espectadores.
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