En un giro diplomático forzado por la asfixia económica, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, confirmó este viernes que su Gobierno mantiene canales de diálogo abiertos con la administración de Donald Trump. Según explicó el mandatario en una intervención televisada, las conversaciones cuentan con la supervisión directa del líder revolucionario Raúl Castro y buscan encontrar una salida política a la crítica situación que atraviesa la isla. “No es la primera vez que entramos en este tipo de negociaciones”, señaló el jefe de Estado, intentando bajarle el tono a la sorpresa que generó el anuncio.
La realidad detrás de este acercamiento es dramática: Cuba padece un bloqueo energético total que paralizó gran parte del país. Díaz-Canel admitió que no entra un solo barco con combustible a la isla desde hace más de tres meses, lo que generó una escasez sin precedentes que afecta tanto al transporte como al suministro eléctrico. En este escenario, el mandatario destacó que varios socios internacionales están favoreciendo estos contactos para intentar aliviar las tensiones bilaterales y encontrar soluciones humanitarias y comerciales.
Mientras se conocían estos movimientos hacia Washington, Rusia salió a marcar territorio. El canciller Sergey Lavrov mantuvo una charla telefónica con su par cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, donde reafirmó el apoyo de Moscú y criticó la presión económica de la Casa Blanca. Sin embargo, más allá de la retórica de soberanía, la urgencia de La Habana parece estar hoy más cerca de un acuerdo con sus vecinos del norte que de las promesas de una Rusia que también enfrenta sus propios frentes bélicos. En los próximos días se llevará a cabo una reunión clave de la Comisión Intergubernamental Rusia-Cuba, pero el foco internacional ya está puesto en la efectividad de este diálogo secreto con los estadounidenses.

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