
Entender qué pasa por la cabeza de un adolescente suele ser un desafío indescifrable para muchos padres. Sin embargo, para la doctora Teresa Torralvo, la respuesta no está en el capricho, sino en la biología. En una entrevista con Antes de Todo por Radio Boing, la neuropsicóloga explicó que la adolescencia es hoy una etapa mucho más extensa de lo que se creía, abarcando desde los 12 hasta los 25 años. Durante este periodo, el cerebro atraviesa una reconfiguración total que explica la montaña rusa emocional de los chicos.
Torralvo, formada en la Universidad Favaloro, utiliza una analogía muy gráfica para describir esta etapa: “Tenemos una Ferrari sin frenos. El área emocional está súper desarrollada e intensa, pero el lóbulo frontal, que es el encargado de poner el freno de mano, de planificar y de controlar los impulsos, está todavía inmaduro”. Según la especialista, esta desconexión madurativa es la que genera esas conductas que a los adultos nos parecen irracionales o desmedidas.
Uno de los puntos más luminosos que destaca la profesional es el concepto de plasticidad neuronal. Así como los primeros años de vida son fundamentales, la adolescencia representa una “segunda ventana” de oportunidad. Entre los 13 y los 18 años, el cerebro vuelve a ser extremadamente permeable a los estímulos del entorno.
“Todo lo que no se usa en esta etapa, se pierde a través de la poda neuronal”, advirtió Torralvo. Por eso, considera vital presentarles a los jóvenes estímulos positivos y desafíos que ayuden a configurar redes neuronales sanas para el resto de su vida adulta. En este sentido, el impacto de las pantallas y las redes sociales juega un rol clave, ya que el cerebro actual se está sintonizando en compañía constante de la tecnología.
En su libro, la doctora invita a los adultos a cambiar el control por la guía. Para Torralvo, la clave reside en la información: cuando un padre entiende que la reacción de su hijo tiene una base neurobiológica, la empatía surge de forma natural. “Cuando uno tiene conocimiento certero, la seguridad que uno transmite hace que el joven entienda el límite”, aseguró.
El libro recorre temas críticos como el consumo de sustancias, el manejo del estrés, el bullying y la relación con los pares. La propuesta es clara: abandonar el juicio rápido para pasar a un acompañamiento basado en la ciencia. Entender que el cerebro de un chico de 15 años es biológicamente distinto al de un joven de 20 permite establecer una comunicación más clara y menos conflictiva en este 2026 que nos desafía con estímulos constantes.}
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