
La Federación Argelina de Fútbol (FAF) presentó un reclamo formal ante la FIFA luego de la derrota por 3-0 frente a Argentina en la primera fecha del Grupo J del Mundial 2026. Según informaron medios argelinos y franceses, el organismo cuestionó dos jugadas protagonizadas por Lionel Messi y Alexis Mac Allister, que consideran mal resueltas por el árbitro polaco Szymon Marciniak y el equipo del VAR.
La presentación fue revelada por los diarios argelinos TSA y Compétition, que señalaron que la queja apunta a dos acciones puntuales que, según la dirigencia africana, debieron derivar en sanciones disciplinarias más severas para jugadores argentinos. La noticia fue posteriormente replicada por el diario francés L’Equipe.
El primer episodio cuestionado ocurrió a los 31 minutos del primer tiempo, cuando Messi protagonizó un cruce con el capitán argelino Aissa Mandi. La federación sostiene que la acción merecía al menos una revisión más profunda y remarcó que no hubo sanción disciplinaria ni intervención del VAR.
RASPA EL CAPITÁN: Messi fue con todo a presionar la salida de Argelia y cometió falta.
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El segundo reclamo se centra en una jugada protagonizada por Alexis Mac Allister e Ibrahim Maza, a quien desde Argelia consideran víctima de un codazo en el rostro. Según la presentación, tampoco hubo castigo para el mediocampista argentino.
De acuerdo con Compétition, la postura de la FAF es que ambas acciones “podrían haber dado lugar a expulsiones de jugadores argentinos”, situación que le habría permitido a Argelia disputar buena parte del encuentro con superioridad numérica.
La polémica principal gira alrededor de la acción de Messi. El reglamento de la IFAB, a través de la Regla 12, contempla tres posibles interpretaciones para este tipo de infracciones: imprudente, temeraria o con uso de fuerza excesiva. La primera no requiere sanción disciplinaria, la segunda amerita tarjeta amarilla y la tercera implica expulsión directa.
Todo indica que Marciniak consideró que la jugada encuadraba dentro de una acción imprudente, ya que ni siquiera mostró tarjeta amarilla. Desde distintos sectores del fútbol, la maniobra fue interpretada como una acción muy lejana al concepto de uso de fuerza excesiva que justificaría una expulsión.
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