
Desde el Vaticano y al finalizar el rezo del Ángelus, el papa León XIV pronunció este domingo un mensaje de fuerte impacto global, en el que cuestionó de manera directa la lógica de la confrontación armada y la acumulación de poder como supuestas salidas a las crisis actuales que atraviesa el mundo.
En un contexto internacional marcado por guerras, tensiones geopolíticas y emergencias humanitarias, el Santo Padre fue categórico: “Las estrategias de poder económico y militar —como nos enseña la historia— no dan un futuro a la humanidad. El futuro está en el respeto y la fraternidad entre los pueblos”. Con esas palabras, el mensaje trascendió el plano religioso para instalarse de lleno en el debate político, social y ético a escala global.
León XIV advirtió que el uso de la fuerza no solo fracasa en resolver los conflictos de fondo, sino que además compromete la supervivencia de las próximas generaciones y profundiza las desigualdades sociales, culturales y económicas. “La violencia no construye paz, la destruye”, dejó implícito en una alocución que interpeló directamente a los líderes mundiales.
Un llamado desde el dolor de los pueblos
Uno de los pasajes más conmovedores del discurso estuvo dedicado a la situación en Nigeria. El Papa expresó su cercanía con las comunidades afectadas por recientes ataques terroristas en los estados de Benue y Kaduna, donde se registraron asesinatos y secuestros masivos.
“Espero que las autoridades competentes continúen trabajando con determinación para garantizar la seguridad y la protección de la vida de cada ciudadano”, sostuvo, subrayando la responsabilidad de los Estados en la defensa de la población civil, especialmente de los sectores más vulnerables.
En ese mismo marco, León XIV recordó que este domingo se celebra el Día Mundial contra la Trata de Personas y denunció que millones de mujeres y niños siguen siendo víctimas de la esclavitud moderna. Enlazó esa problemática con su mensaje central: no puede haber paz verdadera sin dignidad humana.
Fraternidad, dignidad y esperanza
La mirada solidaria del Pontífice también alcanzó a Europa y el norte de África. Manifestó su acompañamiento espiritual a las comunidades de España, Portugal, Marruecos e Italia afectadas por fuertes temporales, con especial mención a Grazalema, en Andalucía, y a la ciudad siciliana de Niscemi, donde más de 1.500 personas debieron ser evacuadas.
Como cierre, León XIV apeló a una figura de esperanza al recordar la beatificación del sacerdote español Salvatore Valera Parra, a quien presentó como un modelo de austeridad, coherencia y entrega. “Que su ejemplo de sacerdote centrado en lo esencial sea un estímulo para los sacerdotes de hoy”, expresó.
Antes de despedirse de los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa sintetizó el espíritu de su mensaje: sin fraternidad, sin respeto y sin dignidad, no hay futuro posible para la humanidad. Un llamado que, en tiempos de polarización global, busca reinstalar la paz como un valor político, social y cultural, y no únicamente espiritual.
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