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Cuatro estrenos el primer jueves de agosto

Pasadas las fechas de los estrenos más pesados, llegan una variedad de títulos notoria. Una bélica-meteorológica-dramón, una de Casciari, una de terror y una de Olivia Wilde que vuelve a dirigir. Aquí una selección de reseñas para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

No es a esta altura un spoiler contar lo que fue el Día D y el comienzo de la Operación Overlord, pero al cinéfilo amante de las películas bélicas sí habrá que advertirle que el largometraje del australiano Anthony Maras no es -al menos durante buena parte de su algo más de hora y media de duración- un típico film de guerra con escenas de acción sino un tenso y contenido drama de origen teatral.

En efecto, El Día D: Bajo presión (Pressure es el título original) es una transposición de la exitosa obra que David Haig montó en el West End en 2014, y que el propio autor y Maras llevaron al lenguaje cinematográfico. Se trata, por lo tanto, de una película que transcurre esencialmente en espacios cerrados, sin grandes movimientos y sustentándose sobre todo en la solvencia de las actuaciones.

Quedan 72 horas para el desembarco masivo y el general Dwight D. “Ike” Eisenhower (Brendan Fraser) espera el dictamen de los meteorólogos para confirmar la gigantesca operación militar en playas francesas. La responsabilidad en ese campo recae en el capitán escocés James Stagg (Andrew Scott), experto en la materia, quien debe dejar a su esposa que está a punto de parir para analizar la conveniencia de concretar o postergar la invasión (se venía de varios fracasos con trágicas consecuencias). El problema es que su opinión -que apuntaba a postergar la acción- contrasta con la del no tan solvente Irving Krick (Chris Messina). No se trata solo de predecir si habrá tormenta, nubes bajas u olas imposibles. Miles de vidas están en juego y también el curso de la Segunda Guerra Mundial.

La carrera contrarreloj, los duelos verbales cada vez más violentos, las personalidades que chocan (Eisenhower se muestra desbordado, su par británico Bernard Montgomery interpretado por Damian Lewis es la imagen pura de la arrogancia y la soberbia, mientras que Stagg lucha por sostener sus convicciones), los juegos de poder, las miserias y resentimientos, las ansiedades y las capacidades técnicas de los especialistas son elementos que hacen de El Día D un thriller psicológico con una tensión y suspenso bien dosificados. Es cierto que el mencionado origen teatral le quita algo de vuelo puramente cinematográfico, pero de todas formas estamos frente a un film que en casi todo su desarrollo resulta magnético y atrapante.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Las Tipas, Cinemark y Del Centro.

“Engendro” (“Nightborn”)

Las historias sobre partos complicados, puerperios traumáticos y crianzas devastadoras constituyen un subgénero del terror en el que pueden incluirse desde clásicos como El bebé de Rosemary y El exorcista hasta films más recientes como Goodnight Mommy, The Babadook, Huesera o If I Had Legs I’d Kick You.

Tras la valiosa Cría siniestra / Hatching / Pahanhautoja (2022), la finlandesa Hanna Bergholm apuesta a una combinación entre el terror psicológico, el body horror, el folk horror y el terror religioso para un film valioso y arriesgado, aunque no siempre del todo convincente. Es que más allá de su cuidada puesta en escena, de las excelentes actuaciones y de los ominosos climas que logra construir, deja la sensación de estar demasiado tironeada, de quedarse a mitad de camino entre una búsqueda autoral y ciertos golpes de efecto más propios del género tradicional.

Lo más interesante de Engendro tiene que ver con su mirada femenina (no abundan en el terror) sobre los mandatos patriarcales, la estigmatización y la soledad de la maternidad. Saga (Seidi Haarla, notable) y su marido Jon (Rupert Grint, el Ron Weasley de Harry Potter) llegan a una desvencijada casona en medio de un bosque que supo ser de la familia de ella con la idea de armar en ese ámbito una familia (sueñan con tres hijos). Cuando llegue el primero luego de un parto muy riesgoso, comenzarán a darse cuenta de que el bebé tiene una apariencia y sobre todo comportamientos (y formas de alimentación) muy poco convencionales.

Lo que este cada vez más pesadillesco film describe es, en esencia, el descenso a los infiernos íntimos de esa madre que no sabe cómo criar a ese niño que no para de crecer entre llantos y gritos guturales, mientras a su alrededor (familiares y amigos) hay falsa empatía, condescendencia y una tendencia a minimizar sus sufrimientos.

Del desapego inicial al rechazo y luego a una relación tan compleja que genera una creciente pérdida de la cordura de su protagonistaq, Engendro combina elementos cercanos al cine de las francesas Julia Ducournau y Coralie Fargeat con otros más convencionales. Si no resulta un film del todo satisfactorio, tiene de todas formas unos cuantos elementos, búsquedas y hallazgos que lo convierten en un trabajo muy atendible.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Cinépolis y Monumental.

“La invitación” (“The Invite”)

Curioso caso el de Olivia Wilde. Reconocida actriz, debutó en la realización con la notable La noche de las nerds / Booksmart (2019), pero luego decepcionó con No te preocupes cariño / Don’t Worry Darling (2022). La idea de dirigir y protagonizar la remake de Sentimental, un film español bastante menor protagonizado por Javier Cámara, Griselda Siciliani, Belén Cuesta y Alberto San Juan, no parecía en principio la mejor forma de recuperarse de este último traspié, pero -vaya sorpresa (milagro)- La invitación no solo es muy superior en todos los terrenos a la película original sino que resulta una comedia dramática divertida, sensible y provocadora a la vez.

No había visto Sentimental en el momento de su estreno (tampoco la exitosa obra teatral que en Argentina montó Alejandro Daulte con Diego Peretti, Florencia Peña / Muriel Santa Ana, Rafael Ferro y Julieta Vallina), pero -aunque reniego de caer en el juego de las diferencias- recuperé ahora el largometraje de Gay como para tener una idea de qué quedó y sobre todo qué agregaron los guionistas Will McCormack y Rashida Jones. Además de que, como ya fue dicho, la versión estadounidense me resultó mucho más convincente, más fluida, más inteligente y audaz, mejor actuada y filmada, menos cínica, más graciosa y mordaz, también es más ambiciosa (Sentimental dura 82 minutos; La invitación, 107) con escenas más largas, más capas (hay incluso más gags físicos), más desparpajo y mayor profundidad psicológica.

Sin poder eliminar del todo el lastre teatral (no deja de ser en esencia un vodevil con cuatro personajes en un único decorado construido en un estudio) y siendo un film que probablemente no le interese demasiado a los más jóvenes (es un retrato sobre la crisis de pareja de mediana edad), La invitación, que le debe bastante al mejor cine de Woody Allen, es mucho más inquietante de lo que en principio parece. Tiene sus momentos simpáticos y entrañables, pero en definitiva su mirada no es nada complaciente respecto de la institución del matrimonio, el conformismo, la rutina y las convenciones de la vida burguesa.

Joe y Angela (Seth Rogen y la propia Olivia Wilde) están casados desde hace demasiado tiempo, viven en un amplio departamento de San Francisco heredado de los padres de él, tienen una hija de 12 años y han perdido toda la chispa que alguna vez tuvieron para sumergirse en un mar de miserias y resentimientos. El fue alguna un músico promisorio y ahora da a puro desgano clases para formar orquestas escolares; ella, mientras tanto, se ocupa de los quehaceres hogareños de forma obsesiva y controladora.

Cuando Joe regresa a la casa con sus habituales dolores de espalda se entera de que Angela ha invitado para una picada a sus más jóvenes vecinos de arriba: Piña (Penélope Cruza), una terapeuta y sexóloga; y Hawk (Edward Norton), un ex bombero ya retirado. Los visitantes no tardarán en confesarles que suelen practicar fiestas sexuales grupales y se animan a hacerles propuestas que los sacan de su zona de confort, sus represiones y aumentan sus fantasías y deseos largamente postergados. No conviene anticipar nada más, pero el material, que va de lo lúdico a lo desgarrador, es lo suficientemente rico como para que el cuarteto de intérpretes despliegue su multifacético arsenal expresivo. Lo dicho: La invitación no será una obra maestra, pero es mucho mejor de lo que uno podía esperar. Hay talento, sensibilidad y la sensación (la certeza) de que Olivia Wilde ha recuperado el rumbo detrás de cámara.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En Las Tipas, Cinemark y Del Centro.

“Canelones”

La anécdota forma parte del universo literario del escritor Hernán Casciari y ya fue origen de un cortometraje homónimo: dos chicos adolescentes hacen bromas telefónicas, en tiempos en los cuales el logotipo de Entel aún dominaba el terreno, y en una de ellas se pasan de rosca. La inspiración en hechos reales de Canelones se confirma desde sendas placas al comienzo y al final de la película, aunque resulta imposible para el espectador separar realidades de ficciones. O al menos discernir cuánto de aumentada tiene esa realidad cinematográfica.

El flashback permite seguir las desventuras juveniles de una versión ficcional del propio Casciari y de su mejor amigo Chiri; como dos Tangalangas amateurs, los pibes llaman y bromean, hasta que una mujer mayor atiende y el futuro escritor se hace pasar por su hijo. De cómo esa comunicación deviene en equívoco y en posterior suicidio de la víctima de la chanza trata ese prólogo, y tiene mucho que ver con lo que sigue.

No es casual que el cuento cinematográfico esté precedido por otra frase, atribuida a diversos autores, que afirma que la venganza es un plato que se disfruta mucho mejor cuando está frío. El año es 2015, Casciari (interpretado por el comediante Darío Barassi) es un autor consagrado y la visita a la ciudad natal de Mercedes permite el reencuentro con su madre, Chichita (Verónica Llinás), a quien no ve hace mucho tiempo. Años, casi desde la muerte de su padre. Entre porros y ensaladas rusas robadas a un táper, el escritor y su compinche de toda la vida esperan un remís mientras Chichita se encuentra con su “novio” de Facebook, un hombre con quien viene compartiendo charlas virtuales cada vez más íntimas. Entra en la ecuación Daniel Olesnik (César Bordón), el posible amante con agenda propia, vínculo en el presente de aquella broma pesada que terminó en muerte. Por ahí van los tiros de Canelones, comedia por momentos oscura y en otros ligera que entrelaza los hilos de la farsa fumona con el thriller de venganzas agazapadas.

Llinás y Bordón aportan oficio y presencia para sostener el verosímil de los personajes incluso en los momentos más esperpénticos, originados en una velada romántica que, más de golpe que de a poco, deriva en secuestro y tortura.

No todo funciona en el film dirigido a cuatro manos por Christian Basilis y Ana Laura Gussoni, gestado, como la anterior La uruguaya, bajo el particular esquema de crowdfunding de la productora Orsai (los títulos de cierre incluyen los nombres de los más de 5000 aportantes a la causa), en particular cuando la tensión narrativa comienza a desinflarse durante el tercer acto. Quizás la responsabilidad recaiga en parte en un tono indeciso que siempre aligera lo grave y recarga lo lúdico. De todas formas, risas hay, por más que la vida y las reflexiones sobre cómo la literatura puede pasarle factura a la realidad pasen por otro lado.

DIEGO BRODERSEN. Página 12.

En Del Centro.

 

Fuentes: Otros Cines. Página 12.

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