
La muerte de Ernesto Cherquis Bialo dejó un vacío enorme en el periodismo deportivo argentino, pero también revalorizó su legado. Entre sus textos, análisis y entrevistas, reapareció con fuerza una de sus definiciones más impactantes: su mirada sobre Diego Maradona, una síntesis que atraviesa la historia del fútbol y la condición humana.
Durante una entrevista en el programa Cada noche, el histórico periodista fue consultado con una pregunta simple pero desafiante: cómo definir a Maradona. Su respuesta, fiel a su estilo, escapó de lo obvio y construyó una de las descripciones más completas que se hayan escuchado.
“¿Cuál Maradona? Hay muchos. Hay ocho, nueve Maradonas. Hay un Maradona que jugó al fútbol, un Maradona que alcanzó la celebridad, hay un Maradona hijo que murió cuando murieron sus padres, hay un Maradona padre que se reinventa cada día, hay un Maradona amigo que va recambiando amistad, hay un Maradona efectivo y un Maradona sublime, un Maradona abyecto y un Maradona fenomenal…”, comenzó.
Lejos de encasillar al ídolo, Cherquis lo entendió como una suma de contradicciones, como un personaje imposible de reducir a una sola dimensión. Y en esa construcción, dejó una de las frases más recordadas:
“Es la suma de todo eso en un solo hombre. Un genio, una maravilla. Fiorito y Dubái. Barro y siete estrellas. Canillas de oro y letrina. Maradona es el producto de todo eso… y el mejor jugador de fútbol argentino y el mejor de todas las épocas”.
Esa definición, que hoy resurge tras su fallecimiento, sintetiza no solo la figura de Maradona, sino también la mirada periodística de Cherquis Bialo: profunda, literaria y atravesada por la comprensión de lo humano detrás del mito.
En ese mismo diálogo, también dejó una reflexión sobre Lionel Messi, estableciendo una comparación que no buscaba competir, sino explicar dos trayectorias completamente diferentes.
“Messi es el mejor jugador del mundo de la actualidad, pero siempre estuvo en el rol lógico en que la vida lo puso”, analizó, marcando un contraste con la vida de Maradona.
Y profundizó: “Maradona fue el papá de sus padres, el protector de todos. Mientras que Messi fue la criatura lógica que nació, se desarrolló y se consagró dentro de la contención”.
Una vez más, Cherquis evitó el lugar común de la comparación futbolística para centrarse en lo que consideraba clave: el contexto, la historia personal y el recorrido de vida de cada uno.

No es casual que estas palabras cobren otra dimensión tras su muerte. Cherquis Bialo no fue un periodista más: fue un narrador del deporte, un hombre que entendía que detrás de cada figura había una historia compleja, llena de matices.
Nacido en Montevideo y radicado en Buenos Aires desde joven, construyó una carrera que lo llevó a ser director de la revista El Gráfico entre 1982 y 1990, en plena época dorada del periodismo deportivo. También cubrió momentos históricos del boxeo argentino, con figuras como Carlos Monzón, Nicolino Locche y Ringo Bonavena, y fue vocero de la AFA durante la gestión de Julio Grondona.
Ganador de cuatro premios Martín Fierro y un Premio Konex, su estilo dejó una marca que todavía hoy influye en generaciones de periodistas.
Hoy, con su partida, esas palabras no solo se recuerdan: se transforman en parte de su legado. Porque si algo dejó claro a lo largo de su vida, es que el periodismo, cuando es verdadero, no solo informa: también explica y emociona.
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