
El número de víctimas fatales por las lluvias torrenciales que azotan el sureste de Brasil ascendió a 64 muertos en el estado de Minas Gerais, mientras los equipos de rescate continúan la búsqueda de 15 personas desaparecidas, informaron este jueves fuentes oficiales.
El nuevo balance, divulgado por el cuerpo de Bomberos, incluye el hallazgo de seis cadáveres que estaban reportados como desaparecidos. Aún permanecen al menos cinco personas sin localizar.
El mayor número de víctimas se registró en Juiz de Fora, ciudad de medio millón de habitantes ubicada en el sur del estado, cerca de la frontera con Río de Janeiro. Allí se contabilizan 53 fallecidos y 13 desaparecidos. El resto de las muertes se produjo en Ubá, municipio situado a unos 100 kilómetros, en la llamada Zona da Mata, una región serrana que suele sufrir intensas precipitaciones durante el verano austral.
El temporal comenzó el lunes y desde entonces provocó multitud de deslizamientos de tierra, graves inundaciones que anegaron barrios enteros y daños estructurales en infraestructuras.
Las lluvias persistieron este jueves por la mañana, generando nuevas inundaciones y derrumbes, mientras bomberos y fuerzas de seguridad mantienen un amplio operativo para rescatar a personas afectadas.
Alrededor de 4.700 habitantes de Juiz de Fora y Ubá debieron abandonar sus hogares desde el inicio del temporal y se encuentran en refugios temporales o alojados en casas de familiares. Sin embargo, otras estimaciones elevan la cifra a más de 5.000 evacuados ante el riesgo de nuevos colapsos.
Las precipitaciones excepcionales causaron inundaciones masivas, derrumbes de edificaciones y deslizamientos que sepultaron a decenas de personas, especialmente en Juiz de Fora y Ubá. Los servicios meteorológicos anticipan que las lluvias continuarán al menos hasta el fin de semana.
En la noche del miércoles la situación volvió a agravarse con nuevas precipitaciones que anegaron calles y provocaron más deslizamientos en zonas ya devastadas. Uno de los testimonios más conmovedores fue el de Luiz Otávio Souza, promotor de ventas de 35 años cuyo sobrino permanece desaparecido. “Llovió mucho, el barranco cayó todavía más y la defensa civil nos llamó a evacuar”, relató a la agencia AFP.
Desde el barrio Parque Burnier, uno de los más golpeados —con 12 muertos y 8 desaparecidos— agregó entre lágrimas: “Todo el mundo está en pánico, amigos y parientes preguntando cómo estamos, parece una película de terror”.
La madrugada del jueves dejó más escenas críticas: tres viviendas quedaron sepultadas por deslizamientos en el barrio Tres Moinhos, aunque sus ocupantes habían sido evacuados previamente. En las escasas horas sin lluvia, decenas de vecinos regresaron apresuradamente para recuperar muebles, electrodomésticos, colchones e incluso mascotas, bajando por calles cubiertas de lodo en una carrera contrarreloj antes de que las precipitaciones retomaran su intensidad.
La tragedia también reavivó la discusión sobre las políticas de prevención de desastres en Brasil. El gobernador de Minas Gerais, Romeu Zema, negó en la red social X que su administración haya reducido inversiones en prevención contra lluvias en los últimos años.
Sin embargo, según informó el programa televisivo Jornal Nacional, el gobierno estatal habría recortado en un 95% los gastos destinados a mitigar el impacto de las precipitaciones durante los últimos tres años, dato que intensificó las críticas en medio de la emergencia.
Mientras continúan los operativos de rescate y las lluvias no dan tregua, el sur de Minas Gerais atraviesa una de las peores catástrofes climáticas de los últimos tiempos, con barrios arrasados, miles de desplazados y una cifra de víctimas que aún podría aumentar.
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