
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, dio el martes por la tarde un encendido discurso en el Foro Económico Mundial de Davos en el que cuestionó el poderío económico de las grandes potencias mundiales como Estados Unidos, China y Rusia, y advirtió que gracias a ello “depredan” a las potencias más chicas.
Carney eligió centrar su intervención en lo que denominó “la ruptura del orden mundial”, un concepto que definió como el contexto actual de rivalidades entre Estados poderosos que deja atrás la cooperación internacional tradicional basada en beneficios compartidos. “Debemos actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú”, señaló el mandatario canadiense, subrayando la necesidad de que países de tamaño intermedio colaboren para enfrentar la presión ejercida por Estados con mayor densidad económica y militar.
En medio de una fuerte tensión mundial —con la amenaza de Trump sobre Groenlandia, las revueltas en Irán, la guerra en Ucrania y crisis en varias regiones de África— Carney aseguró que “las grandes potencias no tienen freno”, una declaración que refleja el tono de su discurso ante líderes políticos y empresariales reunidos en Suiza.
El premier canadiense explicó que, como consecuencia de múltiples crisis financieras, sanitarias, energéticas y geopolíticas, las grandes potencias han roto el orden institucional establecido, priorizando sus propios beneficios por sobre la cooperación. Carney reconoció que, a lo largo de la historia, Canadá se benefició de la denominada “hegemonía estadounidense”, pero señaló que el país ahora deberá reevaluar esa relación debido al giro que ha experimentado el mundo. En ese punto, enfatizó la importancia de trabajar junto a otras naciones que compartan valores y principios comunes.
El discurso del primer ministro canadiense se dio también en el marco de tensiones con Estados Unidos por declaraciones y acciones de su presidente, incluyendo la sugerencia de anexar territorios como Groenlandia. Al respecto, Carney afirmó que Canadá “apoya firmemente” a Groenlandia y Dinamarca, asegurando que tienen “derecho exclusivo” a decidir su futuro.
“Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos. Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente. Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros”, manifestó Carney, llamando a la acción conjunta de países medianos frente a los desafíos del nuevo contexto global.
“Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina” finalizó el primer ministro, cerrando un discurso reflexivo y emotivo que invita a cuestionar las acciones de las grandes potencias.
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