
Tras el breve receso de la primera quincena, el núcleo duro del gobierno de Javier Milei vuelve a verse las caras en Balcarce 50. La cita, programada para las 10 de la mañana, tiene un solo norte: garantizar los votos para la “Modernización Laboral” que el Ejecutivo pretende sancionar en febrero. Sin la presencia de Karina Milei, el jefe de Gabinete Manuel Adorni recibe a los pesos pesados del espacio, entre ellos Santiago Caputo, Patricia Bullrich y el ministro de Economía, Luis Caputo.
El desafío no es menor. Además de la resistencia histórica de la CGT, el oficialismo enfrenta reclamos de los gobernadores aliados. La piedra del escándalo es la modificación del Impuesto a las Ganancias: la propuesta de bajar la alícuota en dos tramos golpea directo en la recaudación coparticipable de las provincias. Ante esto, el Gobierno ya estudia ofrecer algún tipo de “compensación” para que los mandatarios provinciales no le bajen el pulgar al proyecto en el Senado.
El encargado de “tejer” con el interior es el ministro Diego Santilli. Hoy mismo recibirá al pampeano Sergio Ziliotto, quien ya marcó la cancha: “En casi todo pierden las provincias; si la idea es precarizar, no estamos de acuerdo”, deslizaron desde su entorno. El lunes, la gira de Santilli seguirá por Salta para verse con Gustavo Sáenz, en otra parada brava para el oficialismo en este 2026.
Otro de los puntos centrales de la reunión es la firma del decreto para prorrogar las sesiones extraordinarias. En el entorno presidencial barajan la posibilidad de dejar afuera la reforma del Código Penal para concentrar todos los cañones en la laboral. La idea es no dispersar a la “tropa” y asegurar un triunfo legislativo limpio, repitiendo la estrategia que les permitió sacar el Presupuesto 2026 y la Ley de Inocencia Fiscal a fines del año pasado.
Mientras Federico Sturzenegger defiende el diseño original del proyecto, el equipo técnico de Patricia Bullrich ya empezó a analizar los cambios que pide la oposición dialoguista. En el Gobierno hay quienes ironizan sobre los reclamos de las provincias, asegurando que el crecimiento económico que traerá la reforma será compensación suficiente. Sin embargo, en las oficinas de la Rosada admiten que la ambición legislativa se volvió más pragmática para evitar derrotas innecesarias en el Congreso.
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