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Alarma en el océano Austral: el calentamiento global amenaza la supervivencia de la ballena franca en Australia

Un estudio científico reveló una fuerte caída en la tasa reproductiva de la ballena franca austral en aguas australianas. La investigación vincula el fenómeno con el calentamiento global y advierte que la población actual representa apenas una fracción de los niveles preindustriales.

La ballena franca austral enfrenta un nuevo y preocupante desafío en Australia. Un estudio publicado en la revista Scientific Reports reveló que la población de este mamífero marino se está reproduciendo cada vez menos, en un contexto directamente asociado al cambio climático y a la transformación de los ecosistemas del océano Austral. La investigación fue realizada por científicos australianos que analizaron más de tres décadas de datos en el Gran Golfo Australiano, dentro del área protegida indígena de Yalata.

¿Qué está ocurriendo? La tasa de nacimientos cayó de manera significativa y los intervalos entre partos se volvieron más extensos. ¿Dónde? En las costas del sur de Australia, una de las principales áreas de reproducción de la especie. ¿Cuándo? El análisis abarca el período 1991–2024 y muestra un deterioro progresivo en los últimos años. ¿Quiénes lo detectaron? Investigadores de universidades australianas especializados en mamíferos marinos. ¿Por qué? La evidencia apunta a la reducción del hielo marino antártico, la alteración de las condiciones oceánicas y fenómenos como la Oscilación Antártica positiva, todos vinculados al calentamiento global provocado por la actividad humana.

Una especie centinela del cambio climático

La Eubalaena australis, nombre científico de la ballena franca austral, habita principalmente las aguas frías del hemisferio sur, desde América del Sur hasta Sudáfrica y Australia. Sin embargo, en territorio australiano la población muestra señales de declive.

Los científicos consideran a esta especie como un verdadero indicador ecológico o “especie centinela”, capaz de reflejar cambios profundos en el ambiente marino. Su comportamiento reproductivo y sus desplazamientos permiten medir el impacto de las alteraciones climáticas en los ecosistemas australes.

La doctora Claire Charlton, líder del Programa Australiano de Ballena Franca, advirtió con contundencia: “Este retroceso reproductivo es una señal de advertencia para la especie y subraya la necesidad urgente de esfuerzos coordinados de conservación en el océano Austral ante el cambio climático provocado por el ser humano”.

Tres décadas de datos que confirman la caída

El equipo científico analizó más de 30 años de fotoidentificación, una técnica que permite reconocer ejemplares individuales a partir de las marcas únicas en su cabeza. Entre 1991 y 2024 detectaron una disminución sostenida en la tasa reproductiva.

La caída de nacimientos coincide con la reducción del hielo marino en la Antártida y con cambios en la disponibilidad de alimento, especialmente el kril, base de la dieta de muchas especies marinas.

2.900+ Ballena Franca Austral Fotografías de stock, fotos e imágenes libres  de derechos - iStock | Peninsula valdes

Datos complementarios obtenidos mediante relevamientos aéreos entre 1976 y 2024 estiman que la población australiana actual oscila entre 2.346 y 3.940 individuos, lo que representa apenas entre el 16% y el 26% de los niveles preindustriales. Además, el número de crías descendió de 222 en 2016 a 200 en 2024, según cifras de la Universidad de Tasmania.

“El cambio climático en la Antártida ya se refleja en la costa australiana”, aseguró Charlton, subrayando la conexión directa entre los procesos polares y los efectos visibles en zonas de reproducción.

Ecosistemas que cambian y amenazas que se acumulan

El estudio también advierte que el impacto climático no actúa solo. La especie enfrenta múltiples amenazas humanas, entre ellas colisiones con embarcaciones, contaminación acústica submarina, enredos en redes de pesca y la degradación del hábitat marino y costero.

A esto se suma la disminución del kril, vinculada a la pérdida de hielo marino y al aumento de las olas de calor oceánicas. Como respuesta, algunas ballenas comenzaron a desplazarse hacia zonas subantárticas y a diversificar su dieta, priorizando presas más ricas en copépodos.

Esta adaptación refleja una transformación profunda del ecosistema. Tendencias similares ya se registraron en Sudamérica y Sudáfrica, donde otras especies dependientes del kril también muestran señales de estrés ambiental.

Una recuperación incompleta y un futuro incierto

La ballena franca austral estuvo al borde de la extinción tras la caza comercial intensiva de los siglos XIX y XX. Aunque la protección internacional permitió una recuperación parcial, los números actuales demuestran que la especie aún no ha logrado restablecerse completamente.

Los científicos insisten en la importancia de los programas de monitoreo a largo plazo, que permiten anticipar riesgos y diseñar estrategias de conservación. La información acumulada durante cuatro décadas en la Gran Bahía Australiana constituye una base clave para comprender la evolución poblacional.

El panorama, sin embargo, es incierto. La combinación de calentamiento global, reducción del hielo antártico y presión humana directa configura un escenario complejo para la supervivencia de esta especie emblemática.

La ballena franca austral no solo representa un patrimonio biológico del hemisferio sur: su declive es también un mensaje claro sobre la magnitud de los cambios que atraviesan los océanos del planeta.

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