La discusión sobre el costo de la indumentaria en Argentina sumó un nuevo capítulo de alto impacto mediático. En una entrevista televisiva, la senadora Patricia Bullrich defendió la apertura comercial al revelar que el traje azul Francia que vestía fue adquirido en el extranjero por una cifra que oscila entre los 40 y 50 dólares.
La declaración surgió de manera informal durante una charla en LN+, donde se debatía sobre el consumo de figuras públicas. Ante la curiosidad por su vestimenta, Bullrich no dudó en quitarse el saco para chequear la etiqueta frente a las cámaras. “Le Suit. Cuarenta o cincuenta dólares el traje”, detalló la legisladora, quien calificó la prenda como “barata y linda” tras haberla pedido por Amazon durante un viaje a Estados Unidos.
El dato aportado por la senadora expone una diferencia abismal con los precios vigentes en los comercios nacionales en este febrero de 2026. Al tipo de cambio actual, el conjunto de Bullrich representa un gasto aproximado de $75.000. En contraste, un traje femenino de dos piezas en cualquier shopping de Argentina parte desde los $300.000 en las marcas consideradas accesibles, cuadruplicando el valor de la opción importada.
Si bien relevamientos en la plataforma Amazon ubican modelos similares de la marca Le Suit cerca de los 100 dólares, la variación de precios según talle y color permite encontrar ofertas como la mencionada por la senadora. La marca, aunque no pertenece al segmento de lujo, posee una presencia consolidada en el mercado estadounidense de indumentaria formal clásica.
La actitud de Bullrich llega días después de que el ministro de Economía, Luis Caputo, disparara munición gruesa contra la industria textil argentina. El titular del Palacio de Hacienda había confesado que prefiere usar prendas antiguas o compradas afuera, tildando de “robo” los precios locales derivados de décadas de protección arancelaria.
En la misma sintonía, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, publicó recientemente un mensaje “no apto para irritables”, donde cuestionó los privilegios del sector textil y defendió la libertad de los ciudadanos para elegir dónde y cómo gastar su dinero. Con esta intervención, Bullrich refuerza la narrativa oficialista que busca presionar a los fabricantes nacionales para que bajen sus márgenes de ganancia frente a la competencia internacional.

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