
Dueña de una belleza despampanante y un temperamento indómito, Brigitte Bardot es, fue y será una mujer icónica que marcó una época y sin exagerar, un siglo.
Nacida en el seno de una familia burguesa tradicional del distrito XV de París, creció rodeada de comodidades y sin carencias materiales, no así afectivas. Su madre, de carácter rígido y actitud distante, trataba a la mayor de las hermanas con displicencia e indiferencia.

Desde pequeña mostró su rebeldía, por ejemplo, cuando a los 14 años abandonó el conservatorio de danza clásica por considerarlo demasiado exigente, asfixiante de hecho. Paradójicamente, la danza sumada a su incomparable sex appeal, años más tarde la llevarían a convertirse en una de las mujeres más famosas del mundo.
Aquella escena de “Y Dios creó a la Mujer”, lo cambió todo: La danza sumada a su incomparable sex appeal, la llevarían a convertirse en una de las mujeres más famosas del mundo.
Sucedió en 1956 con la película “Y Dios creó a la Mujer” bajo la dirección de su primer marido Roger Vadim, quien también le sugirió que aclare su cabello hacia tonalidades más rubias; look que se transformaría junto con el maquillaje de ojos rasgados en su sello personal.
El film, de gran impacto cultural posguerra, plantea la libertad sexual de la mujer y la valentía por gozar de su sensualidad, casi una premonición de la vida que le esperaría a su protagonista.
El resto es historia. Brigitte Bardot se convirtió en el símbolo de la libertad y el desparpajo, del gozo de la belleza y el disfrute. Al mismo tiempo, la fama fue una jaula de cristal, asediada por paparazzis las 24 horas del día los 7 días de la semana, debió montar una sala de parto en su departamento del centro de París para poder dar a luz a su único hijo Nicolas-Jacques Charrier en Enero de 1960, fruto de su relación con el actor francés Jacques Charrier, iniciada durante el rodaje de la película “Babette va a la guerra”, y con quien se vio obligada a casarse producto del embarazo en curso.
El resto es historia. Brigitte Bardot se convirtió en el símbolo de la libertad y el desparpajo, del gozo de la belleza y el disfrute. Al mismo tiempo, la fama fue una jaula de cristal, asediada por paparazzis las 24 horas del día los 7 días de la semana.
Años más tarde, la relataría como una etapa oscura con un embarazo no deseado, que intentó interrumpir pero no pudo porque ningún médico quiso asumir el riesgo de practicar un aborto a la gran Brigitte Bardot; asimismo reconoció que ser madre soltera le causaba pánico y fue por eso que decidió casarse con Charrier. En un reportaje para la revista Elle dijo “Era una locura. La sala de parto instalada en mi casa, los fotógrafos detrás de las ventanas, los que se disfrazaban de médicos para sorprenderme. No había ninguna intimidad. Fue terrible. Asocié el nacimiento de mi hijo con ese trauma. Y fue Nicolas quien pagó las consecuencias”.

De las innumerables relaciones que tuvo, la que se vio forzada a entablar con el embarazo, su cuerpo durante ese proceso y posteriormente, con su hijo, fueron sin dudas las más problemáticas.
En 1996 publicó su autobiografía titulada “Initiales B.B: Mémoires (Iniciales B.B.: Memorias)” en la que desnudó con palabras sus sentimientos más íntimos y por qué no, oscuros. Tan lapidarios fueron sus relatos que Charrier, su ex marido junto a su hijo Nicolas-Jaques demandaron a Bardot por violación de su intimidad. La actriz fue condenada a pagar 250.000 francos y, si bien no lograron quitar de la venta el libro, sí se ordenó el agregado de la leyenda dando cuenta la existencia de una sentencia en su contra.
En su autobiografía, relata la metamorfosis que su cuerpo estaba a punto de atravesar por el embarazo, “Me miraba la panza plana en el espejo como si fuera una amiga a la que estaba por cerrarle el ataúd”. Profundiza: “En mi vida sufrí muchos dolores físicos al límite de lo soportable, y todos los afronté. Este que me carcome la panza […] sobrepasa por lejos las normas de la resistencia humana”.
De las innumerables relaciones que tuvo, la que se vio forzada a entablar con el embarazo, su cuerpo durante ese proceso y posteriormente, con su hijo, fueron sin dudas las más problemáticas.
Su percepción de la gestación fue también descrita con crudeza, “Otra vida dentro de mí, más fuerte que la mía, usaba ‘mi cuerpo’ para asumir su destino. Me había convertido en un capullo inútil que abandona la crisálida en el momento de su mutación definitiva.”
Quizás la frase que más reproches le generó fue esta: “Era un poco como un tumor que se había alimentado de mí, que yo había llevado en mi carne tumefacta, esperando solamente el momento bendito en que por fin me libraría de él.”

Cuenta asimismo en sus memorias, que casi inmediatamente luego del alumbramiento, rechazó a su hijo. No quería saber nada de él y fue así que casi tres años después de su nacimiento, cuando se divorció de Jacques Charrier le cedió la custodia completa; Nicolas-Jacques Charrier, sería criado en el seno de su familia paterna, manteniendo con su madre contactos esporádicos. En 2024 Bardot declaró a Paris Match: “Soy bisabuela de tres niños noruegos que no hablan francés y a los que veo rara vez.”
Se casó dos veces más, en 1966 con el millonario alemán Gunter Sachs, en Las Vegas en una boda de 7 minutos y a escondidas de todo y de todos. Quien se ocupó de que haya registro de ese momento fue el propio Gunter Sachs, que contrató numerosos fotógrafos para captar la escena desde diferentes ángulos. Cuenta la leyenda que el dandy alemán conquistó a Brigitte Bardot como parte de una apuesta con sus amigos y que su única aspiración era exhibirla como un trofeo. Quizás por eso, mientras estuvieron casados, cada uno hizo su vida: social y sexual.
Brigitte Bardot encarnó a la perfección la imagen y figura de una diva: libre, indomable, rebelde, provocadora, polémica, egoísta y todo condimentado con una belleza arrolladora que encandilaba hombres y mujeres a la par, incomodaba, inquietaba.
Finalmente, en 1992 contrajo matrimonio con quien sería su último marido, el empresario Bernard d’Ormale. Asesor y persona del círculo cercano del político francés de extrema derecha Le Penn, época que coincide con comentarios racistas, xenófobos y discriminatorios de la actriz y cantante.
Brigitte Bardot encarnó a la perfección la imagen y figura de una diva: libre, indomable, rebelde, provocadora, polémica, egoísta y todo condimentado con una belleza arrolladora que encandilaba hombres y mujeres a la par, incomodaba, inquietaba.
Tal fue el fenómeno generado por B.B. que Simone de Beauvoir, le dedicó un ensayo titulado “Brigitte Bardot y el síndrome de Lolita”. La filósofa, escritora y activista por los derechos de las mujeres encontró las palabras exactas para definir la femme fatal de todos los tiempos, “come cuando tiene hambre, tiene sexo cuando quiere y hace lo que tenga ganas: por eso es tan inquietante”.
La propia Bardot aseguró, “El amor, en abstracto, no significa nada si no está acompañado de una pasión. Amo el amor, quizá por eso fui infiel en muchas ocasiones. Tras cada relación, volvía en busca de nuevos amores. Siempre busqué la pasión. Cuando se terminaba, hacía la maleta.”

Cuando se repasa la vida y obra de la mujer que fue elegida por el mismísimo Charles De Gaulle para que sus rasgos, sus curvas, su figura encarne a Marianne, el símbolo de la República Francesa es innegable preguntarse si todo vale en nombre de la propia libertad. Si no hay límites a las pasiones, al deseo, al placer de sentirse deseada.
Es acaso ¿libertad o narcisismo? ¿Es posible, justo y valedero priorizarse siempre, ante todo y frente a todos? ¿Es verdaderamente libre quien es prisionero de sus impulsos? La mujer más atractiva de la historia, ¿fue libre o prisionera de su belleza?
“Brigitte Bardot encarnó una vida de libertad. Una existencia francesa, un resplandor universal. Nos conmovió. Lamentamos una leyenda del siglo”, enunció el presidente francés Emmanuel Macron.
Se despidió a los 91 años una de las mujeres más deseadas, más perseguida, más imitada y más amada y más odiada del mundo. Siempre acompañada y siempre sola, aislada en su refugio de St. Tropez con sus animales. Murió como vivió, rodeada de su propia presencia: una presencia que ocupaba tanto espacio, que no cabía nadie más a su lado.
Es acaso ¿libertad o narcisismo? ¿Es posible, justo y valedero priorizarse siempre, ante todo y frente a todos? ¿Es verdaderamente libre quien es prisionero de sus impulsos? La mujer más atractiva de la historia, ¿fue libre o prisionera de su belleza?
Comentarios