
El acceso al agua potable sigue siendo un desafío estructural en amplias zonas de Santa Fe. Aunque en Rosario entre el 85% y el 90% de la población cuenta con este servicio, todavía hay barrios periféricos —principalmente en el norte, oeste y sur— donde unas 120 mil personas enfrentan problemas por falta de red, baja presión o conexiones informales. A esto se suma la ausencia de cloacas y la situación se agrava en localidades del interior que directamente no tienen acceso a agua segura o presentan altos niveles de contaminantes como hierro y manganeso.
En este contexto, investigadores del CONICET y del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario trabajan en el desarrollo de biosensores y soluciones biotecnológicas que permitan detectar contaminantes y mejorar la calidad del agua. El equipo liderado por Natalia Gottig logró aislar bacterias capaces de remover metales presentes en el agua, transformándolos en partículas que luego pueden ser filtradas, lo que abre la puerta a tratamientos más sustentables y accesibles.
Los primeros ensayos ya mostraron resultados concretos en localidades como Las Toscas y Villa Ocampo, donde se logró mejorar la calidad del agua que originalmente tenía altos niveles de hierro y manganeso. En estos casos, se reemplazaron métodos físico-químicos tradicionales por sistemas biológicos que utilizan biofilms bacterianos adheridos a filtros, optimizando la retención de contaminantes. Posteriormente, el sistema fue escalado y aplicado también en Cayastá, con resultados positivos.
El desarrollo surge de años de investigación en microbiología, donde el equipo estudió los mecanismos de adaptación de bacterias y su potencial aplicación en ambientes reales. Uno de los principales desafíos fue mejorar la eliminación de manganeso, ya que en condiciones naturales hay pocas bacterias capaces de oxidarlo. Para resolverlo, los científicos seleccionaron cepas no patógenas con alta capacidad de retención, que demostraron ser eficaces en pruebas de laboratorio y en campo.
El problema no es menor: más de 30 localidades santafesinas presentan concentraciones de hierro y manganeso por encima de los niveles permitidos, una situación que también se replica en provincias como Entre Ríos, Chaco, Buenos Aires, Salta, Corrientes y Misiones. Estas sustancias, aunque naturales, afectan la calidad del agua y pueden tener consecuencias sanitarias a largo plazo.
Si bien el sistema desarrollado muestra gran potencial, los especialistas advierten que no puede aplicarse de manera domiciliaria. Se trata de procesos que requieren control técnico permanente, monitoreo de calidad y etapas de cloración antes de su distribución, por lo que deben ser implementados por municipios o comunas.
El próximo paso de la investigación apunta a ampliar el alcance del sistema: los científicos ya trabajan en la posibilidad de utilizar estas bacterias para retener metales pesados como mercurio, plomo y cadmio. De lograrlo, el avance no solo mejoraría el acceso al agua potable en regiones vulnerables, sino que también posicionaría a Rosario como un referente en innovación ambiental aplicada a problemas concretos.
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