
Cuba enfrenta desde este lunes un escenario de colapso inédito. El régimen de Miguel Díaz-Canel informó formalmente a las aerolíneas internacionales que operan en la isla la falta total de combustible para aviación (JET-A1). La medida no solo amenaza con aislar al país del mundo, sino que marca el inicio de un drástico plan de emergencia que afecta todos los niveles de la vida cotidiana.
El cerco de Washington
La crisis actual tiene un detonante claro: la orden ejecutiva firmada por Donald Trump el pasado 29 de enero. Bajo el argumento de que Cuba representa una “amenaza para la seguridad nacional”, Washington estableció un sistema de aranceles punitivos para cualquier nación que suministre crudo a la isla.
Esta presión ya surtió efecto:
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México: Que cubría el 44% de las importaciones cubanas, detuvo sus envíos en enero.
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Venezuela: Los suministros están cortados desde diciembre tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero.
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Rusia y Argelia: Los envíos han mermado ante la amenaza de sanciones comerciales de la Casa Blanca.
Un país en modo supervivencia
Sin divisas ni combustible importado —Cuba solo produce el 40% de lo que consume—, el régimen anunció medidas de racionamiento extremas que entran en vigor hoy:
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Administración pública: Reducción de la jornada laboral a cuatro días.
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Salud: Suspensión de cirugías no urgentes y recorte de horarios en hospitales.
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Turismo: Cierre de hoteles en los cayos del norte, un hecho sin precedentes incluso durante huracanes.
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Transporte: Fin de la venta de diésel al público y parálisis del transporte interprovincial.
El fin del motor turístico
El turismo, principal fuente de ingresos del régimen, ya venía golpeado con una caída del 18% en 2025. Ahora, sin combustible para que los aviones despeguen o para mantener operativos los complejos hoteleros, el sector enfrenta un golpe de gracia.
Mientras la dictadura culpa exclusivamente al “bloqueo”, analistas como Jorge Piñón, de la Universidad de Texas, advierten que si no llegan nuevos cargamentos, Cuba se encamina a un colapso económico total en el mes de marzo. Con termoeléctricas obsoletas y sin suministros externos, la isla se asoma a su crisis más profunda desde la caída de la Unión Soviética.
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