
Alguna vez Bilardo dijo: “Las cábalas no existen… pero ayudan”. Una vez Maradona convocó al chino Garcé porque lo soñó levantando la copa. Desde prendas íntimas agujereadas y malolientes hasta posiciones inamovibles en un sillón. Nunca vayas al baño mientras el equipo ataca porque, quién sabe, quizá estés obligado a lavarte las manos hasta que finalicen los 90 minutos reglamentarios.

Cada casa se organiza en costumbres que alivianan los cargos de conciencia en caso de una eventual derrota y aumentan el orgullo y la identificación que uno posee con las glorias del equipo. Ya que por supuesto, si el Dibu Martínez atajó un penal, es porque fue impulsado por el apretón que la mano derecha del tío Luis sobre su testículo izquierdo; y es sabido que el gol de Di María en la final contra Francia fue gracias a que la abuela Betina cocinó le puso azúcar en lugar de sal a las papas fritas unas semanas antes mientras Messi clavaba un fierrazo contra mexico y sostuvo el error hasta el 22 de diciembre a las 10 de la mañana.

Cuando el equipo gana fueron los jugadores y cuando pierden fue el mufa de Gustavito que fue a la cancha por primera vez en su vida. Sea como sea, estas acciones, convenciones, costumbres e idioteces en algunos casos, nos brindan un ritual, un recuerdo y un momento en comunidad: instantes donde muchos deseamos lo mismo y compartimos nuestras emociones, nuestros miedos pero principalmente nuestras esperanzas.

Y vos que estas leyendo: ¿Cuáles son tus cábalas?
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