
En las últimas horas se viralizó en redes una historia que tiene como protagonista a un chico 14 años que vive en la provincia de Santa Fe y que pidió para Navidad un deseo muy especial: tener “una mamá y un papá”. Su nombre es Nata y vive hace un año en un hogar para menores, con sus padres estando presos. El pedido de adopción para él está siendo motorizado por el Registro de Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos de la Provincia de Santa Fe (RUAGA).
Desde hace tiempo, el adolescente transita su vida en el sistema de cuidado alternativo, esperando que llegue esa oportunidad que todavía no apareció. Mientras tanto, va a la escuela, tiene intereses propios de su edad y construye vínculos con quienes lo rodean, pero siente que hay un lugar fundamental que sigue vacío: el de un hogar definitivo.
“Mi deseo es tener una familia”, expresó Nata al compartir su historia en el marco de una convocatoria solidaria que busca visibilizar a chicos y chicas que esperan ser adoptados. En su mensaje, no pide lujos ni promesas grandilocuentes, sino la posibilidad de crecer acompañado, de tener referentes adultos que estén presentes en los momentos importantes de su vida.
Desde los organismos de protección de la infancia recuerdan que la adopción de adolescentes es posible y necesaria, y que brindarles una familia significa ofrecerles contención, afecto y un proyecto de vida compartido. “Los chicos más grandes también necesitan y merecen una oportunidad”, remarcan quienes trabajan diariamente en estos procesos.
En vísperas de una nueva Navidad, la historia de Nata interpela y emociona. Su deseo, sencillo y enorme a la vez, es un llamado a mirar más allá de las fiestas y pensar en el compromiso que puede cambiarle la vida a un chico: el de abrir el corazón y construir una familia donde hoy solo hay espera.
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