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Policiales

En Casiano Casas dos escuelas tuvieron que suspender las clases hasta el lunes por temor a un ataque narco

Son las tres de la tarde del miércoles 17. Hay móviles del Comando cruzados sobre la Avenida Casiano Casas en el cruce con Superí. En la misma cuadra hay dos escuelas: una secundaria que no tuvo clases en toda la semana y una primaria que acaba de suspender por recomendación del Ministerio de Educación. Si las condiciones están dadas, volverían recién el lunes. El telón de fondo, aunque suene increíble, es el temor al eventual ataque de una banda narco. A pocos metros está la Comisaría 30, que brinda colaboración pero no es garantía para continuar con el normal funcionamiento de las instituciones educativas. Y esto pasa ahora en Casiano Casas, pero es una postal similar a las de los últimos días en otros rincones de la zona norte como el barrio La Cerámica.

El mensaje que llegó a la escuela

La decisión de interrumpir las clases en la primaria del barrio, la Comandante Espora, se dio tras el alerta que minutos antes le había llegado a la portera: una persona había tocado el timbre de la escuela y cuando la atendieron había transmitido un mensaje de parte de una de las bandas que dominan el negocio del narcomenudeo en el barrio. Y si no se cumplía el inquietante pedido, podían “llegar las balas”.

El hecho incluía además un detalle macabro, ya que ese hombre que llegó hasta la puerta de la Espora era alguien que había bajado del colectivo unos segundos antes y al descender, habría sido apuntado con un arma más la orden de llevar verbalmente la amenaza a la escuela.

Desde Educación, en forma preventiva, recomendaron levantar las clases hasta el lunes. “Esto que se hizo sirvió para tranquilizar los ánimos. Pero no nos quedemos solamente en la noticia de que no hay clases un par de días. Vayamos al corazón del tema, si queremos cambiar algo. Acá cuando las maestras tienen que ir al barrio a buscar algún chico que dejó de venir a la escuela, los propios pibes que se hicieron soldaditos nos dicen ‘Seño, mejor por acá no pase’. Esta es la zona más caliente de la zona norte. Acá no sabemos si llegamos a casa cuando salimos de trabajar”, le dice a Red Boing una voz desde la puerta de la Espora. Habla y pide reserva de su nombre.

La escuela secundaria Luis Pasteur, sin clases por toda la semana.

Un crimen con rebote

En Casiano Casas hace tiempo que las disputas narco dejaron de ser una novedad para vecinos que tratan -como pueden- de hacer una vida normal en medio de un territorio cada vez más hostil. Es que a veces los enfrentamientos entre bandas antagónicas se resuelven a los tiros entre los que están involucrados de alguna forma con el negocio de la droga, pero inexorablemente el riesgo se expande como una mancha de aceite a toda la comunidad. “Acá hay muchas familias en las que alguien tiene alguna relación con las bandas, o que es amigo de alguno. Y lo que está pasando es que ya no se la agarran solamente con ese, sino que amenazan a cualquiera del grupo familiar”, le dice a Red Boing otra voz que también pide mantener el anonimato.

El hecho que parece haber desencadenado el temor amenazas sería un crimen del viernes pasado, en Cavia y Ghiraldo, frente a una chatarrería. Esa misma dirección fue blanco de varios ataques en los últimos años, es un punto conocido por los investigadores, fiscales, policías y jueces. Sin embargo, los poderes del Estado parecen no poder hacer demasiado en esta parte de Rosario frente al poder narco, que persiste más allá de que varios soldados de un lado y otro caen en medio de esta guerra. El negocio sigue inclusive cuando actores importantes de las bandas caen presos, gerenciando todo desde la cárcel: venta de drogas, sicariatos, usurpaciones de casas o extorsiones a comercios. Y los jugadores de cada equipo tienen cada vez una edad más baja: en las escuelas de zona norte que tienen clases suspendidas, algunos son soldaditos. Lo admiten las docentes por lo bajo, lo exhiben a veces ellos mismos en redes sociales.

Volviendo al ataque de la mañana del viernes 13, quién murió ese día fue Alejandro Emanuel Romero. Su mujer, Evelyn C. resultó herida. Ambos fueron trasladados al HECA en un auto particular, pero él llego sin vida. Y a partir de ese homicidio, se incrementaron los rumores de que podría haber más violencia hacia allegados de la víctima. “La mujer que se salvó, está publicando en su Facebook cosas tremendas. ¿Nadie va a hacer nada”, denuncia a Red Boing otra fuente del barrio.

A metros de las dos escuelas, está la Comisaría 30. Y es el subcomisario Ortega es el que atiende cordialmente a Red Boing. Confirma que las clases están suspendidas por la amenaza de un ataque y afirma que desde su dependencia no se puede hacer demasiado en materia de investigación. “Antes, las comisarías podíamos llevar adelante los casos. Ahora lo hace todo Fiscalía y las actuaciones son del Comando”, dice el funcionario policial. Y suena razonable.

A pocas cuadras hay más instituciones educativas que están funcionando con un móvil policial al horario de ingreso y egreso. Son las de La Cerámica, donde hubo cuatro homicidios en la última semana, tres de ellos de adolescentes. La versión que circula por las calles, pero que no consta oficialmente para Fiscalía porque nadie fue a sede judicial a ratificarla, es que chicos de una bandita de una transera del lugar se habrían robado un paquete con diez kilos de cocaína de una vivienda que iba a funcionar como búnker. La hipótesis es que los crímenes de estos días fueron parte de una cacería de los que fueron robados. En este contexto, se viralizaron audios de WhatsApp que asustaron todavía más a los vecinos, que se guardan en sus casas cuando anochece.

En Rucci, a pocos metros, la escuela que se quedó sin clases fue la 309. Allí funciona una secundaria durante el día y un EEMPA en el turno noche. Y el lunes al atardecer, cuando se montó una decena de piquetes en toda la zona para frenar la posible llegada de “tira tiros”, desde las aulas de esta escuela se sintieron disparos. Eran balazos de goma de la policía, que se enfrentaba con los vecinos que le pedían más energía a los efectivos del Comando para perseguir a un auto rojo que había pasado exhibiendo un arma. Además, según un testimonio que alguien en reserva la da a Red Boing en La Cerámica, la bronca de las familias con los uniformados habría tenido una explicación todavía más severa: “Cuando se empezó a juntar la gente, algunos quisieron ir a prender fuego la casa de la transera de acá, la que mandó a los chicos a robar la droga. Y los policías evitaron que eso pase, como si la hubieran cuidado”.

A esta altura queda claro que ante el avance de la violencia de las bandas y el negocio narco en algunos barrios de Rosario, los que más desprotegidos se sienten son los vecinos y los actores de instituciones como las escuelas, que históricamente fueron lugares seguros y hoy lentamente están dejando de serlo.

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