La historia de Agustín Gil con el judo comenzó mucho antes de que aparecieran las grandes competencias, los viajes internacionales y los podios. Cuando tenía apenas cinco años, un médico les recomendó a sus padres que practicara algún deporte, y aquel consejo terminó marcando el comienzo de un camino que, más de dos décadas después, lo llevó a representar a la Argentina en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026.

Al principio, el judo era simplemente un juego. “Disfrutaba los entrenamientos porque eran como un juego, me gustaba ir. Con el tiempo, me fue gustando la disciplina y las competencias de clubes. Luego, me atrapó la competición de alto rendimiento. Nunca dejé de hacer judo desde que comencé”.
Con el paso de los años, aquella actividad que había comenzado en la infancia se transformó en una carrera deportiva. Gil, de Córdoba y actualmente de 25 años, se consolidó en la categoría de hasta 81 kilos y comenzó a sumar experiencia en los principales torneos del continente. En 2025 consiguió la medalla de bronce en el Campeonato Panamericano de Santiago de Chile, mientras que en 2026 se consagró campeón de los Panamerican Open de Buenos Aires y Santiago.
Además, el cordobés tiene un objetivo que aparece como una de las grandes metas de su carrera: llegar a los Juegos Olímpicos. La clasificación a Los Ángeles 2028 es el horizonte que guía buena parte de su preparación y, después de los resultados obtenidos durante los últimos años, Gil continúa sumando experiencia y puntos en el circuito internacional.
Un camino perfecto hasta la final
En el Invencible Rosario, Gil comenzó su participación en los Juegos Suramericanos con una actuación contundente. En los cuartos de final derrotó por ippon al venezolano Luis Pariche, en un combate que se resolvió a los 4 minutos y 51 segundos.

En las semifinales volvió a mostrar su fortaleza. Esta vez se impuso ante el chileno Jorge Pérez por waza-ari, resultado que le permitió meterse en la definición por la medalla de oro. Así, después de dos triunfos, el argentino quedó a un combate de lo que hubiera sido el título suramericano.
Del otro lado esperaba el brasileño Gabriel Falcao, un rival al que Gil ya conocía del circuito internacional. La final fue pareja y se definió por un margen mínimo: Falcao consiguió un waza-ari que terminó siendo decisivo y se quedó con la medalla de oro, mientras que el argentino obtuvo la plateada.
El resultado confirmó una jornada de enorme importancia para Gil. El argentino completó el torneo con dos victorias y solamente una derrota, y se subió al segundo escalón del podio en una categoría que reunió a representantes de distintos países de la región.

“Pronto se va a dar el oro”
Después de la final, Gil habló con Boing y puso en palabras lo que significó alcanzar la medalla después de tantos años de trabajo. La emoción estuvo atravesada por una mirada hacia aquel comienzo inesperado en el judo y por todo lo que tuvo que dejar de lado para llegar hasta este momento.
“La verdad que es una locura, pensar que comencé el judo por sobrepeso, y estuve peleando por el oro en unos Juegos Suramericanos“.
El cordobés también destacó el trabajo realizado durante la preparación previa y dejó en claro que la plata no modifica el objetivo que persigue junto al equipo argentino: “Que estemos acá también es una causalidad, le pusimos mucha garra a la preparación previa para llegar hasta acá, pronto se va a dar el oro”.
Detrás de esa medalla hay años de entrenamientos, competencias y viajes. También momentos familiares que quedaron en segundo plano para poder continuar con una carrera de alto rendimiento: “El sacrificio que hicimos para llegar hasta esta medalla es incontable, muchos viajes, dejar familia de lado, cumpleaños que no se van a repetir, pero es por un bien mayor y todo tiene su recompensa”.
La plata conseguida en el Invencible Rosario se suma así a una trayectoria que continúa creciendo. Para Gil, aquel deporte que llegó a su vida a los cinco años por una recomendación médica terminó convirtiéndose en una forma de vida y, ahora, en una nueva estación de un objetivo mayor: seguir avanzando hasta intentar cumplir el sueño olímpico.

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