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Alerta por la crecida

El Paraná superará los 4 metros en Rosario y alertan por inundaciones

Juan Borús, del Instituto Nacional del Agua, anticipó una rápida suba del río en unos 10 días y advirtió sobre los riesgos para las zonas bajas y la actividad ganadera.

Foto: Farid Dumat Kelzi

El río Paraná se encamina a una nueva crecida que elevará su nivel por encima de los cuatro metros en Rosario y podría generar complicaciones en las zonas bajas y en las actividades que se desarrollan cerca de la ribera. Así lo advirtió Juan Borús, hidrólogo y vocero del Instituto Nacional del Agua (INA), durante una entrevista con el equipo de Antes de Todo, por Radio Boing.

Según explicó el especialista, la altura actual, ubicada entre los 3,34 y los 3,35 metros, todavía se encuentra dentro de la banda de aguas medias. Sin embargo, las lluvias registradas en la región donde se originó la crecida ya generaron una onda que comenzó a propagarse por el río Paraná y que llegará progresivamente al tramo inferior.

Borús estimó que dentro de unos diez días comenzará a observarse una suba más pronunciada en Rosario y sostuvo que el nivel superará los cuatro metros. El proceso continuará durante el resto de octubre y los primeros días de noviembre, a medida que la onda avance hacia el delta.

“En el caso de Rosario, claramente va a ser pasar los cuatro metros, eso sin duda”, afirmó el integrante del INA al describir el escenario previsto para las próximas semanas.

Una crecida que afectará a la ribera y las zonas bajas

El especialista advirtió que el aumento del caudal tendrá consecuencias en amplios sectores del litoral argentino, desde Corrientes y Chaco hasta Santa Fe, Entre Ríos y el norte de la provincia de Buenos Aires.

De acuerdo con su análisis, el río ocupará parte de su valle de inundación y elevará los niveles en sectores que durante los últimos meses permanecieron con aguas bajas o medias. En algunos puntos del delta, las alturas podrían alcanzar los niveles de alerta.

En ese contexto, Borús remarcó la importancia de tomar precauciones en las zonas vulnerables, tanto para quienes viven cerca del río como para las personas que desarrollan actividades productivas en terrenos bajos.

El hidrólogo señaló que la situación requiere prestar especial atención a los asentamientos ubicados en áreas expuestas a las inundaciones, algunos de los cuales se expandieron durante la bajante registrada entre 2020 y 2023.

También advirtió que las lluvias de corto plazo serán un factor determinante para evaluar la evolución del escenario. La humedad atmosférica acumulada en la región podría favorecer precipitaciones intensas en determinados sectores y generar emergencias locales que se sumen a la crecida general del Paraná.

La preocupación por el traslado de ganado

Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la situación de la actividad ganadera en las islas y las zonas bajas del delta. Borús aseguró que será necesario completar el traslado de los animales que permanecen en áreas expuestas antes de que el agua avance sobre esos terrenos.

El especialista explicó que el predelta entrerriano y la zona de Lechiguanas constituyen sectores importantes para la ganadería, por lo que existe una cantidad considerable de hacienda que debe ser movilizada.

En ese sentido, recordó las dificultades que se presentaron durante la inundación de marzo de 2007, cuando el traslado de animales quedó condicionado por la logística de las chatas ganaderas y la falta de infraestructura adecuada para recibirlos en las zonas de destino.

Si bien reconoció que todavía existen desafíos, consideró que actualmente hay una mayor preparación para afrontar una situación de estas características. Mencionó, entre otros aspectos, las medidas adoptadas en San Pedro para facilitar la recepción de animales.

Para Borús, la anticipación de los pronósticos resulta fundamental para organizar los movimientos de hacienda y evitar que los productores asuman riesgos innecesarios.

El caudal que llegará desde la zona de Yacyretá

Borús también puso el foco en el volumen de agua que avanzará desde el norte de la cuenca. Según detalló, el caudal que terminará pasando por Yacyretá se acercará a los 40.000 metros cúbicos por segundo, mientras que a la altura de Corrientes podría ubicarse en torno a los 43.000 metros cúbicos por segundo.

Aunque aclaró que esos valores no representan los máximos históricos del Paraná, remarcó que se trata de registros significativos que requieren un seguimiento permanente por sus posibles consecuencias en el tramo inferior del río y en el delta.

El especialista señaló que la evolución de la crecida dependerá también de las precipitaciones que puedan producirse en las nacientes del Paraná y del Paraguay, en la cuenca del Iguazú y en la región comprendida por el sur de Santa Fe, el sur de Entre Ríos y el norte bonaerense.

Por eso, insistió en la necesidad de seguir de cerca los pronósticos de corto plazo y adoptar medidas preventivas de acuerdo con la exposición de cada actividad o asentamiento.

Qué puede pasar en Rosario durante las próximas semanas

La previsión del INA anticipa un cambio en las condiciones del río después de varios meses de niveles relativamente bajos. La llegada de la onda de crecida elevará progresivamente las alturas y aumentará la exposición de las zonas ribereñas.

En Rosario, las áreas bajas y las actividades que mantienen una relación directa con el Paraná podrían verse afectadas a medida que avance el agua. Por eso, el seguimiento de las mediciones y de los avisos oficiales será clave para determinar la evolución del fenómeno y las medidas que deban implementarse.

Borús consideró que la región cuenta con una preparación mayor que en episodios anteriores, aunque subrayó que la situación exige atención permanente. La magnitud de las lluvias que puedan registrarse en las próximas semanas será otro elemento importante para evaluar el alcance de la crecida.

El escenario, según el especialista, ya está condicionado por las precipitaciones que dieron origen a la onda y por su avance a lo largo de la cuenca. En ese marco, la prioridad será anticiparse a sus efectos, completar los traslados de animales en riesgo y atender las necesidades de las personas que viven en sectores vulnerables.

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