
El equipo de Boing se adentró en el barrio 7 de Septiembre, ubicado en la zona noroeste de Rosario, un territorio vulnerado durante años por la violencia y cuyo nombre fue asociado a balaceras, miedo y disputas entre bandas narco.
Sin embargo, quienes viven allí aseguran que en el último tiempo la realidad empezó a cambiar lentamente.
En el recorrido nuestro cronista charló con vecinos, trabajadores territoriales y funcionarios provinciales para conocer cómo intervienen las políticas sociales y de seguridad que actualmente actuan en la zona. Los vecinos relatan que “hoy vuelven a verse chicos jugando en la calle”.

Esta realidad se genera a partir de una presencia del estado que, en el discurso de quienes fueron entrevistados, antes no era percibida de la misma forma.
El programa “Familias Priorizadas”, impulsado por el Ministerio de Igualdad y Desarrollo Humano dentro de la estrategia de Intervención Barrial Focalizada (IBF), que combina presencia policial, coordinación judicial y acompañamiento social en sectores atravesados por la violencia.

“Hay un 13% del territorio de Rosario donde históricamente se concentraban la mayoría de las muertes y heridos de arma de fuego”, explicó Jorge Elder, subsecretario de Abordajes Sociales. “La idea fue empezar a trabajar sobre las familias y los jóvenes más expuestos a esas dinámicas”.
Según detallaron desde el Gobierno provincial, el trabajo comienza con operativos de seguridad y luego continúa con equipos territoriales que realizan relevamientos casa por casa, detectan situaciones de vulnerabilidad y acompañan a familias donde hubo homicidios, personas detenidas, violencia de género o consumos problemáticos.
“Había un prejuicio de que nadie iba a abrir la puerta, y pasó todo lo contrario”, contó Elder durante la recorrida. “Muchas veces encontramos familias atravesadas por situaciones muy duras y con necesidad de acompañamiento”.

Además de los programas sociales, en el barrio también avanzaron obras de iluminación, mejoras en pasillos y recuperación de espacios comunes. Los funcionarios sostienen que esas intervenciones, sumadas a programas como Nueva Oportunidad —destinado a jóvenes— ayudan a recuperar la vida cotidiana en sectores históricamente golpeados y vulnerables de ser cooptados por el mercado delictivo.
“La cancha sola no cambia todo, pero cuando viene acompañada de presencia del Estado sí empieza a transformar el barrio”, señalaron desde los equipos territoriales.
Aunque reconocen que la problemática está lejos de resolverse por completo, tanto vecinos como funcionarios coinciden en que hoy el clima en el barrio es distinto al de años anteriores.

“Las organizaciones criminales siguen existiendo, pero ahora también hay un Estado presente trabajando adentro de los barrios”, resumió Elder.
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