
Murió Juan Carlos “Cacho” Elías, empresario y uno de los fundadores de El Topo, la tradicional marca de churros creada en 1968 en Villa Gesell y transformada con el paso de las décadas en un emblema del verano argentino. Tenía 85 años y fue una figura central en el crecimiento de la compañía desde sus inicios en la Costa Atlántica hasta su expansión nacional.
La noticia fue confirmada por la propia firma a través de sus redes sociales, donde despidieron al empresario y anunciaron el cierre por duelo de la histórica “madriguera de la 83” durante el resto del verano.
En el mensaje lo describieron como “el de las ideas locas, el carismático, un trabajador incansable” y agregaron: “Ya debe estar contando sus miles de anécdotas en donde quiera que esté”. También enviaron condolencias a “Betty, su compañera de toda la vida”, y a sus hijas y nietos.
De un accidente a una marca icónica
La historia de El Topo comenzó como la de muchos emprendimientos argentinos: casi por necesidad. “Cacho” Elías y Hugo Navarro trabajaban como cadetes en moto hasta que un accidente de tránsito los obligó a cambiar de rumbo.
Tras desempeñarse como repartidor de churros, Elías propuso emprender en ese rubro. Hubo intentos fallidos en Buenos Aires hasta que decidieron apostar por el crecimiento turístico de Villa Gesell, que por entonces comenzaba a consolidarse como destino de verano.
En 1968 abrieron su primera churrería en un pequeño local entre las calles 109 y 110. El nombre “El Topo” surgió por sugerencia de un letrista, inspirado en el personaje Gigio. Desde el inicio buscaron diferenciarse: incluso escribieron la palabra “churros” al revés en el cartel como estrategia para llamar la atención en una ciudad que cada temporada recibía más visitantes.
El crecimiento fue rápido. En 1969 inauguraron una sucursal en Necochea, luego dividieron la gestión y comenzaron una expansión sostenida que con el tiempo se convirtió en un emprendimiento familiar, hoy administrado por los hijos de los fundadores.
Innovación, crisis y expansión
En sus primeros años la oferta era simple: churros de dulce de leche y crema pastelera. Tras la crisis de 2001, la firma amplió el menú con medialunas, chipá, tortas fritas y bolas de fraile.
La innovación que marcó un antes y un después fue el churro relleno de roquefort, que inicialmente generó sorpresa y luego se transformó en un clásico. Más tarde se sumaron variedades como leberwurst, aceituna, jamón y queso y nutella, reforzando la identidad propia de la marca.

En 2009, El Topo desembarcó en la Ciudad de Buenos Aires con su primera madriguera en Palermo. Luego expandió su presencia en la capital y consolidó locales en distintos puntos de la Costa Atlántica como Mar Azul, Pinamar, Valeria del Mar y Cariló.
El fenómeno viral que cambió todo
Uno de los hitos más inesperados ocurrió en 2020, cuando un comentario crítico del humorista Lucas Lauriente sobre los churros de roquefort derivó en una respuesta irónica desde la cuenta oficial que se volvió viral.
En pocos días la marca multiplicó su comunidad digital, alcanzando casi 20.000 seguidores en TikTok y 127.000 en X (ex Twitter). Desde entonces profundizó una estrategia basada en el humor, la interacción constante y un lenguaje descontracturado con su comunidad, a la que bautizó “sapiens”. Esa combinación de tradición e innovación digital terminó de consolidar a El Topo como algo más que una churrería de verano.
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