
Central volvió a vivir una de esas noches que explican por qué la Copa Libertadores se juega también en las tribunas. Desde temprano, con la apertura de puertas a las 17, el Gigante de Arroyito empezó a latir distinto. El clima húmedo, típico de la ciudad, acompañó una previa cargada de ansiedad, mientras los hinchas canallas iban copando cada rincón con una mezcla de optimismo y convicción.
La escena se completó con la presencia de cerca de 600 simpatizantes paraguayos ubicados en el estadio, en una jornada que tuvo color, intensidad y expectativa. No era una noche más: el equipo llegaba invicto, bien posicionado en el Grupo H y con dos triunfos como visitante que lo habían transformado en uno de los animadores de la zona.
El equipo de Jorge Almirón salió a jugar con esa energía que bajaba desde las tribunas. Sólido, protagonista y dueño de las acciones, Central manejó el ritmo del partido desde el inicio. El primer gran estallido parecía llegar sobre el final del primer tiempo, cuando el árbitro Wilton Sampaio sancionó penal tras revisar una infracción sobre Alejo Véliz.
Pero la noche tuvo su momento de tensión. Ángel Di María se hizo cargo, el estadio contuvo el aire y Rodrigo Morínigo se convirtió en héroe momentáneo: atajó el penal y también el rebote. El grito de gol quedó atragantado, aunque la reacción fue inmediata. Lejos de la reprobación, el Gigante respondió con un respaldo cerrado: “fideo, fideo, fideo”. Una escena que dice tanto como cualquier resultado.
El complemento mantuvo la lógica. Central fue, insistió y empujó. Hasta que a los 11 minutos llegó el desahogo: centro preciso de Di María y aparición de Ovando para marcar el 1 a 0. Esta vez sí, el grito fue completo. Fue alivio, explosión y comunión con un equipo que representa lo que la gente quiere ver.
Lo que siguió fue casi una consecuencia. El Canalla controló el desarrollo, sostuvo la ventaja y dejó que el partido se fuera consumiendo entre la tranquilidad del resultado y la sensación de que algo importante está en construcción.
Los números acompañan esa percepción: tres victorias, un empate y el arco en cero reflejan la solidez de un equipo que empieza a perfilarse como protagonista en su grupo y en la competencia.
En paralelo, el calendario no da respiro. Se viene el cruce ante Independiente en el torneo local y luego el cierre de la fase de grupos primero en Arroyito frente a Universidad Central de Venezuela, con la posibilidad concreta de asegurar la clasificación a octavos y finalmente ante Independiente del Valle en Ecuador.
Pero más allá de lo que vendrá, hay una certeza que atraviesa todo: la gente ya eligió creer. En la previa lo dijeron sin vueltas: “pelear todo”. Y en esa sintonía, equipo y tribuna parecen avanzar juntos.
Así se vivió la jornada en Arroyito
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