
La tensión comenzó a sentirse mucho antes del pitazo inicial. Pasadas las 18.30, una parte de Rosario ya respiraba fútbol. La tarde otoñal envolvía al Gigante de Arroyito en una atmósfera especial, de esas que anticipan jornadas que quedan marcadas para siempre en la memoria de un club.
Era una noche cargada de historia, de supersticiones, de estadísticas pesadas y de cuentas pendientes. La llamada “liga de los campeones del mundo”, cuestionada por muchos pero vibrante como pocas, tenía preparada una batalla de esas que explican por qué el fútbol sigue movilizando multitudes.
Del otro lado estaba Racing Club, un rival al que Central no logra vencer en cruces mano a mano desde 1917. Un dato repetido hasta el cansancio en la previa y que parecía convertirse en un fantasma incómodo cuando la Academia marcó diferencias en el primer tiempo y se fue al descanso dejando mejores sensaciones.
Pero Arroyito tiene noches que no responden a la lógica.
Porque en el arranque del complemento algo cambió. El empuje de los guerreros auriazules empezó a bajar desde las tribunas y el equipo respondió dentro de la cancha. El local hizo sentir su territorio, empezó a jugar cada pelota como si fuera la última y poco a poco fue empujando a Racing contra su arco.
Central acorraló a su rival, levantó a su gente y terminó forzando el empate en los 90 minutos reglamentarios. El partido quedó igualado, sí, pero la sensación era otra: el Canalla parecía estar más cerca del golpe definitivo.
El alargue terminó de inclinar emocionalmente la balanza. Racing ya arrastraba el desgaste físico y mental de jugar con un hombre menos. Y en una jugada táctica para cortar el avance auriazul, llegó otra expulsión que dejó a la visita con nueve futbolistas.
Arroyito olió sangre deportiva.
Y entonces apareció él.
Enzo Copetti, el delantero que hace apenas unos meses era resistido por buena parte de la parcialidad canalla, terminó convirtiéndose en el héroe absoluto de la noche. La inexorable ley del ex escribió otro capítulo cruel para Racing y glorioso para Central.

Copetti ya había dejado huellas importantes este año: un gol clave en el clásico ante Newell’s Old Boys, otro decisivo en Paraguay por la Libertadores y ahora el tanto que depositó a Central en las semifinales del Torneo Apertura.
El grito fue un desahogo colectivo. Una explosión emocional que sacudió al Gigante de Arroyito y volvió a confirmar que hay noches que solamente pueden suceder allí.
Otra epopeya auriazul. Otra página inolvidable en la historia de Rosario Central.
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Las imágenes de una clasificación histórica
La locura en las tribunas, el festejo de los jugadores, el éxtasis de Copetti y una noche inolvidable en Arroyito quedaron reflejadas en una galería de fotos que retrata toda la emoción de una clasificación épica.
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