
A una semana de haber sido testigos de la alteración del orden mundial, la puesta en jaque del derecho internacional y el comienzo de la crisis del multilateralismo y el regionalismo, nos sobran dudas y faltan certezas.
La intervención unilateral de Estados Unidos en el territorio Venezolano con el objetivo de extraer a Nicolás Maduro y juzgarlo en New York por asociación ilícita para cometer actos de narcoterrorismo, no sólo significó el derrocamiento de un líder autoritario, dictatorial e ilegítimo, también importó la relativización de la soberanía de un país y la violación de la autodeterminación de los pueblos.
Las razones del gobierno norteamericano para avanzar sobre el régimen chavista venezolano que retiene el mando del poder caribeño hace casi 30 años, no fueron disimuladas ni mucho menos ocultas.
El presidente norteamericano Donald Trump en la conferencia de prensa durante la mañana del Sábado 3 de Enero del 2026, afirmó que Estados Unidos tomaría el control del país y del petróleo venezolano, conduciendo la transición hacia un gobierno democrático cuando así lo estime conveniente.
Posteriormente, en una entrevista otorgada al New York Times en las últimas horas ratificó “Vamos a usar petróleo, y vamos a tomar petróleo. Estamos bajando los precios del petróleo, y vamos a dar dinero a Venezuela, que lo necesita desesperadamente.”
En idéntico sentido, declaró su Secretario de Estado, Marco Rubio cuando el Miércoles 7 de Enero ante los medios de comunicación aseguró que las acciones de Estados Unidos sobre Venezuela constarán de 3 etapas, sin tiempo ni duración estimada pero asegurando que las primeras dos fases se centrarían sobre la economía y el petróleo para finalmente arribar a una transición del gobierno, circunstancia que actualmente no forma parte del horizonte de posibilidades.
Está claro que el petróleo es la punta del iceberg, ¿podría ser el Dólar Estadounidense, la base del interés?
Es necesario repasar algunos hitos en la historia. En los albores del fin de la Segunda Guerra Mundial, tiene lugar el Acuerdo Bretton Woods, que surge de la reunión de 44 países, durante 22 días en el Hotel Mount Washington de Bretton Woods, New Hampshire, con un único objetivo: sentar las reglas del nuevo orden mundial, fijando la base de las relaciones monetarias, financieras y comerciales entre las naciones del mundo.
De ahí nace el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La premisa principal, fue que el respaldo económico de los países firmantes dejaría de ser el oro y pasaría a ser el Dólar; Estados Unidos sería el proveedor de billetes y se respaldaría a su vez, en oro, comprometiéndose a mantener el tipo de cambio fijo.
El 15 de Agosto de 1971, el presidente norteamericano Richard Nixon dio por finalizado el patrón oro, fue después de la Guerra de Vietnam durante la cual Estados Unidos aumentó drásticamente el gasto social y se le tornó imposible mantener el tipo de cambio fijo, al que se había comprometido.
Todas las monedas se convirtieron en papel moneda no redimible, o “dinero fiduciario.” Desde ese momento, las divisas no tienen por qué estar ancladas a un tipo de cambio fijo y los bancos centrales tampoco deben ligar su política a mantener una paridad concreta.
Eso no fue todo. Mientras el orden financiero global se veía -nuevamente- alterado drásticamente, en 1974 Estados Unidos firmó un acuerdo bilateral (y secreto) con Arabia Saudita, potencia mundial en la producción de petróleo la que, a partir de ese momento se comprometía a vender su producción exclusivamente en Dólares. A cambio, Estados Unidos garantizaba protección militar, provisión de armas y apoyo político. Con Arabia Saudita en el Dólar, el resto de los países de la OPEC (Organización de los Países Exportadores de Petróleo), harían lo propio… y lo hicieron.
Hagamos un ejercicio rápido, los principales países productores de petróleo en el mundo (excluyendo a Estados Unidos) son Rusia, Arabia Saudita, Canadá, Irak e Iraq. Todos con bandera, cultura, costumbres y políticas diferentes tienen algo en común; venden su petróleo en Dólares.
Quien quiera comprar petróleo alrededor del globo, deberá usar el Dólar como moneda de cambio, lo que ubica a la divisa estadounidense en la dominancia internacional. ¿Qué pasaría si se comenzara a comercializar petróleo en otra moneda? Se desafiaría el sistema financiero mundial, amenazando la estabilidad del Dólar.

En la última década, algunos países intentaron modificar este sistema. China creo CIPS (Cross-Border Interbank Payment System) sistema de pagos interbancarios trasfronterizos lanzado en 2015 para facilitar transacciones internacionales en Yuanes. Asimismo, los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) discutieron la posibilidad de intercambiar por fuera del Dólar; Rusia empezó a vender energía en otras monedas y Venezuela, había empezado a explorar la posibilidad de vender su petróleo, por fuera del Dólar en un acuerdo con China.
Venezuela posee la mayor reserva de petróleo del mundo, cercano a 300 billones de barriles, más que Arabia Saudita, más que Rusia, más que Iraq, más que Estados Unidos. Son trillones de Dólares sepultados bajo el suelo venezolano.
Los datos objetivos indican que cuando alguien en una posición de poder, intentó debilitar el sistema de petrodólares, los resultados fueron adversos para los intrépidos. En el año 2000, Iraq anunció que comenzaría a vender petróleo en Euros para desafiar las sanciones y el poder dominante de Estados Unidos, en 2003 Saddam Husein fue derrocado.
En 2009, Libia propuso una moneda africana respaldada en oro, que también amenazaba el Dólar. En 2011, Gaddaffi afuera.
En 2025 mismo escenario en Venezuela, Maduro eyectado del poder, enjuiciado en Venezuela y el régimen, lejos de desaparecer, renovado por sus laderos quienes accedieron -voluntariamente o no- a entregar a Estados Unidos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a precio de mercado con cuyo pago, Estados Unidos le venderá a Venezuela productos americanos.
Si Maduro acordaba con Xi JinPing, vender petróleo en Yuanes no hubiera sido sólo un acuerdo comercial, hubiera implicado una amenaza directa al poder financiero global de Estados Unidos.
Las coincidencias no justifican ni crean causalidades, pero en geopolítica, los patrones reiterados tienen significancia. Venezuela podría haber influido en el balance de poder entre Estados Unidos y su principal contrincante, China.
Quien controla el petróleo, determina cuál es la moneda de cambio, quien controla la moneda de cambio, delinea la economía mundial. El poder actual no se define por quién extrae el petróleo, sino quién lo vende, a quién y en qué moneda.
La geografía determina dónde están los recursos, la política decide quién controla el flujo de los mismos y el dueño de la pelota pone las reglas para todos los jugadores de la cancha.
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