Llega el documental de La Renga, la nueva Kung Fu Panda, una de terror y la esperada “All of us strangers”, en la que el talentoso Andrew Haigh, guionista y director británico de películas como Weekend (2011), 45 años / 45 Years (2016) y Apóyate en mí / Lean on Pete (2018) y de series como Looking (2014/2015) y The North Water (2021) se inspiró en una novela japonesa para una historia de fantasmas con viajes en el tiempo y una intenso vínculo de amor gay. El resultado es una experiencia cautivante, llena de dimensiones, matices, connotaciones y alcances tanto formales como emotivos. Aquí una guía de reviews para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.
“Kung Fu Panda 4”
Hubo que esperar muchos años para que Po, el protagonista de la saga de Kung Fu Panda, regresara a las pantallas de los cines. Entre la primera y la tercera pasaron solo ocho años, el mismo tiempo para que llegara Kung Fu Panda 4. No habrá sido por falta de ideas, ni porque no confiaran en que la película con la voz de Jack Black no podría funcionar.
Después de que Po (voz de Jack Black: busquen en la cartelera porque hay salas que dan la versión original) sea elegido para convertirse en el Líder Espiritual del Valle de la Paz, su mentor y maestro Shifu (Dustin Hoffman) le explica que necesita encontrar y entrenar a un nuevo Guerrero Dragón.
Pero a Po no le gusta este nuevo título y prefiere seguir como Guerrero Dragón.
Pero, y sí, tiene que haber otro pero para que la película arranque, se cruza con una zorra ladrona, Zhen (voz de Awkwafina) quien le cuenta que hay una malvada hechicera, la Camaleona (Viola Davis). Camaleona, que es precisamente un camaleón, y puede transformarse mágicamente en quien desee, convoca a todos los maestros villanos a quienes Po ha vencido y que estaban en reino de los espíritus.
O sea que sí, es como que a falta de un solo villano (la hechicera) acá están todos los anteriores, y Po se embarca en un viaje para luchar contra ella.
A todo esto, los fans se preguntarán: ¿Y los Cinco Furiosos?
Será por cuestión presupuestaria, pero no están los personajes a los que Angelina Jolie, Seth Rogen y el resto les prestaban su voz. Para quienes acompañen a los niños y no hayan visto las tres películas anteriores de la saga, no es relevante porque pueden entender la trama igual.
Es que el director Mike Mitchell (La gran aventura Lego 2, Shrek 4: para siempre y Trolls) quería centrarse más en Po, lo que probablemente explica haber dejado de lado a los Cinco Furiosos.
Sí están el padre adoptivo de Po, el ganso Ping (James Hong) y su padre biológico, el panda Li Shan (Bryan Cranston), preocupados por la crueldad de Camaleona. Y obvio, irán, a su manera, en su ayuda.
Pero sí, por momentos habrá cierta nostalgia en esta nueva aventura que cuenta con el humor característico de Jack Black. La película tiene muchos gags y secuencias de acción.
El hecho de que Po, ya habiendo dominado sus habilidades, se convierta en el líder espiritual, permite que la historia explore temas de legado y el paso de la antorcha.
El giro de la trama hacia el final era medio predecible, y también es cierto que muchos de los mejores gags estaban en el trailer…
Como no hay escena postcrédito, no lo sabemos, pero vaya el dato para que los chicos puedan salir antes de la sala rumbo a los sanitarios… Pero se perderían el cover de Baby One More Time (1998, de Britney Spears) cantado por Tenacious D (la banda de Jack Black) durante los créditos finales.
Pablo Scholz.
En Showcase, Hoyts, Cinépolis, Monumental y Del Centro.
“La Renga: Totalmente Poseídos”
“El viaje empezó hace rato”, dice la voz de Chizzo, con el pitch bajo, como un pensamiento que puede venir desde el más allá o desde bien adentro. Así se narra Totalmente poseídos, el documental de La Renga que se estrenará el próximo jueves 7 de marzo en los cines de todo el país y muestra al grupo recorriendo gran parte de la Argentina en moto, en el contexto de la gira presentación de Alejado de la red, su último disco.
Músicos y gran parte del staff llegan en moto al lugar donde por la noche tocarán para más de 40.000 personas. Bajo esa premisa, la de un grupo de amigos cada vez más grande, que además son la banda más convocante y federal del rock argentino, se sostiene el largometraje. La puesta a punto de las máquinas, con primeros planos a caños de escape, tuercas y con el rugido de los motores como música de fondo da comienzo a la travesía, que los llevará por paisajes del Noroeste Argentino, Cuyo y el centro del país. “Una banda de rock, cinco talleres de customización, diez provincias, cinco mil kilómetros en dos ruedas, más de un millón de personas palpitándolo en vivo”, anuncia el tráiler del documental a modo de resumen numérico de una odisea al que cualquier cifra le queda fía. Porque lo que se muestra es la camaradería del grupo y las inmensidades de la Argentina de tierra adentro.
Para La Renga, que desde Despedazado por mil partes (1996) ha mostrado influencias de Carlos Castaneda y sus viajes psicodélicos, actúa como continuidad de esa impronta y la posibilidad ahora de plasmar en imágenes esa relación simbiótica de los músicos con el entorno natural de las montañas, valles y quebradas del país. De ahí que la inclusión en la banda de sonido de una versión en vivo de “Psilocybe mexicana”, el pseudo reggae en el que Chizzo menciona una gran cantidad de plantas alucinógenas, tenga su razón de ser.
Así también suena “Montaña Roja”, mientras la banda se adentra en La Rioja, uno de los momentos más logrados de todo el documental. Tan simple como un plano abierto de los grandes cañadones riojanos mientras la banda deja todo para que Chizzo cante eso de que “La profundidad que se elevó / llevará de mí lo que queda / hacia las cumbres”. Y cuando no se escucha a la banda tocar, el relato lo lleva también Chizzo Nápoli, pero en off, leyendo una suerte de diario de viaje, con reflexiones sobre aquello que le provoca la psicogeografía de cada lugar. De la misma manera que lo hace cuando presenta los temas en vivo, los textos van colando nombres o frases de canciones bien conocidas del grupo. A modo de regalo para los más fanáticos, también suenan durante el documental tres temas inéditos: “Buena ruta, hermano”, “Ese lugar de ninguna parte” y “En la banquina de algún lado”. Según le dijo Gaby Goncalves, el histórico mánager de la banda a Ayelén Velázquez en Radio Mega (FM 98.3), por el momento las canciones solo son para la película, ya que fueron grabadas y mezcladas para cine. Aunque no descartó que se publiquen como lanzamientos en las plataformas en un futuro cercano.
Totalmente poseídos, que desde el adverbio en el título remite a Insoportablemente Vivo (2001), muestra costumbres y costumbrismos de una banda que se entrega al andar tanto como al hacer rock. El casco de Nélida Iglesias, una histórica motoquera a quien La Renga le dedicó la canción “Motoralmaysangre” en el disco La esquina del infinito (2000), acompaña como “santo grial”, así le llaman ellos, a todo el equipo durante el viaje. Por supuesto, también suena el tema en cuestión durante la película. A la manera del “Born To Be Wild” de Steppenwolf, el clásico himno motoquero que La Renga versionó en sus inicios, el grupo sostiene también el imaginario beatnik de viajar para descubrirse a uno mismo y reforzar lazos fraternos. Por eso en el documental se los ve haciendo asados, pizzas a la parrilla y sumándose a bandas locales para tocar en una terraza y también zapando para el resto del equipo a la vera de un río.
La famosa Ruta 40, de la que recorren un tramo, da pie a que suene una versión en vivo de… “Ruta 40″. “Rodarás en mí, para ver / qué tan lejos podía ser / Está por acá, no lo ves / el lugar ese al que quieres ir”, canta Chizzo para dejar en claro que todo viaje es, también, una introspección. Para La Renga, Argentina es un país entero y su federalismo lo expresa en la praxis. La Renga toma la ruta, llega y toca. Sea donde sea, la gira los tuvo literalmente yendo desde Jujuy a Tierra del Fuego. Tal vez sin desearlo explícitamente, sin planteárselo, lo cual lo hace más genuino. En ese andar por las rutas del país, pasando de una a otra para abrazar cada cultura y paisaje sin más pretensiones que el disfrute, hay una acción que hoy es poesía. El mapa por el que trazaron el recorrido con un marcador azul es una red de la que no quieren alejarse, sino todo lo contrario, se dejan atrapar por ella.
Sobre el final, las motos entran al Estadio Único Diego Armando Maradona de La Plata, como punto final de esa parte de la gira, que empezó en febrero de 2022 y terminó en abril de ese año. Así, el recorrido que tuvo partida al conurbano bonaerense y atravesó medio país, los trajo de vuelta a la provincia de Buenos Aires. “Solo hace falta un mundo para dar una vuelta”, dice la voz de Chizzo casi como conclusión final. Las fotos de archivo que muestran los primeros viajes en moto que hicieron los miembros del grupo, dan cuenta de que esa vuelta por el país empezó hace más de 30 años. Y sigue girando.
Sebastián Chaves.
En el Showcase, Hoyts, Monumental y Cinépolis.
“Imaginario: juguete diabólico”
“¿Puede un oso de peluche ser la puerta a un mundo de terror? Este es el lado oscuro de la imaginación”, se lee en la sinopsis de la película que fue producida por Blumhouse, la misma empresa que estrenó este año “Megan” y “Five Nights at Freddy´s”.
El éxito del cine de terror con juguetes parece ser algo que se seguirá viendo en el futuro cercano. Aunque este tipo de cintas, que tiene personajes como Chucky y Anabelle entre los más conocidos, parecía dar un giro hacia la tecnología, como con Megan, una robot humanoide manejada por inteligencia artificial, con “Imaginario” los juguetes clásicos regresan a la gran pantalla. El personaje terrorífico de esta cinta es un oso de peluche.
“Ocurre cuando Jessica (DeWanda Wise) se muda con su familia de vuelta a su casa de la infancia y su hijastra Alice (Pyper Braun) desarrolla una misteriosa conexión con un oso de peluche llamado Chauncey. Los juegos con este muñeco empezarán siendo alegres, pero luego tomarán un rumbo cada vez más siniestro. Chauncey resulta ser mucho más que el peluche que ella recordaba…”, termina diciendo la sinopsis de la película.
Showcase, Hoyts, Monumental y Cinépolis.
“Todos Somos Extraños”
Más cerca de Weekend que de dos películas estrenadas en los cines de Argentina como 45 años y Apóyate en mí, la nueva película del inglés Andrew Haigh podría verse como una combinación entre el cine de fantasmas, la literatura de Ian McEwan, la sensibilidad de Llámame por tu nombre, de Luca Guadagnino; la nostalgia y melancolía de Aftersun (otra película con Paul Mescal), ópera prima de Charlotte Wells; y la espiritualidad del Hirokazu Kore-eda de After Life: La vida después de la muerte.
Adam (Andrew Scott, el cura hot de la serie Fleabag) en un escritor en creciente fase depresiva que intenta sin demasiada suerte concentrarse en un guion sobre la historia de sus padres, que murieron tres décadas atrás en una accidente automovilístico, cuando él tenía apenas 11 años. Como parte de la investigación, se toma un tren hasta la que supo ser la casa familiar en Croydon y descubre que allí están mamá (Claire Foy) y papá (Jamie Bell) listos para recibirlo. Ellos ahora tienen la misma edad que su hijo, parecen vivir como lo hacían en 1987 y ese reencuentro permitirá recuperar parte de todo lo perdido, hablar sobre lo no dicho, explorar zonas vedadas.
Basándose muy libremente en la novela Strangers (1987), del japonés Taichi Yamada, Haigh le incorpora a la película una intensa historia de amor gay entre Adam y Harry (Mescal), otro ser solitario y torturado que es vecino en un inmenso y moderno rascacielos de Londres del que parecen ser los únicos dos habitantes.
Haigh es un cineasta cool (hace un bello uso de canciones como The Power of Love, de Frankie Goes to Hollywood; Johnny Come Home, de Fine Young Cannibals; Build, de The Housemartins; y Always on My Mind, de Pet Shop Boys; construye un final con sorpresa, gancho e impacto), pero ninguno de esos recursos suenan forzados ni conspiran contra la fuerza emocional de su(s) historia(s).
La película transita siempre por la cornisa, está en permanente zona de riesgo (léase hundirse en cierta cursilería new age o incluso subieliana), pero hay en esta historia de amor, de viajes en el tiempo desde la Londres de 2023 a la de 1987 (plena crisis del HIV-SIDA) una convicción, una sutileza y un encanto que le permiten abordar cuestiones no menores como la tragedia, la culpa, la aceptación, el perdón, la catarsis, la redención y las despedidas mediante escenas climáticas, atmosféricas, que fascinan y por momentos incluso llegan a conmover. Un mérito por lo que consigue, sí, pero sobre todo por lo que evita.
Diego Batlle.
En Hoyts, Del Centro y Showcase.
Fuente: Otros Cines, Clarín, Cinépolis, La Nación.





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