
Vivimos en una sociedad que encuentra seguridad en las etiquetas, y cuando de profesiones se trata, la elección conlleva prácticamente el delineado de una identidad, un círculo de pertenencia, un lugar seguro.
Desde títulos profesionales obtenidos por mandato familiar o social en completa desconexión con las preferencias personales e individuales, hasta simplemente dejar de encontrar placer en las labores, convirtiéndose la rutina diaria en un derrotero de obligaciones sin gratificaciones; el dilema es el mismo: qué quiero hacer de mi vida?
La única certeza es la necesidad de un cambio de rumbo, el resto es incertidumbre y ansiedad. No es sencillo, y con seguridad, tampoco imposible.
El escenario es ambigüo; en el momento en que se habita la desorientación total, la llave maestra del acertijo es conectar con lo más profundo de cada uno y bucear en aquello que devuelve el alma al cuerpo. Lo que sea que haga que el tiempo fluya por los cauces del destino, del verdadero propósito.
“Vuelvo a Argentina, terminé la maestría fue toda una transición, yo estaba muy estresada y me digo, quiero ponerme a hacer algo que me distraiga, que me despeje y aparece un curso de formulación de cosméticos naturales. Hago todos los talleres y ahí es como se despertó esto que fue imparable”, relata Agustina Marini, Ingeniera Industrial de profesión y dueña de Rosehip, una marca local de cosmética natural con proyección nacional e internacional que hoy cuenta con una amplia gama de productos, fórmulas propias registradas para venta en farmacias y venta mayorista y minorista.
Agustina trabajó siempre en relación de dependencia en el área de finanzas y en el momento en que dio con su verdadera pasión estaba atravesando un excelente momento laboral, llena de desafíos y con una gran proyección de carrera. Pero la pasión estaba en otro lado. No fue fácil la decisión ni la transición, fueron años de esfuerzo físico y psicológico.
“Fue un trabajo larguísimo, una pelea; que hoy te digo fue muy largo todo. No me animaba a soltar mi laburo por lo que significaba para mi la tranquilidad económica, yo este emprendimiento lo empecé de cero, con todo lo mio, lo armé de la nada. Nunca pedí un préstamo, nunca nadie invirtió en esto, fui yo con paciencia y lo fui construyendo; entonces no me animaba a soltar. Era un trabajazo el que tenía, era muy bueno el puesto.”

El camino interno es -muchas veces- cuesta arriba y más arduo que el esfuerzo físico que requiere la tarea, reconocer que las elecciones y las metas profesionales fijadas en algún momento ya no nos representan, es un duelo. Hay que dejar morir la identidad que habitaba el cuerpo y reconocer que las elecciones actuales implican un cambio de vida, de formas, de rutina.
Por otro lado, es salir del pensamiento intrusivo que muchas veces planta la idea del fracaso. Cómo vas a dudar de una profesión que hace una década ejercés? Si es lo único que sabés hacer, ahora te vas a plantear un giro copernicano en tu vida profesional? Asumir la necesidad de un cambio, no es para todos un camino recto.
La identidad profesional ocupa un espacio enorme en el delineado del perfil social, cambiarla o advertir que ya no resuena, nos enfrenta de algún modo a una crisis de personalidad, a una reformulación forzosa. Agustina lo pone en palabras exactas: “Lo trabajé mucho en terapia, ponerme a pensar si estaba dando lo que la empresa requería de mi. Yo sentía que en la empresa ‘cumplía’ pero en mi emprendimiento creaba, volaba. No disfrutaba el trabajo en la empresa, pero me daba seguridad. Disfrutaba lo que era mio, lo que había hecho para mi.”
Llega un momento en el que la decisión se vuelve un elefante dentro de un baño, imposible de evitar, imposible de ignorar; “fue decir basta, soltá, tenés que estar mas segura de vos. Yo iba a poder, y si no funcionaba, me buscaba otro trabajo”, recuerda Agustina. La decisión es un instante, el trabajo previo, un universo.
Seguridad, confianza, ganas y sobre todo, valentía son algunos de los requisitos a tener en cuenta para pegar el volantazo profesional e ir por aquello que se considera el propósito de vida. El camino estará repleto de avances y retrocesos, pero la mirada debe estar puesta en la meta.
Cuando le pregunté a Agus qué consejo le daría a quien está pensando en lanzarse a por la pasión, dice: “La dedicación es el punto número uno, conocer en profundidad el negocio o lo que se quiera llevar a cabo; no es invertir en algo porque sí. Hay que entender el mercado, entender el producto, diferenciarse; es enamorarse de la idea y fundamentalmente entender que es un proceso, no es de un día para el otro.”
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