
La madrugada del 3 de enero de 2026, fuerzas militares de Estados Unidos ejecutaron en Venezuela la denominada Operación Resolución Absoluta, una acción militar de alta precisión que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en Caracas.
Según explicó un alto oficial de la Aviación venezolana, el éxito de la operación se basó en la neutralización previa del sistema de defensa aérea del país mediante guerra electrónica, ataques quirúrgicos y un exhaustivo trabajo de inteligencia.
El procedimiento se desarrolló en el espacio aéreo de la capital venezolana y sus alrededores, donde las defensas fueron desarticuladas de manera progresiva. De acuerdo con el testimonio, Estados Unidos logró “reducir la efectividad de los sistemas nacionales y crear un espacio aéreo abierto” que permitió el ingreso y la salida de helicópteros con fuerzas especiales, sin enfrentar una resistencia significativa.
El oficial sostuvo que uno de los factores decisivos fue el componente humano. “Operadores poco entrenados, falta de cohesión y una fuerte dependencia de técnicos extranjeros” debilitaron la capacidad de respuesta de la defensa aérea venezolana. A esto se sumó la degradación estructural de los sistemas y la ausencia de una integración real entre radares, guerra electrónica y comando y control.
En el plano operativo, las fuerzas estadounidenses ejecutaron durante semanas e incluso meses operaciones de supresión de defensa aérea (SEAD/DEAD), precedidas por tareas de recolección de firmas electromagnéticas. Esto permitió mapear con precisión el corredor aéreo que va desde el estado Miranda hasta Aragua y La Guaira, una zona clave para el acceso a Caracas y al centro del poder político.

Según el oficial, sistemas estratégicos como los misiles Buk-M2E, emplazados en bases como La Carlota, Higuerote, La Guaira y la Meseta de Mamo, fueron neutralizados en ataques de precisión. También se vieron comprometidas baterías antiaéreas ZU-23 mm, lo que facilitó la inserción de helicópteros de asalto con unidades de elite como Delta Force, Rangers y SEALs.
Respecto a los radares chinos utilizados por Venezuela, desde los JYL-1 hasta el JY-27A, el militar explicó que la vulnerabilidad no respondió a un fallo puntual sino a “una acumulación de errores estructurales”. Señaló que estos sistemas operaban bajo una lógica rígida, con emisiones prolongadas y patrones predecibles, lo que permitió a Estados Unidos captar sus firmas espectrales completas y descifrar sus debilidades críticas.
“La clave fue el principio de sorpresa y la integración de exploración, reconocimiento, detección multiespectral y ataques quirúrgicos”, afirmó el oficial. En ese marco, destacó que no se trató de cegar un único sistema, sino de desarticular un conjunto de sensores aislados, sin capacidad de adaptación frente a una ofensiva tecnológica avanzada.
Finalmente, el testimonio subrayó que Estados Unidos contaba con un conocimiento profundo de la arquitectura de los radares chinos, obtenido a partir de experiencias previas en otras regiones del mundo. Esa asimetría tecnológica y doctrinal, sumada a las falencias internas de la defensa venezolana, terminó por explicar cómo fue posible la operación que, en pocas horas, cambió el escenario político y militar del país.
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