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DARÍO Z EN ROSARIO

Darío Sztajnszrajber: “Si la vida es una obra de arte, la muerte es el punto final”

En diálogo con Radio Boing, el reconocido filósofo anticipó la llegada a Rosario de su espectáculo "Mamá, soy un idiota". Desde el folklore futbolero hasta profundas reflexiones sobre la finitud, el vínculo con su madre y la tiranía de las redes sociales.

Darío Sztajnszrajber dialogó con Nacho en Radio Boing para adelantar los detalles de su presentación en El Círculo y reflexionar sobre la finitud y los vínculos.

La charla en el aire de Radio Boing 97.3 arrancó con la ineludible tensión del folklore futbolero. “Difícil momento para hablar un hincha de Rosario Central con un hincha de Estudiantes”, bromeó Nacho al recibir a Darío Sztajnszrajber. El filósofo, lejos de esquivar el tema, reconoció la “vista inesperada” que generó el cruce de equipos y reveló una coincidencia insólita de su agenda: el día que presenta su obra en Rosario, su club juega la final de la Copa Libertadores en Montevideo.

“Es una cosa increíble y un castigo divino. Tengo mucha gente de la familia diciendo ‘reprogramá’, pero es imposible, ya hay medio teatro vendido”, confesó Darío Z, quien saldrá al escenario en pleno post-partido. “Debería salir triste, porque Mamá, soy un idiota es básicamente el velorio de mi vieja. Prefiero salir campeón de la Libertadores y después apelar a mi capacidad actoral”, remató entre risas.

El velorio como punto de partida

El nuevo espectáculo, dirigido por Martín Rechimuzzi, propone una ficción filosófica potente y descarnada. La premisa sitúa a Darío Z en el escenario junto a un ataúd, velando a su propia madre. Apenas cinco minutos antes de partir al cementerio, un audio de su hermano Mauro interrumpe la escena para avisar que, por un problema administrativo, hay una demora de una hora y media. Con tono socarrón, el mensaje sentencia: “Hacete cargo de la gente, Dari, hablale, entretenela”.

Es en ese instante donde el filósofo levanta la vista hacia el público y desata un monólogo que cruza relatos íntimos con reflexiones sobre el amor, la muerte y lo que significa ser hijo.

“El modo en que estructuramos nuestra vida está directamente alineado con el modo en que pensamos la muerte”, explicó Sztajnszrajber, subrayando que este es “el tema capital de la filosofía”. Ante la resistencia natural a pensar en el final, el ensayista recurrió a Heidegger para advertir sobre la “existencia inauténtica” de quienes deciden negar lo irremediable. “Apropiarte de la idea de tu finitud hace que tomes decisiones. Pensar en la muerte transforma nuestra existencia”, aseguró.

El mandato familiar y un doloroso arrepentimiento

La muerte de la madre del autor no solo es el eje de la obra, sino también el disparador de una profunda revisión personal. Darío recordó en Boing que su relación con ella osciló siempre en la transgresión y fue altamente conflictiva desde su adolescencia.

El quiebre vocacional, plasmado en el arranque del show, ocurrió a mediados de los años ochenta cuando anunció en su casa que estudiaría filosofía. La reacción de su madre fue romper en llanto por dos motivos que hoy el ensayista evoca con crudeza: “¿De qué vas a vivir?” y la sentencia de que “los que estudian filosofía son todos drogadictos y terroristas”.

La reconciliación llegó décadas más tarde. “Se reconcilió conmigo recién cuando empecé a hacer filosofía en los medios. Tras más de 20 años de trabajo profesional como docente, vino a escuchar una clase mía a la facultad”, detalló Sztajnszrajber. Su partida lo dejó en un lugar distinto, marcado por estar “muy arrepentido de tanta pelea al pedo” y, a la vez, con la clarividencia de que ciertas cosas solo se destrabaron tras su fallecimiento.

Escuchá la nota completa:

El mito de Nietzsche y el paso del tiempo

El título de la obra, Mamá, soy un idiota, encierra un doble sentido fascinante. Por un lado, se apoya en un mito urbano sobre los últimos días de Friedrich Nietzsche. Según la leyenda, antes de pasar 11 años en un neuropsiquiátrico, el pensador alemán se abrazó llorando a un caballo que era azotado en una plaza de Turín y susurró: “Mamá, soy un idiota”. Por el otro, Sztajnszrajber recordó que etimológicamente la palabra “idiota” no tenía un sentido patológico, sino que refería a “replegarse en uno mismo”, rompiendo con el sentido común. “Ese Mamá, soy un idiota sintetiza el arrepentimiento por las peleas, pero también la ratificación de la vocación y elección de vida”, sentenció.

A sus 58 años, tras perder a sus dos padres en un lapso de cuatro meses, el filósofo confesó que su percepción temporal cambió drásticamente. “Al mirar para adelante me siento en tiempo de descuento. La relación con el tiempo se volvió cualitativa. Necesito vivir y que ese vivir tenga textura y volumen, sin hacer cosas automáticas o banales. Si la vida es una obra de arte, la muerte es el punto final, la consumación”.

Redes sociales, algoritmos y la felicidad

Sobre el cierre de la entrevista, Darío Z analizó la polarización actual, impulsada por las plataformas digitales. “El algoritmo impone binarismos y exige un pronunciamiento constante a favor o en contra. Destruir al otro es lo que garpa para lograr la viralización”, reflexionó, apostando a que las redes muten hacia dinámicas menos violentas. Reivindicó, además, el derecho a la contradicción vital, citando a Heráclito: “Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”.

Finalmente, al abordar la eterna búsqueda de la felicidad —tema que explora junto a Alejandro Dolina—, el ensayista dejó una reflexión sobre las presiones de la época. Cuestionó la idea de que la vida deba estar dominada por la productividad constante, una lógica que desecha a la vejez. En contraposición, propuso buscar la realización personal aristotélica conectando con el presente: “¿Me estoy realizando en esta pareja, en esta forma de ser padre, o escroleando en el celular?”.

FICHA DE LA OBRA / AGENDA

  • Espectáculo: “Mamá, soy un idiota”, de Darío Sztajnszrajber (Dirección: Martín Rechimuzzi).

  • Fecha: 28 de noviembre.

  • Lugar: Teatro El Círculo (Rosario).

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