
Cada 8 de enero se recuerda un nuevo aniversario del fallecimiento del Gauchito Antonio Gil, una figura emblemática, popular y legendaria profundamente arraigada en la identidad cultural argentina. Aunque no reconocido oficialmente por la Iglesia Católica, su culto convoca a cientos de miles de personas y trasciende fronteras, con expresiones de fe registradas incluso en países como Ecuador y Brasil.
Así lo explicó el antropólogo José Humberto Miceli, integrante del Gabinete de Investigaciones Antropológicas de Corrientes, quien señaló a Radio Boing que el Gauchito Gil ya no es solo un personaje de devoción nacional, sino continental. Según detalló, el inicio del culto popular se remonta aproximadamente a hace cien años, entre 1922 y 1925, y se construyó a través de la transmisión oral que transformó a Antonio Mamerto Gil Núñez en una figura de leyenda épica.
Miceli contextualizó su vida en la Corrientes posterior a la Guerra de la Triple Alianza, marcada por disputas políticas entre autonomistas y liberales. En ese escenario, el Gauchito Gil aparece como un personaje atravesado por una grieta histórica: para algunos, un delincuente; para otros, un justiciero que desafió a los poderes terratenientes de la época.
La leyenda que dio origen a su culto incluye sueños premonitorios, deserción de las tropas, persecución, muerte injusta y una serie de milagros atribuidos a su intervención, como sanaciones, hallazgos y prosperidad. Estos relatos conformaron los primeros hitos de una religiosidad popular que se expresa en velas, cintas rojas, promesas, peregrinaciones y tatuajes que hoy forman parte de una simbología profundamente identitaria.

“Los cultores no necesitan que el Papa lo santifique”, explicó Miceli, y destacó que la fuerza del Gauchito Gil reside en el pacto simbólico y mágico-religioso que los fieles establecen con él, una devoción que se renueva cada año y que sigue ocupando un lugar central en la cultura popular argentina.

El culto a esta figura popular se ha extendido más allá de Corrientes hacia múltiples regiones del país, y también ha encontrado eco en países vecinos, consolidándose como un fenómeno cultural de alcance continental. Según antropólogos, la figura del Gauchito Gil representa una mezcla de símbolo de identidad, justicia social y esperanza popular, con prácticas rituales que articulan la fe, la tradición y la cultura cotidiana.
En cada 8 de enero, la celebración combina lo sagrado con lo festivo: miles de personas participan de misas, procesiones, ofrendas y peregrinaciones, convirtiendo esta fecha en una de las expresiones más vivas del patrimonio cultural intangible argentino
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