
La madrugada de este lunes marcó el cierre de una pesadilla que duró más de un año. Minutos después de las 4:30, el gendarme Nahuel Gallo aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, recuperando la libertad luego de permanecer 448 días cautivo en la prisión de El Rodeo 1, en Venezuela. El efectivo, que vestía su uniforme de Gendarmería al descender de la aeronave, protagonizó un reencuentro desgarrador con su esposa, María Alexandra Gómez, y su hijo Víctor, a quien no veía desde que era apenas un bebé.
En la pista de aterrizaje lo recibió una comitiva oficial encabezada por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva; la senadora Patricia Bullrich; el canciller Pablo Quirno; y el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil. La liberación de Gallo se concretó tras intensas gestiones diplomáticas y una persistente campaña humanitaria de su familia, que denunció desde el primer día una detención arbitraria por parte del régimen de Nicolás Maduro.
El momento más emotivo de la madrugada ocurrió cuando Gallo pudo alzar a su hijo Víctor, quien cumplió tres años hace apenas unas semanas. Según los registros del reencuentro, el gendarme se fundió en un abrazo eterno con el pequeño y con su esposa, quien fue el motor de la lucha por su repatriación.
El calvario comenzó el 8 de diciembre de 2024, cuando Gallo intentaba cruzar la frontera hacia Colombia para reunirse con su familia. Pasó la mayor parte de su cautiverio en El Rodeo 1, un penal denunciado por organismos internacionales debido a las condiciones de detención y el trato a los presos políticos y extranjeros. María Alexandra recibió la llamada clave desde Venezuela mientras participaba en una entrevista radial, confirmando que su marido ya estaba en vuelo hacia Buenos Aires.
La detención de Gallo se produjo en un marco de máxima tensión entre Buenos Aires y Caracas. Su caso se convirtió en un símbolo de la vulnerabilidad que enfrentan los ciudadanos extranjeros en el sistema penitenciario venezolano, donde la libertad muchas veces depende de negociaciones políticas y de la presión internacional ante el deterioro físico de los internos.
“Víctor podrá abrazar a su papá en pocas horas”, había escrito Gómez en sus redes sociales poco antes del aterrizaje. Finalmente, esa promesa se cumplió en la madrugada de hoy, cerrando un capítulo de incertidumbre y dolor que mantuvo en vilo a toda la fuerza de Gendarmería y a la provincia de Catamarca.
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