
El capítulo fiscal del proyecto que el Gobierno busca aprobar en el Senado podría hacer caer hasta un 25% los precios de los vehículos de alta gama y reconfigurar el mercado, hoy prácticamente paralizado.
Aunque el espíritu original de la iniciativa apunta a modificar el régimen laboral, la reforma que el Gobierno de Javier Milei intentará sancionar este viernes en la última sesión extraordinaria del Senado genera una fuerte expectativa en la industria automotriz. El motivo es la eliminación definitiva del impuesto interno que grava a determinados autos 0 km, incluido en el capítulo fiscal del proyecto.
Si bien el tributo había perdido peso en febrero de 2025 —cuando se suspendió la escala 1 y se redujo al 18% la alícuota de la escala 2— aún alcanza a vehículos con precios superiores a los $103 millones, que terminan pagando hasta un 18% adicional. Se trata de un segmento pequeño, cercano al 1% del mercado, pero con un fuerte impacto simbólico y comercial.
La eventual eliminación del impuesto podría generar una baja de precios de entre el 15% y el 25% en autos premium, lo que ya provocó la virtual paralización del mercado desde diciembre. Ante la expectativa de una sanción inminente, muchos compradores frenaron operaciones, mientras que algunas marcas ofrecieron descuentos parciales y otras optaron por no nacionalizar unidades, dejándolas en depósitos fiscales.
El efecto podría extenderse más allá de los autos alcanzados directamente. Las pick-ups de alta gama, que hoy no pagan el impuesto por estar encuadradas como vehículos comerciales livianos, podrían verse obligadas a ajustar precios para competir con SUV de lujo que quedarían liberados del tributo. Algo similar ocurriría con los D-SUV y C-SUV más caros, ubicados en una franja de entre $80 y $100 millones.
Desde el sector advierten que, si la reforma no se aprueba antes de fin de mes, la eliminación del impuesto no podrá aplicarse desde marzo y debería esperar al menos un mes más, profundizando un freno comercial que ya lleva varios meses.
El impuesto interno, conocido popularmente como “impuesto al lujo”, se convirtió desde 2013 en uno de los factores más distorsivos del mercado automotor argentino. Su eliminación definitiva marcaría un cambio de etapa para los precios y la oferta de vehículos 0 km, en un contexto de fuerte expectativa y cautela empresarial.
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