
El club de “Los Ángeles” (como Zof, Di María y Labruna) sabe que el mes de diciembre está asociado a la fiesta y el carnaval, pero sabe también, que la segunda semana de octubre se vive con nostalgia…

Hace exactamente dos años, Central despidió a su mejor jugador, hablamos del gran Omar Arnaldo Palma, quien no solo fue una figura clave en la obtención de tres estrellas; “el negro” es más que eso. Palma se convirtió en una leyenda Canalla que se transmitió de generación en generación, artífice protagónico de la grandeza del club de Arroyito, quien hasta el último de sus días paseó por Baigorria, sembrando futuro y recibiendo el amor de su gente, que aún reproduce sus goles en las charlas de cantinas, en el flamear de los estandartes de la platea del río y en las gambetas que cada tanto, resucitan la magia que el futbol moderno nos ha ido robando.

Un año después, como por elección del destino, los corazones auriazules duelaron la partida de uno de sus ángeles.
Se fue Miguelo, él nunca dijo que no, quién encontró en Rosario a la familia que lo adoptó y a la que supo darle calma. Miguel Ángel Russo, un intelectual del barrio, que con pocas palabras, logró sintetizar millones de sentires y hacerlos consignas que se convirtieron en banderas. Que tomó las riendas en los rumbos más turbulentos y con su sonrisa inmortal, entendiendo los momentos y decisiones como nadie, desde las profundidades del infierno le recordó al hincha quien era y logró consagrarlo en diciembre de 2023 cuando Santiago del Estero le regaló a la ciudad una de esas noches inolvidables. “Esto es Central”, “El después es para siempre” y “La gloria no tiene precio”, son simples destellos de su genialidad, arrojados al aire para que aterricen en el alma de la multitud.
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