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Cinco estrenos el último jueves de febrero

Una candidata al Óscar, la vuelta de Francella, una animada y Elvis en concierto, renuevan la cartelera rosarina este jueves 26 de febrero.

“Amélie y los secretos de la lluvia”

Hija de un diplomático, la autora belga Amélie Nothomb dedicó buena parte de su obra literaria a las memorias de sus experiencias en Asia. En el caso puntual de Amélie y los secretos de la lluvia, se centra en los recuerdos del período entre los dos y tres años con su familia afincada en una hermosa zona suburbana del Japón.

En ese contexto por momentos idílico, de pleno y directo contacto con la naturaleza, mientras su padre se la pasa viajando y su madre lucha para sobrellevar las exigencias cotidiana (Amélie tiene dos hermanos), esta encantadora, curiosa e imaginativa niña (en un momento está convencida de que ella es Dios) va estableciendo una relación cada vez más cercana con Nishio-san, la ama de llaves de su familia.

Más allá de la ternura de la protagonista, de los atractivos del lugar y de las en principio inocentes experiencias que vive la pequeña, los directores van exponiendo -sin apartarse jamás del punto de vista de Amélie- las miserias del Japón de posguerra y las fuertes tensiones que generan ciertos personajes nacionalistas que manifiestan un profundo resentimiento hacia los europeos luego de la humillante derrota bélica.

Simpática y melancólica, lírica y entrañable, encantadora y algo triste a la vez, Amélie y los secretos de la lluvia es de esos films que manejan diferentes niveles lecturas: uno más básico para los chicos y otro en el que los adultos pueden encontrar otras dimensiones y matices.

La animación es sencilla, minimalista y al mismo tiempo muy particular, sin grandes despliegues técnicos pero pletórica de bellos, inteligentes y expresivos detalles. Así, con enorme delicadeza y sensibilidad para asomarse a la mirada de la infancia, exponer desde la fascinación al descubrir el chocolate hasta el dolor de confrontar, por ejemplo, la muerte de la abuela; y describir las contradicciones de una vida en una sociedad tan distinta como la japonesa, Amélie y los secretos de la lluvia surge como una sorprendente ópera prima de animación merecedora de todas las distinciones que ha recibido en los últimos meses.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

Showcase y Cinépolis.

 

“Playa de lobos”

En su segundo largometraje como guionista y director, Javier Veiga juntó a un popular actor español como Dani Rovira (Ocho apellidos vascos) con un astro argentino como Guillermo Francella para una comedia negra que los tiene en prácticamente todos los planos. Por eso, todo dependía aquí del duelo actoral (no hay casi personajes secundarios ni subtramas) para llevar a buen puerto un sólido engranaje que incluye diálogos punzantes y elementos no solo humorísticos sino también dignos de un thriller hitchcockiano con engaños, manipulaciones y la eventualidad (en principio solo hipotética o imaginaria) de algún crimen. Y es precisamente la interacción, la química entre ambos protagonistas la que termina sosteniendo el interés.

La acción transcurre durante una noche de luna llena en el período navideño en un chiringuito (un parador) en un balneario de Fuerteventura, la segunda isla más grande de las Canarias. Quien maneja el lugar es Manu (Rovira) y quien llega en plan aparentemente turístico es Klaus (Francella), quien dice ser un argentino radicado desde hace años en Suecia. Lo que en principio parece un conflicto menor, casi intrascendente (Manu tiene que cerrar el parador, pero Klaus quiere quedarse un rato más en la “tumbona”, a.k.a. reposera), será solo el inicio de una escalada imparable y de imprevisibles alcances y consecuencias.

Veiga bien podría haberse contentado con el ingenio y la eficacia de su entramado tragicómico (Playa de lobos tiene en primera instancia mucho de obra teatral), pero le suma a su puesta en escena virtuosas angulaciones de cámara, pasajes de humor físico, irrupciones musicales y un ritmo incesante justamente para sostener un lenguaje cinematográfico y evitar la impronta más propia de una pieza escénica sobre un escenario.

Más allá de los logros y carencias, la principal incógnita pasa por saber si el atractivo que Francella genera en la taquilla argentina se sostendrá con una producción mayoritariamente española. Nadie espera que Playa de lobos sea una nueva Homo Argentum, pero habrá que ver si puede superar las 20.000 entradas vendidas en los cines ibéricos. De todas maneras, queda claro que cuando el film llegue a alguna plataforma de streaming (todo indicaría que a nivel local debería ser Disney+) se convertirá en uno de los títulos más convocantes durante varias semanas.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

Showcase, Las Tipas, Hoyts, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

 

“Scream 7”

¿A qué es lo que los fans de la saga le prestan más atención en la primera proyección de una nueva de Scream? ¿En qué momento se producirá la aparición sorpresiva de Ghostface? ¿Los sustos? ¿Averiguar quién se esconde esta vez detrás de la máscara del asesino con cuchillo?

Ya sin Wes Craven, el director de Pesadilla en lo profundo de la noche y de las primeras cuatro películas de Scream, y sin Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillet, la pareja que tras Boda sangrienta (este año llega la secuela) dirigieron la quinta y la sexta, ahora el que toma las riendas detrás de cámaras es Kevin Williamson. En su segunda película como director en 27 años, tras Secuestrando a la Srta. Tingle (1999), Williamson vuelve 30 años después a los personajes originales que él mismo había creado en la primera Scream como guionista.

Y encima está el esperado regreso de Sidney (Neve Campbell, que en la anterior no estaba porque no había arreglado salario). Los únicos que aparecieron en las siete películas son Courtney Cox, la actriz de Friends que compone a Gale, y Roger Jackson, que es la eterna voz de Ghostface del otro lado del teléfono. Y no podemos spoilear nada.
Y hay otro cambio de escenario. Ya no es en Woodsboro, el pueblo ficticio de California, donde transcurrían las primeras 5, ni en Nueva York (la sexta), sino en Pine Grove, adonde se mudó Sidney.

Casada con un policía (Joel McHale) y con tres hijas, la mayor (Isabel May) está en la casita blanca de dos pisos mientras las más pequeñas están en lo de su suegra.

La película arranca como le gusta al algoritmo de Netflix, con una escena de acción -y aquí, violencia y muerte-. Un fan de Stu Macher, el asesino de la primera película junto a Billy Loomis, va con su novia a vivir una “experiencia” un anoche en una réplica en la casa de los asesinatos. Se imaginan lo que pasará.

Sidney recibe una llamada, ya no por teléfono sino una videollamada a su celular. ¿Quién está del otro lado?

Stu.

Sí, Stu, con el rostro lleno de cicatrices.

¿Pero no había sido muerto y sepultado? ¿Está vivo o es un fake, una creación de Inteligencia artificial, detrás de la que se esconde un nuevo asesino?

¿Y qué quiere? Obvio, que Sidney sufra. ¿Y qué va a hacer? Ir tras ella, o mejor tras su hija, que se llama…

Tatum.

¿Ayuda haber visto las 6 películas anteriores? Y, sí. A menos que se tenga poca memoria, ya el nombre Tatum trae recuerdos a los fans. Hay apariciones sorpresivas, cameos de muchos personajes ya vistos, vivos… y muertos.

También, ya aprendimos varias cosas con la saga. Como que Ghostface puede ser más de uno -así que, si lo matan, puede que haya otro (u otros). Que quien asesina suele ser un conocido, un personaje que aparece en alguna escena con rostro, nombre y motivo para ser el criminal sanguinario. Y que a Ghostface conviene dispararle en la cabeza, para estar seguros de que no se va a levantar más del suelo.

Williamson regresa a la saga para conferirle menos truculencia y gore -igual, hay tripas y cuchillos que atraviesan cabeza(s)-, y un poco más de cerebro.

Lo que sigue es un mínimo spoiler. Porque si el espectador contara con un poquito más de tiempo, podría llegar a acertar quién puede ser Ghostface, cuando los sospechosos empiezan a quedar fuera de carrera.

Scream volvió a lo grande, con apariciones que harán aplaudir a los más fans, y escenas y golpes de efecto para asustar a los que por primera vez se acerquen a la saga.

PABLO SCHOLZ. Clarín.

Showcase, Las Tipas, Hoyts, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

 

“El agente secreto”

Si hay una película que la viene rompiendo en la temporada de premios es la brasileña El agente secreto, último trabajo del pernambucano Kleber Mendonça Filho, que desde su estreno en el Festival de Cannes no hizo más que coleccionar reconocimientos. Ahí había recibido los premios a Mejor Director y Mejor Actor para Wagner Moura —uno de los intérpretes más populares del cine brasileño a nivel internacional, junto a Sonia y Alice Braga o Rodrigo Santoro—, además del premio de la crítica. La película ganó además los premios a Mejor Película Extranjera en los Globos de Oro y los Critics Choice Award, entre decenas de otros premios. El palmarés de Moura es igual de impresionante.

El agente secreto aspira a coronar esa cosecha el 15 de marzo, durante la 98° entrega de los Oscar, donde se encuentra nominada en cuatro ternas, incluyendo las de Mejor Película en Lengua No Inglesa y Mejor Actor. Pero también en la de Mejor Reparto, que la Academia estrena en esta edición, y en la categoría más importante, Mejor Película del año. En la mayoría de las candidaturas difícilmente tenga chances, pero es una de las preferidas en la de Lengua No Inglesa, solo por detrás de Valor sentimental, de Joachim Trier, que aspira a nueve estatuillas. Que entre ellas estén no solo las de Mejor Película, sino las de Mejor Director y Mejor Guion Original, ponen a la producción noruega unos escalones por arriba. Lo que no significa que sea una mejor película.

La escena inicial marca el tono del relato. Carnaval, 1977. Marcelo llega a una estación de servicio perdida en la ruta, donde hay un cadáver tirado en el piso, tapado con cartones. El playero le dice que es un pibe al que mataron cuando los quiso robar y que su cuerpo está ahí hace días, a la espera de que la policía venga a hacerse cargo. Los colores de la escena refulgen bajo el sol tórrido. Cuando Marcelo está por irse aparece una patrulla, que en lugar de atender al muerto va directo hasta su auto para pedirle documentos. Durante la requisa se acerca otro coche lleno de chicas vestidas para la comparsa, pero al ver el cadáver y a la policía siguen de largo, espantadas. A nadie le importa, igual que el muerto. Antes de dejarlo seguir, el policía le pide una coima a Marcelo, que zafa dándole un paquete de cigarrillos abierto.

El abordaje que la película hace de la dictadura es crudo, igual que la autopsia que realiza en el cuerpo de la sociedad brasileña. Corrupción, complicidad de la sociedad civil y los medios de comunicación con el régimen, miseria, clasismo, pobreza, violencia. A veces opta por un realismo visceral, pero no le escapa a la posibilidad de utilizar el realismo mágico, que le permite esa claridad que solo es posible alcanzar a través de la metáfora. Es cierto que en ese afán su retrato puede volverse un poco maniqueo, donde las clases altas son representadas de forma negativa y lo popular se asocia por defecto a valores positivos. Pero El agente secreto consigue ir más allá de esa reducción, ofreciendo un relato que captura al espectador sin más recursos que los cinematográficos.

Mendonça Filho es uno de los directores brasileños más reconocidos a nivel mundial. Sus trabajos previos, O som ao redor (2012), Aquarius (2016), Bacurau (2019) o el documental Retratos fantasmas (2023), permiten calificar a su filmografía como una de las más sólidas del cine latinoamericano del siglo XXI. Como mínimo. El agente secreto lo confirma, aunque también puede decirse que se trata de una de esas películas que, por temática y factura, parecen haber sido concebidas pensando en agradar a los públicos calificados que se encargan de repartir los premios importantes en Europa y Estados Unidos. Pero no hay que dejar que ese árbol impida ver el bosque.

JUAN PABLO CINELLI. Página 12.

Showcase, Hoyts, Cinépolis y Del Centro.

 

“EPIC: ELVIS PRESLEY IN CONCERT”

Elvis canta y cuenta su historia como nunca antes en una nueva experiencia cinematográfica del visionario cineasta Baz Luhrmann.

Showcase, Las Tipas, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

Fuente: Otros Cines, Página 12, Clarín.

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