
“las migraciones son como un rio y si el rio se estanca el agua se estanca se pudre” Manu Chao
La crisis migratoria en las fronteras europeas no es un fenómeno repentino, es síntoma de una fractura global.
Detrás de las imágenes de botes precarios cruzando el Estrecho o de personas saltando vallas, operan la extrema desigualdad económica entre el Norte y el Sur.
Europa, en lugar de abordar las causas de origen o habilitar vías seguras, eligió la doctrina de la “Europa Fortaleza”. A través de millonarios acuerdos, la Unión Europea financia a países no europeos —como Marruecos— para que actúen de “gendarmes”, alejando el control fronterizo de suelo europeo: el objetivo es no recibir al migrante, evadir la responsabilidad que tiene Europa sobre los territorios que ocupa al sur de su mapa.
🚨#BREAKING: TENS OF THOUSANDS OF MOROCCAN MIGRANTS ARE BREACHING THE BORDERS OF THE SPANISH CITY OF CEUTA RIGHT NOW.
THIS IS INSANE. pic.twitter.com/PaeG11SLCi
— Matt Van Swol (@mattvanswol) July 30, 2026
El resultado es lo visto: ausencia de salidas legales, guetos estallados en zonas fronterizas hasta su desalojo y posterior militarización saturada. El migrante se desvía hacia rutas marítimas clandestinas donde quienes tomen el coraje de cruzar lo hagan con la parcial certeza de su muerte.
Para comprender lo que está aconteciendo en el Sur del continente Europeo e intentar darle una explicación al desborde fronterizo y los cadáveres flotando en el mar, hay que remontarse unos cinco siglos atrás.
La presencia española en el norte de África responde a la expansión militar y comercial de los reinos ibéricos a finales de la Edad Media.
El objetivo inicial era asegurar el control del Estrecho de Gibraltar (la vía marítima que conecta Europa con África), combatir la piratería berberisca de los corsarios musulmanes y establecer bases seguras para el comercio y la estrategia militar. Estas ciudades, bastiones defensivos y comerciales, con el paso de los siglos, se fueron poblando e integrando administrativa y culturalmente al Estado español.

Melilla y Ceuta, enclaves españoles en África
Melilla es española desde 1497, conquistada poco después de la caída de Granada. Ceuta, por su parte, pasó a manos de Portugal en 1415 y se integró definitivamente a la corona española en 1668.
Aunque la ocupación de esas tierras sea preexistente a la conformación de Marruecos como estado, los marroquíes reclama activamente la soberanía de ambas ciudades autónomas. El argumento marroquí se basa en la geografía y en el sentimiento anticolonial. Al mirar un mapa, Ceuta y Melilla son pequeños enclaves europeos de pocos kilómetros cuadrados incrustados físicamente en la costa del norte de África, rodeados completamente por territorio marroquí y el mar.
En esta historia se asienta la crisis actual. Al ser los únicos enclaves europeos en África, Ceuta y Melilla crearon la única frontera terrestre entre el Primer y el Tercer Mundo, un “embudo” al que llegan miles de personas.
Marruecos, al considerarlas ciudades ocupadas, utiliza la desesperación de estos migrantes como arma de negociación diplomática, abriendo o cerrando el paso fronterizo para presionar políticamente a España. Así, las antiguas fortalezas de piedra levantadas para frenar corsarios se han transformado hoy en muros de acero y concertinas, dejando a las personas atrapadas como daños colaterales de una disputa colonial que lleva cinco siglos sin resolverse.
🇪🇸🇲🇦 | URGENTE: La Guardia Civil española eleva a 40.000 la estimación de inmigrantes marroquíes que han asaltado Ceuta durante este jueves. pic.twitter.com/nQinq3FCAu
— Alerta News 24 (@AlertaNews24) July 30, 2026
Globalización con fronteras, con filtro clasista y racial
La migración se juzga por el pasaporte y la cuenta bancaria: mientras el Norte global celebra a los “expatriados” con Golden Visas y exenciones fiscales, quienes huyen del Sur son criminalizados y etiquetados como “ilegales”.
Esta brutal asimetría, evidente al contrastar la rápida recepción de refugiados ucranianos y devoluciones “urgentes” que sufren quienes escapan de Sudán o el Sahel, tiene su reflejo histórico más crudo en lugares como Calamocarro.
En los años noventa, este paraje de Ceuta se convirtió en un gigantesco gueto autogestionado en el bosque donde miles de migrantes malvivían a la intemperie por el cierre de fronteras, hasta que Europa decidió desmantelarlo, no para liberarlos, sino para institucionalizar su encierro en los actuales centros militarizados (CETI).
El músico francés Manu Chao, que hizo de esta problemática uno de los ejes para sus canciones, describió al migrante en la canción “Clandestino”, con un concepto que describe el sociólogo Néstor García Canclini: Ciudadanos del presente, perdidos en el mundo, perdidos en el siglo, en el presente. El migrante ilegal no es un “error” del sistema, es el resultado directo de este.
Hijos de un mundo donde el dinero, las empresas y los europeos pueden cruzar fronteras libremente (“globalización”), a las personas del sur global se las ilegaliza (“me dicen el clandestino, yo soy el quiebra ley”). Los Migrantes, los “ciudadanos del presente”, absorben en sus propios cuerpos las desigualdades del mundo moderno.
Un sistema que no está roto, sino que fue diseñado para recibir con los brazos abiertos al capital, la inversión, el lujo y la corrección, mientras levanta vallas para que los más vulnerables choquen, se estanquen y se pudran a las puertas del primer mundo.
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