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Todo Show

Cinco estrenos incluida la animada ganadora del Globo de Oro

El creador de “El viaje de Chihiro” vuelve 10 años después. Llega la nueva de Hayao Miyazaki que acaba de ganar el Globo de Oro: El Niño y la Garza. El retorno de Statham con más acción, más “Instinto Maternal”, “Rose” y “Alicia en el País de las Pesadillas”. Aquí una selección de reviews para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

“El Niño y la Garza”

La historia del cine es también la de sus silencios. El silencio, por ejemplo, de Víctor Erice. El caso de Hayao Miyazaki no es tan extremo como el del cineasta español, pero hemos tenido que esperar diez años para ver su nueva película. La espera, podemos decir, ha valido la pena. Entre otras cosas, porque El niño y la garza es una celebración de los mejores trazos del estilo de Miyazaki y un film que se asemeja a aquella obra magna que era El viaje de Chihiro.

Mahito, un chico que ha perdido a su madre en la Segunda Guerra Mundial, se traslada al campo junto a su padre para refugiarse de la ciudad. Ahí, le llama la atención la presencia de una garza, que primero se muestra grácil, con sus finas patitas moteando en el agua, pero que pronto desvela un deje profundamente perturbador, por su mirada suspicaz y por su morro protuberante. La manera que Miyazaki tiene de transitar de un tono a otro resulta conmovedora. La placidez de la naturaleza da paso a lo gótico, y la realidad de los vivos se abre hacia un ultramundo que el cineasta vuelve a concebir de una forma muy cercana al universo de Alicia y el País de las Maravillas.

Desde Mamoru Hosoda a Makoto Shinkai, algunos de los grandes maestros del animé reciente han ahondado en el tránsito entre universos. Cada uno posee, sin embargo, su mirada. Y ninguno es como la de Miyazaki, capaz de dibujar figuras grotescas, que bordean lo terrorífico, para luego transitar hacia la dulzura fabulística.

Lo extravagante se revela siempre como algo natural, como el pájaro de The Boy and the Heron, que dentro de su pico tiene una inquietante dentadura, o las ancianas cabezonas que también estaban en El viaje de Chihiro. Esta querencia por lo grotesco hace de Miyazaki un cineasta único, no solo por su singular universo visual, sino por su confianza ciega en partir de imágenes propias de lo terrorífico para alcanzar belleza y emotividad.

Nadie dibuja como Miyazaki, que revela los contornos del duelo a partir no solo del viaje de su protagonista, sino también de la expresividad de sus imágenes; sobre todo, en la escena de apertura de la película, en la que las llamas abrasan la pantalla mediante trazos sueltos, que por momentos rozan la abstracción. La plasticidad deja a la vez un poso hiriente, el del horror; y los recuerdos de los desastres de Hiroshima y Nagasaki se asientan, como un sedimento que perdura a lo largo de una película tan hiriente como dulce y bella.

Violeta Kovacsics.

En Cinépolis, Hoyts y Showcase.

“Beekeeper: Sentencia de muerte”

A los 56 años el inglés Jason Statham acumula ya más de 50 películas sobre sus hombros. Solo en 2023 lo vimos en cuatro largometrajes: Agente Fortune: El gran engaño, Rápidos y furiosos X, Megalodón 2: El gran abismo y Los indestructibles 4. Semejante productividad hace que elija todo tipo de proyectos, algunos notables como Justicia implacable / Wrath of Man (2021), de Guy Ritchie, y otros menores, por momentos efectivos como ejercicios de acción, pero dominados por los lugares comunes en sus guiones, como es el caso de Beekeeper: Sentencia de muerte.

El guionista Kurt Wimmer se “especializó” en remakes (El caso Thomas Crown, Punto de quiebre, El vengador del futuro) y ya había trabajado con David Ayer en Reyes de la calle. En este caso, concibió a pura fórmula la historia de Dam Clay (Jason Statham), un agente retirado de una organización secreta llamada Beekeepers que se maneja al margen de las estructuras oficiales del gobierno y que opera solo en circunstancias excepcionales. El solitario protagonista vive trabajando como apicultor y su única relación parece ser con Eloise (Phylicia Rashad), una veterana y simpática mujer que le alquila el lugar. Sin embargo, ella es víctima de una estafa online que le termina vaciando todas sus cuentas personales y las que manejaba para organizaciones benéficas y, desesperada, se termina suicidando. Ese hecho extremo hace que Dam salga de su otracismo y vuelva a la acción: la venganza está servida y sus objetivos serán empresas y sectores del poder que se dedican a esa y otras tareas non sanctas.

Si bien Dam es de aquellos que se infiltran y pelean de manera independiente, hay una coprotagonista llamada Verona Parker (Emmy Raver-Lampman), hija de la mujer estafada, y agente del FBI, que también investiga a los responsables de la tragedia de su madre y de alguna manera sigue, complementa y termina avalando el derrotero de Dam. En distintos papeles de villanos aparecen Josh Hutcherson y Jeremy Irons, mientras que la gran Minnie Driver está totalmente desaprovechada en un personaje insignificante.

Cada escena es más elemental y previsible que la anterior: Dam se mete en un edificio, tira un par de frases mínimas, muele a golpes a los villanos y termina volando el lugar por los aires. Si el guion de Wimmer es básico, la dupla Ayer-Statham realza un poco la cuestión con algunas escenas de acción bien construidas, aunque se extrañan aquellos tiempos en los que Statham peleaba en plano-secuencia y no con una edición taquicárdiga que le permite a los compaginadores emprolijar y maquillar cualquier eventual percance.

Ayer pintaba hace 10 o 15 años como un director que podía dotarle a sus trabajos de una impronta no digamos autoral pero sí distintiva y con cierto grado de riesgo y audacia. Hoy se ha convertido, en el mejor de los casos, en un artesano con experiencia y oficio para sacar las películas adelante en tiempo y forma, pero sin derroches de creatividad y muy lejos de cualquier atisbo de genialidad.

Diego Batlle.

En Showcase, Hoyts, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

“Instinto maternal”

En septiembre de 2018 se estrenó en el Festival de Toronto Duelles, film del belga Olivier Masset-Depasse con Veerle Baetens y Anne Coesens basado en la novela Derrière la haine, de su compatriota Barbara Abel, que tuvo una buena respuesta de crítica y público.

El propio Masset-Depasse iba a rodar la remake hollywoodense, pero a último momento se apartó de la producción y fue el francés Benoît Delhomme (reconocido director de fotografía de títulos como ¿Y allí qué hora es?, de Tsai Ming-liang; Propuesta de muerte, de John Hillcoat; La teoría del todo, de James Marsh; y Van Gogh: En la puerta de la eternidad, de Julian Schnabel), quien en principio solo iba a encargarse de la fotografía, el que debutó como realizador con el aval de dos estrellas como Jessica Chastain y Anne Hathaway.

Este thriller psicológico de pura raigambre hitchcockiana, a pesar de contar con dos actrices talentosas y glamorosas, llega este jueves 11 de enero a los cines de Argentina sin haber pasado por ningún festival, sin haber recibido críticas de los principales medios de la industria como Variety o The Hollywood Reporter y sin que nadie se haya preocupado demasiado por su promoción internacional (casi no hay fotos de prensa). Y, luego de ver la película, se entiende por qué: se trata de un melodrama fallido, demodé (por momentos digno de aquellos viejos telefilms de la cadena Hallmark) y con dos buenas actrices tratando de sostenerlo y salvarlo sin demasiada suerte.

Ambientada en un apacible suburbio durante los años ’60, Instinto maternal muestra lo que en principio es una vida idílica en términos conservadores: Céline (Anne Hathaway) y Alice (Jessica Chastain) son buenas amigas y vecinas, tienen maridos exitosos (el Simon de Anders Danielsen Lie y el Damian de Josh Charles, respectivamente) y dos hijos encantadores que además son compañeros de escuela y aventuras. Madres obsesivas y abnegadas que comparten ciertas complicidades y se “permiten” momentos de relajo fumando y bebiendo, Céline y Alice se toparán con la tragedia: un día, mientras juega en el balcón de su casona, Max (Baylen D. Bielitz), hijo de Céline, cae al vacío. Alice, que lo ha visto, no llega a rescatarlo y el pequeño de apenas ocho años muere.

Ese ese apenas el preámbulo, el disparador, el punto de partida para una película que se pondrá cada vez más oscura, inquietante y perturbadora con las otrora amigas desconfiando de las intenciones y de la sanidad mental de la otra en un duelo psicológico con elementos provocadores.

El problema es que nada en Instinto maternal resulta demasiado sutil: ni la puesta en escena, ni los indicios que se van dejando para construir tensión y misterio, ni el trabajo sobre las facetas más oníricas, ni tampoco las actuaciones, que no están mal, pero se ubican a años luz de los mejores trabajos tanto de Hathaway como de Chastain.

Hay algo morboso en cuanto a cierta perversidad de la historia (además de Alfred Hitchcock hay algo de David Cronenberg en el asunto), pero ese magnetismo inicial por ver cómo se desarrolla y resuelve este ensayo sobre el dolor, la culpa, la paranoia y la venganza conduce luego de manera inevitable a cierta decepción y frustración, más allá de que en la Argentina de alguna manera seamos “privilegiados” de poder ver primero una película que claramente daba para mucho más.

Diego Batlle.

En Showcase, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

“Rose”

“Mi vida no está delante de mí. Pero todavía me queda un poco”. En estas breves y claras palabras, que encierran, sin embargo, algunas de las ideas más profundas que pueden formularse sobre la fragilidad y el valor de la existencia, podemos resumir el espíritu de Rose (2021), la primera película de la compositora, cantante, actriz y directora Aurélie Saada.

Rose Goldberg (Françoise Fabian) es una mujer de 78 años que queda viuda de la noche a la mañana. Durante cierto período de tiempo, el duelo consume su existencia. Pero poco a poco va volviendo a encenderse en ella la llama de la vida. Llegado ese momento debe volver a pensar su identidad: ya no es esposa, tampoco puede ser exclusivamente madre y abuela. Entonces, ¿quién es? ¿Quién puede ser una mujer de su edad, una mujer con su historia, una mujer con su cuerpo?

A Rose le es dada una página en blanco en la cual reescribirse, pero a la vez, la conciencia plena de que la vida tiene fin. Sus hijos la desconocen, porque ella misma se desconoce. Es una mujer que está redefiniéndose en una edad en la que correrse de ciertos límites es también correr el riesgo de parecer perdida.

En algún sentido Rose nos recuerda a Cary Scott, el personaje de Jane Wyman en Lo que el cielo nos da (Douglas Sirk, 1955), y aún más a Emmi, el personaje de Brigitte Mira en La angustia corroe el alma (Rainer Werner Fassbinder, 1974). Una mujer que busca en el contacto con desconocidos algo que la reconecte al mundo y que la saque de sus esquemas. Una mujer que se reconoce deseante y que es consciente de que por su deseo vale la pena enfrentarse a su entorno. La diferencia es que Rose no está buscando la experiencia de su vida; tampoco va a la zaga de un amor de pareja. Simplemente está tratando de entender cómo sacarle provecho al tiempo que le queda, cómo insuflar vida a su vida.

La película se desarrolla casi exclusivamente en interiores; visualmente prevalece una opacidad que tiene que ver con el encierro pero también con un retrato de la madurez. Rose es un film que logra un gran balance entre luz y oscuridad.

Pero la cámara no está puesta exclusivamente en Rose. Paralelamente nos son presentados los conflictos que sus hijos tienen en relación a sus propias vidas, más allá de su madre. Esta decisión involucra a los espectadores: contemplando a la madre y a los hijos, indefectiblemente caemos en la cuenta de que nadie tiene las cosas tan resueltas. ¿Quién tiene claridad absoluta respecto de las decisiones que va tomando, respecto del camino que está transitando? La escena final refuerza esta hipótesis: Rose les habla a sus hijos y a través de ellos nos habla a nosotros. No hay una moraleja, pero sí queda claro que hay una gran diferencia entre el estar perdido y el perderse para encontrarse.

Escribiendo Cine.

Cines del Centro.

“Alicia en el País de Las Pesadillas”

La sinopsis oficial:

“Alicia en el País de las pesadillas es una inquietante versión del clásico cuento de Lewis Carroll, que transporta al espectador a un mundo retorcido y oscuro. En esta adaptación, Alicia, una joven valiente y curiosa, se adentra en un mundo paralelo lleno de pesadillas y criaturas terroríficas”.

En Showcase, Hoyts, Cinépolis y Monumental. 

Fuente: Otros Cines, Escribiendo Cine, Cinépolis.

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