
Argentina volverá a ser protagonista de una misión espacial histórica. Cuando la NASA lance Artemis II, el primer vuelo tripulado que orbitará la Luna en más de 50 años, a bordo del poderoso cohete SLS viajará también ATENEA, un nanosatélite argentino diseñado para validar tecnologías críticas en condiciones reales de espacio profundo. El lanzamiento está previsto a partir del 6 de febrero, desde el Centro Espacial Kennedy, en Estados Unidos, con una ventana que se extenderá hasta fines de abril.
ATENEA es un CubeSat clase 12U, un tipo de satélite de pequeñas dimensiones que se volvió central en la nueva economía espacial por su bajo costo y rapidez de desarrollo. El proyecto fue impulsado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto a universidades nacionales, organismos científicos y la empresa estatal VENG S.A., y tiene como objetivo principal elevar el nivel de madurez tecnológica de componentes desarrollados íntegramente en la Argentina.
Aunque formará parte de una misión lunar, el satélite no llegará a la Luna. Será desplegado unas cinco horas y media después del despegue, a unos 45.000 kilómetros de la Tierra, y alcanzará una altura máxima cercana a los 70.000 kilómetros, el doble de la órbita geoestacionaria. Aun así, marcará un récord y será el dispositivo argentino que haya volado más lejos del planeta hasta el momento.

“ATENEA es un satélite chico en tamaño, pero muy ambicioso en objetivos. La idea es probar hardware diseñado y fabricado en la Argentina en un entorno extremo”, explicó Juan Pablo Cuesta González, líder del proyecto en la CONAE. Según detalló, la validación en vuelo real es clave para que estos desarrollos puedan escalar a futuras misiones y también para abrir oportunidades de cooperación y exportación tecnológica.
Entre los experimentos que llevará a bordo se destaca un receptor GPS capaz de funcionar por encima de la constelación tradicional de satélites, además de computadoras desarrolladas por universidades nacionales, dosímetros para medir radiación al atravesar los cinturones de Van Allen y un fotomultiplicador de silicio con potencial aplicación en misiones lunares y de exploración profunda. “Todo es experimental. Es aprender haciendo”, resumió Cuesta.

La inclusión de ATENEA en una misión tripulada no fue un trámite menor. “Los estándares de seguridad y calidad que exige la NASA para integrar un satélite a un vuelo con astronautas son extremadamente altos”, señaló Marcelo Colazo, gerente de Vinculación Tecnológica de la CONAE. Además, destacó que la misión permitirá ganar experiencia en comunicaciones y operación a distancias mucho mayores a las habituales para el país.
El proyecto también tiene un fuerte componente formativo. Estudiantes y jóvenes profesionales argentinos participaron de la integración final del satélite en Estados Unidos y estarán a cargo de recibir su telemetría tras el lanzamiento. “Cumplir con los estándares de la NASA y que el proyecto haya sido aprobado es un orgullo enorme”, contó Aldana Guilera, estudiante de Ingeniería Aeroespacial de la UNLP, integrante del equipo técnico.

Para quienes trabajaron en ATENEA, el nanosatélite representa algo más que un experimento tecnológico. “Muchas veces en Argentina se hace ciencia y tecnología de primer nivel que no se conoce. Estar en Artemis II es una oportunidad única para mostrarlo”, afirmó Cuesta. En la misma línea, el secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, sostuvo que la misión “demuestra que el país tiene el talento y la capacidad para ser parte activa de la nueva economía espacial”.
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