
El aire de Antes de Todo se jerarquizó este martes con la mirada punzante de Miguel Wiñazki. En diálogo con Radio Boing, el intelectual analizó el escenario nacional en este 10 de febrero, un año que definió como “la gran oportunidad” del Gobierno debido al respaldo parlamentario y de opinión pública que ostenta, aunque advirtió sobre los “errores no forzados” que empañan la gestión.
Para Wiñazki, uno de los síntomas más preocupantes es la creación de dependencias oficiales destinadas a confrontar con el periodismo opositor. “Es un síntoma de que las cosas se hacen con muy poco profesionalismo. Intentar desacreditar notas con argumentos que ignoran cómo funciona la comunicación es una polémica secundaria y amateur”, sentenció, haciendo referencia a los recientes cruces del Ejecutivo con medios nacionales.
Consultado sobre las movilizaciones contra la reforma laboral que hoy se replican en Rosario y Buenos Aires, Wiñazki se mostró pragmático. “Daría la impresión de que la reforma saldrá, quizás no como pide el Gobierno literalmente, pero sí habrá un ‘aggiornamiento’. El mundo del trabajo cambió y hace falta una actualización”, opinó, destacando la flexibilidad que el oficialismo muestra en el Congreso pero que le falta en otros planos.
Sin embargo, fue crítico con la respuesta del presidente y del ministro Caputo ante la crisis de las pequeñas empresas. “Decir que ‘unas cierran y otras abren’ es una respuesta liviana y banal ante un tema grave. En países desarrollados como Italia, las pymes son el motor de la economía. El cierre de una pyme textil o de calzado merece una respuesta respetuosa y profesional, no una desacreditación de la pregunta”, afirmó.
Al hacer un balance desde la asunción de Javier Milei hasta este febrero de 2026, Wiñazki rescató hitos positivos y negativos:
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Lo favorable: Destacó el giro en política exterior, alejando a la Argentina del eje Venezuela-Irán para reubicarla en un “campo de racionalidad” internacional.
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El vínculo con Trump: Si bien valora la alianza con EE.UU., advirtió sobre el riesgo de una “subordinación absoluta” ante una figura tan compleja como la de Donald Trump.
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Lo preocupante: Señaló el clima de amateurismo y la existencia de un “entorno fanatizado y enseguecido”. Según el filósofo, aunque la violencia del presidente suele ser retórica, ese fanatismo en sus seguidores “nunca es bueno” para la salud democrática.
“La indignación puede ser legítima, pero se responde con profesionalismo, y muchas veces eso es lo que falta”, concluyó Wiñazki, dejando un mensaje de cautela ante un año que será definitorio para el proyecto oficialista.
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