
El caso de Ramón Dupuy volvió a poner en agenda la violencia contra las infancias en Argentina. El hombre viajó a Comodoro Rivadavia para acompañar a la familia de Ángel López, en un hecho que, según él mismo definió, es “un calco” del crimen de su nieto.
El encuentro se produjo durante el fin de semana, cuando Dupuy llegó junto a la abogada Elba Soria y se reunió con Luis —padre biológico— y Lorena —madre del corazón— del niño. En ese instante, expresó su acompañamiento y aseguró que la fundación creada en memoria de su nieto brindará asistencia integral a la familia. “Sabemos lo que están sufriendo”, afirmó, al tiempo que remarcó que estarán presentes “mientras nos necesiten”.
El abuelo de Lucio Dupuy no solo llevó su apoyo emocional, sino también un fuerte mensaje político y social. Durante sus declaraciones, cuestionó duramente a los organismos de protección de la niñez y al sistema judicial, al señalar que existe una “gran desidia” que permite que estos casos se repitan. Según sostuvo, la falta de intervención oportuna de defensores, asistentes sociales y jueces continúa siendo un factor determinante en tragedias de este tipo.
El crimen de su nieto, ocurrido en 2021, marcó un antes y un después en la discusión pública sobre la protección infantil en el país. A raíz de ese hecho, se impulsó y aprobó la llamada “Ley Lucio”, una normativa destinada a fortalecer los mecanismos de detección temprana y prevención de situaciones de violencia contra niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, Dupuy advirtió que su implementación aún es desigual en el territorio nacional y que eso limita su efectividad.
En ese sentido, insistió en que si la ley estuviera plenamente reglamentada y aplicada en todo el país, el caso de Ángel podría haberse evitado. También remarcó que solo algunas jurisdicciones avanzaron en su implementación con medidas concretas, mientras que en otras aún persisten vacíos que dejan a los menores en situación de vulnerabilidad.
El impacto del viaje no fue solo simbólico. La presencia de Dupuy en Chubut reavivó el debate sobre la responsabilidad del Estado y la necesidad de fortalecer los sistemas de protección. Además, puso nuevamente el foco en la repetición de patrones de violencia infantil que, pese a la visibilidad alcanzada en los últimos años, continúan produciendo consecuencias fatales.
Con su testimonio, el abuelo volvió a advertir que la sociedad no logró aprender lo suficiente de tragedias anteriores. “No se aprendió”, lamentó, al tiempo que reafirmó su compromiso de seguir visibilizando estos casos y acompañando a otras familias que atraviesan situaciones similares.
El caso de Ángel, sumado al antecedente de Lucio, vuelve a exponer las fallas estructurales en la protección de las infancias en Argentina y abre un nuevo capítulo en el reclamo por políticas públicas más eficaces y coordinadas para evitar que estos hechos se repitan.
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